miércoles, febrero 10, 2010

Bosquejo histórico de la ciudad

No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es como ser incesantemente niños
Marco Tulio Cicerón (106-43 a.C.)
Escritor, político y orador romano.

Nos acercamos a la celebración de otro aniversario del caserío, aldea minera o poblado, dónde se inició el pueblo que dio origen a la pequeña urbe de la cual disfrutamos en la actualidad. La fecha del 23 de febrero es referencial y ya está institucionalizada. El Tigre, ciertamente no tuvo fundación. Un azar del destino condujo hasta esta inmensa y desértica sabana una cuadrilla de trabajadores petroleros, liderados por unos norteamericanos, que exploraban la zona en busca de petróleo. El sismógrafo, dio positivo en el área dónde hoy está ubicado Campo Oficina e iniciaron las labores de perforación del pozo a cargo de la trasnacional Gulf Oil Company (OG-1: Oficina Gulf 1) en el citado día y mes de 1933, las cuales fueron completadas el 16 de marzo de 1937, con una producción acumulada de 1.104. 921 barriles de oro negro. La placa que ilustra esta crónica no deja lugar a dudas de esta verdad histórica.

En las adyacencias de esa locación petrolera, se ubicaron en frágiles bahareques, los primeros pobladores del pueblo, en su mayoría provenientes de las riberas del río Caris y pueblos cercanos cómo el Pao de Barcelona, Cantaura y Ciudad Bolívar. Ante el inminente peligro que corrían, la empresa encargada de las labores de perforación, solicitó que esas personas, fueran reubicados, crearon una zona de protección que a la postre resultó Campo Oficina y los bahareques reaparecieron en lo que hoy se conoce como el Casco Viejo. La pila de Agua en la calle Ribas, al frente de la familia Piñero, confirma esta verdad histórica.

En nuestra constante búsqueda de información e investigación que nos permita una aproximación veraz, objetiva y fidedigna de nuestro reciente pasado histórico, nos encontramos con hechos y personajes de la época embrionaria del pueblo, que consideramos pertinente recordar y nombrar cuando se acerca esta fecha aniversaria, para que sean incluidos, los que no estén, en el disco duro de la memoria histórica de la ciudad. Veamos:

El señor Pedro Key, en la calle Héctor Villegas, instaló la primera botica y más tarde, don Ascanio Rodríguez, en las adyacencias de lo que hoy se conoce como la Plaza Cone – antes plaza La Mascota – nombrada así, porque en una esquina estaba ubicada la tienda “La Mascota” del comerciante Polo Poletti, fundó la farmacia Principal. En la calle Héctor Villegas cruce con Colombia – frente a la bodega la Chaparreña de don David Barrancas – funcionó el primer prostíbulo que regentó un maracucho conocido como “pecho pelúo”. Un hijo de Pedro Key, de su mismo nombre, en la calle Orinoco, inició una venta de revistas que luego convirtió en una librería, para más tarde incursionar en el mundo político y fue nombrado jefe civil de la parroquia. Ham Lee, un chino que vino en la cuadrilla con los americanos en el rol de cocinero, fue le primer cantonés que llegó a esta zona y fue también quien introdujo el sabroso, nutritivo y apetecible pan chino, todavía su hijo Leopoldo Lee, en la calle Caracas, con sus viejas herramientas elabora el pan y lo distribuye a precio solidario entre los vecinos del sector Casco Viejo. En la calle Lara, se edificó el Hotel Manzanares, de la señora Petra quien era oriunda de Atapirire y cuyas instalaciones todavía son utilizadas por algunas familias formando una vecindad El señor Juan Palma instaló la primera panadería artesanal muy cerca de la bodega de Alcibíades Cone que tenía un hermano, casi nunca citado de nombre Pedro Cone, que también era bodeguero en ese tiempo. José María Lira Reyes, montó la primera gallera en la calle Ribas, exactamente detrás dónde luego fue fundada la Casa del Pueblo por don Rafael García. Hay vecinos vivos de esa época que pueden corroborar estas verdades históricas.

Don Eleuterio Arcia, que murió en el año 1945, construyó en la parte sur dónde posteriormente se construyó la plaza Bolívar, hoy plaza Simón Rodríguez, 3 locales en uno de los cuales instaló su familia proveniente de Barcelona, otro lo alquiló al gobierno que ubicó la primera jefatura de policía y en el tercero fundó un negocio de víveres “Brisas de Mi Campiña”. Su hijo Eduardo Arcia, recuerda que hubo un tiempo que le fue muy mal y frustrado, decidió volver a la capital del estado, a tal efecto, alquiló un camión en Barcelona para la mudanza el cual tardó mucho tiempo en llegar, en ese ínterin, un amigo le entregó a crédito 2 reses para que las vendiera detallada, lo cual hizo con un inusitado éxito, se volvió a entusiasmar, canceló la mudanza, reformó el local del negocio y construyó unos portales para vender víveres, hortalizas en uno y el otro para expender carne debidamente guindada en ganchos. Esa nueva actividad atrajo a muchos campesinos del Caris, que encontraron un lugar ideal para expender sus productos en ese terreno que estaba solo – luego fue construida la plaza – y el cual se convirtió en el primer mercado a cielo abierto de la ciudad. Este testimonio confirma estas verdades históricas.

Estos hechos ciertamente pasaron antes de nosotros, sin embargo, es bueno investigarlos para dejar constancia de ellos y fortalecer nuestra memoria histórica. Los que no conocen la historia, tienden a repetirla, por ello Baruch Spinoza recomendaba “si no quieres repetir el pasado, estúdialo” nosotros hacemos el esfuerzo con la firme intención de contribuir para que nuestros eximios cronistas e historiadores cuenten con material fidedigno a la hora de escribir la verdadera historia de la ciudad. Es un aporte a nuestro acervo cultural.


viernes, febrero 05, 2010

Personajes de mi pueblo: José Ramón Ramírez

La verdadera humildad consiste en estar satisfecho
Henri Frédéric Amiel (1821-1881)
Crítico suizo.

Levantarse de la cama a las 3.30 AM, hacer café, avena, toddy, café con leche, manzanilla, disponerlos cuidadosamente en 8 termos, colocar los recipientes en la cesta de una bicicleta de repartos y salir a las 5.30 AM de un humilde hogar a ofrecerlo a los transeúntes y trabajadores madrugadores, no parece una tarea fácil para ganarse la vida. Sin embargo, en esta pobre Venezuela, cuyo gobierno alardea de sus riquezas materiales, hay compatriotas que la necesidad, falta de puestos de trabajo, oportunidades y por dignidad, están obligados a esa extenuante tarea diaria. Este es el caso de José Ramón Ramírez, que en la búsqueda de mejores oportunidades, lo impulso a venir a esta ciudad, desde su tierra natal Zaraza, estado Guarico, hace 18 años y los vaivenes económicos lo han ubicado en esas labores informales. El hombre y sus circunstancias. El trabajo dignifica, ayer, ahora y siempre.

En la zona rural de su tierra natal dónde nació un 15 de agosto de 1961, aprendió las labores del campo, en su incesante búsqueda de mejorar su calidad de vida, se enrolo en el ejército y cumplió su servicio militar obligatorio en las ardientes tierras del Zulia. En su paso por la milicia, aprendió a leer, escribir y egresó con el grado de cabo segundo. Con la satisfacción del deber cumplido, retornó a su patria chica y conoció al señor Ángelo Sano que siempre viajaba hasta esas tierras guariqueñas. Era el propietario del supermercado Sol de Oriente quien, además poseía una finquita entre El Tigre y El Tigrito, en el área dónde hoy se levantan los modernos desarrollos habitacionales que unen a ambas ciudades, este próspero comerciante, lo contrató para trabajar en esa pequeña huerta. Allí cumplió tareas del campo 1 año y luego pasó a formar parte del personal del supermercado por espacio de 3 años y, después, con sus ahorros y prestaciones sociales, creó un capital de trabajo para dedicarse a la buhonería en la concurrida zona que va desde El Luchador, plaza Generalísimo y mercado municipal. La Sabana Grande de El Tigre, pues.

Este humilde, pero honesto trabajador, está casado con su paisana Justa Reyes y le ha tocado mantener, orientar y educar 6 descendientes: Ligia, Francisco Javier, Vilma, Zulma, Liliana y Dennis que le han dado, por los momentos, 7 nietos y todo con los modestos ingresos que le provee su actividad de trabajador informal. En las calles como buhonero tuvo 12 años, hasta que hastiado del acoso de las autoridades que cambiaban la reglas de juego permanentemente y para evitar romper su limpia trayectoria de hombre honrado, decente y trabajador que nunca ha tenido problema con los cuerpos policiales y la justicia, se retiro para dedicarse a la actividad, en que se mantiene vendiendo el cafecito mañanero y en cuyo trabajo no tiene sobresaltos de ningún tipo y la cual desarrolla en el sector de la estación de servicio “La confianza”, el Súper Mercal de Campo Oficina y el mercado municipal. Es un proveedor seguro y confiable para su gran cantidad de clientes que ha logrado captar, lo que le permite cumplir su labor a primeras horas de la mañana y dedicar las horas del día para comprar los insumos los cuales están escasos, costosos y difícil de conseguir y, luego regalarse algunas horas diurnas, para el merecido descanso. Se dice fácil, pero es bien difícil. El que quiere, puede a pesar de todas las vicisitudes.

José Ramón Ramírez, que vive en la calle Cantaura de Oficina 1, es uno de esos tantos venezolanos madrugadores que todos los santos días, está en la calle antes que el astro rey, empiece a iluminar nuestras mañanas. Los demás compatriotas que comparten esa actividad tempranera, lo hace unos a pie, otros en motos y algunos colocándose en esquinas estratégicas. Todos estos insignes trabajadores lo hacen con el mayor cariño, diligencia y buen humor. Este hombre humilde, bondadoso, decente y laborioso, que con su proverbial timidez, dice sentirse a gusto con su rutina diaria, tiene la esperanza de que si la situación laboral mejora pueda incorporarse a otra actividad, lo cual haría encantado de la vida para garantizarse alguna seguridad social, pero por ahora, gustosamente se gana la vida llevando en su bicicleta de reparto el cafecito caliente a todos los, también trabajadores, que madrugan para redondearse la arepa. El que madruga Dios lo ayuda.

Estos trabajadores informales, que exhiben una disciplina marcial, forman parte de nuestro permanente paisaje mañanero y los cuales rescatamos como excelente personajes populares para escribir un pequeño bosquejo de sus historias, esperando sean incorporadas por nuestros eximios cronistas y escritores cuando escriban las historias urbanas de la ciudad, a nuestro acervo histórico y dignificarlos ante el colectivo para que sean respetados, reconocidos y considerados a la hora de hacer reconocimientos a los verdaderos y auténticos emprendedores de nuestra querida comunidad. Es un humilde obrero solvente, decente, honesto y satisfecho. Honor a quien honor merece.




sábado, enero 30, 2010

Personajes de mi pueblo: El Flaco del Arichuna

La sociedad seria una cosa hermosa si se interesaran los unos por los otros
Sébastien-Roch Nicolás Chamfort (1740-1794)
Escritor Francés.

El hotel Arichuna de la sucesión Massobrio, es testigo silencioso de buena parte de la historia de la ciudad, en diferentes momento de de ese devenir histórico fue sitio obligado de estadía para líderes políticos, sindicales, intelectuales, empresariales, militares y civiles. En esas prestigiosas y bucólicas instalaciones, se hospedaron personalidades de la talla del eximio escritor Miguel Otero Silva en sus constantes y largas permanencias en el pueblo para in situ recopilar información, que le permitió escribir, con datos bien confirmados, su célebre novela “Oficina Nº 1”, los expresidentes Rafael Caldera (+) Carlos Andrés Pérez, Wolfang Larrazabal Ugueto (+) y los ex-aspirantes al solio presidencial Jovito Villalba (+) José Vicente Rangel, Luís Piñerúa Ordaz (+) entre otros y allí, también funcionó por muchos años, El “Rotary Club El Tigre” que reúne en su seno a un selecto grupo de ciudadanos de la sociedad local, que siempre recibieron en esas instalaciones a líderes nacionales e internacionales de ese prestigioso club de servicio. Un sitio de encuentro por excelencia.

En ese histórico hotel, trabajó como mesonero desde el año 1961, hasta el año 1983 el señor Germán Rafael Suárez, “Flaco del Arichuna” como es conocido popularmente, quien había llegado desde su natal Antolín del Campo en la isla de las perlas de la mano de su paisano y vecino don Miguel Arismendi (Cocoliso) que lo entusiasmó a emigrar hasta El Tigre, una vez que lamentablemente, quedó huérfano. En ese tiempo el viejo Miguel laboraba en la empresa Mene Grande Oil Company y con gran cariño y vocación solidaria, lo acogió en su hogar de la calle Héctor Villegas por espacio un tiempo, hasta que, se mudó para la casa de su tío Alí Suárez, que poseía una bodega en Pueblo Ajuro.”El Flaco”, que había nacido el 27 de octubre de de 1942, promediaba los 14 años cuando llegó a nuestro incipiente pueblo. Una vez aquí, concluyó sus estudios de primaria en el grupo escolar estado Trujillo, los cuales había iniciado en la escuela La Fuente de Antolín del Campo luego, no pudo continuar estudios y se dedicó a ayudar a su tío en la bodega hasta que logro empleo en el hotel Arichuna con un sueldo de Bs. 5 diarios. Un salario aceptable para un joven novicio en esa época.

En esos años contrajo nupcias con la señora Carmen Elisa Cairo con la cual posee 3 hijos: la secretaria profesional Yurbi Josefina, el prestigioso Comisario y abogado de la Policía Metropolitana en el estado Anzoátegui, Jesús Rafael Suárez Cairo y el profesional del volante Germán Rafael y como la generalidad de los orientales echan su canita al aire, también tiene 2 hijos fuera del matrimonio: Virginia y Germán Padrino. Entre todos sus hijos, el popular “Flaco del Arichuna”, por ahora, tiene la dicha de ver crecer 11 nietos. Una prolija familia de un hombre que llegó a la ciudad, cuando estaba tomando impulso como pueblo para convertirse en la pequeña urbe de la cual disfrutamos actualmente. Con su humildad, laboriosidad y proverbial buen humor “El Flaco” es un personaje muy popular en la ciudad. Llegó, se enamoró, casó, trabajó y tiene la prolongación de su vida en la ciudad. Pa’ dónde coge con esa pata hinchá.

En el hotel Arichuna se inició, desarrollo y perfeccionó como excelente mesonero y especialista en la preparación de bebidas bajo la dirección, orientación y vigilancia del señor Bruno Migliorini, quien era el arrendatario del negocio, más tarde obtuvo otros secretos del oficio con el posterior socio de don Bruno, el señor Filomeno Mazzuco, ambos unas instituciones y pioneros en el ramo de la hotelería, bar y restaurante en la ciudad. Desde el año 1961, hasta que estos emprendedores empresarios, fundaron por el año 1980 el bar restaurante “El Garden” en el sector “Vea”, “El Flaco” trabajo para ellos, luego continúo hasta el 1983 bajo la égida y dirección del Dr. Italo Massobrio, el propietario que regentó el hotel Arichuna durante un tiempo, hasta que lo volvió a arrendar, esta vez al señor Oreste Bandini, luego a don Martín Márquez y posteriormente al árabe Nabil Isa. Esa es otra historia, lo cierto del caso es que el popular “Flaco” se marchó al Garden con sus antiguos patronos hasta el año 2003, cuando se retiró de la actividad. 42 años de trasnochos, no es cosa fácil para un ser humano y “El Flaco”, en los últimos años de su agotadora actividad, se echaba sus traguitos para permanecer “ríspero” y ya se movía, entre las mesas y clientes, con el piloto automático. Le llegó la hora del reposo del guerrero y no lo pensó dos veces.

En esos largos años como mesonero en el hotel Arichuna, “El Flaco” tuvo el placer de atender, servir y hasta lidiar con una gran cantidad de personajes de la ciudad entre los cuales recuerda los profesores José Antonio Arias Reyes(+) Frank Acosta, Hernán Iro, Juan Hernández, Luciano Carreño (+), el Ing. Simón Farcheg, Los hermanos Leotaud, don Luís García, el Dr. Freddy Rangel (+) a los periodistas don Edmundo Barrios, Calazán Guzmán, Pedro Marrero Hernández, Pedro Emilio “Pejas” Rojas Vargas, Pedro Manuel Vásquez, Alberto Guzmán Lárez, Juan Meza Vergara, todos lamentablemente desaparecidos físicamente y los que todavía están como un toro antes de la corrida, Ángel Camauta, Alexander Compiani, los también poetas Evaristo Marin y Aquiles Lamber Marcano, además de don Mauro Barrios (+) Samih Murhib (+) Meza Piñero, Luís Harris Rangel, el “Renco” Núñez (+) Félix Millán, Arcángel Alcalá (+) Mario Cervi, Guillermo Medina, don Carlos Poleo, José Luís Tineo (+) Atilio Mazzarri (+) “Chuito” Almeida (+) Eduardo Medina, Francisco Paz (+) don Joaquín Salcedo Rojas (+) “Toñito” Liccioni (+) Otto Espinoza, “Goyo” Gutiérrez (+) Gustavo Perdomo, Clemente Aranaga y el infaltable amante del mundo vitícola, el Prof. Ángel Antonio Merlín, que llamaba temprano, vía telefónica, para ordenar le enfriarán una botella del exquisito vino francés Lefolkmelk, la leche de la mujer amada. En esa estela de personajes, los había dice “El Flaco”, carrera corta y de largo aliento, pitcheres y quienes siempre se colocaban detrás del home, pero en líneas generales todos hombres de bien, excelentes amigos y de grata recordación. De las propinas, mejor no hablo, nos dice con picardía.

El “Flaco del Arichuna” cuenta con su proverbial buen humor que en la oportunidad que los visitó el Dr. Rafael Caldera Rodríguez (+) se acercó a la barra, amablemente le ordenó un café pequeño, que tenía un costo de Bs. 0,50 le canceló con un bolívar y le dejó un realito de propina. Lo agarró, metió en la cartera y por muchos años lo conservó, lo sacaba y frotaba, con la esperanza que le diera suerte. No le dio mucha, pero esta está vivo, que es lo importante y se ríe de su ingenuidad. Hay que creer en vainas y suelta una carcajada.

Estos personajes, que algunas veces pasan desapercibidos, para el gran público, formaron y forman parte de la rutina diaria de la ciudad y, ahora hacemos un esfuerzo para rescatarlos del olvido colectivo con la intención de que, cuando se escriba la verdadera historia de la ciudad, sean incorporados al disco duro de nuestra memoria histórica. Hay que interesarse por la gente buena, decente, trabajadora de la ciudad. Ellos forman parte de la parte positiva del devenir histórico de la ciudad. Honor a quien honor merece.


miércoles, enero 20, 2010

La felicidad de los trabajadores petroleros

"El sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política"
Simón Bolívar
(15.2.1819)

A finales del año 1936, se inició la primera huelga petrolera en Venezuela, la cual duró 43 días y, a pesar de que fue abortada por un decreto del presidente Eleazar López Contreras, marco el principio del reconocimiento de los derechos de los trabajadores. Fue el acontecimiento más importante de la clase obrera venezolana en el siglo XX. La industria petrolera estaba bajo la égida de empresas trasnacionales. En el año 1948, durante el ejercicio gubernamental de la junta de gobierno que presidió el padre de la democracia don Rómulo Betancourt, se avanzó con el llamado fifty-fifty, que permitió dividir, en partes iguales, las ganancias del negocio petrolero entre el estado y las empresas. La nacionalización del petróleo, en 1975 liderada por el Presidente Carlos Andrés Pérez Rodríguez, fue la culminación de un largo camino de reformas legales y luchas político-sindicales iniciadas en la década de 1920 y en las cuales, los trabajadores petroleros fueron logrando sus reivindicaciones, derechos adquiridos, que ahora la revolución les cercena peligrosamente. No todo lo que brilla es oro en la industria del oro negro.

Ese largo camino de luchas político-sindicales, antes y después de la nacionalización permitieron a los trabajadores petroleros hasta el año 1998, cuando asumió un gobierno “revolucionario” disfrutar de la mayor suma de felicidad posible, la mayor suma de seguridad social y la mayor estabilidad política-laboral. Los trabajadores tenían su propia federación de trabajadores – que con todos los defectos que puedan endilgárseles – estaba a favor incondicional de los trabajadores y nunca al servicio de las empresas y mucho menos del gobierno de turno. Era un instrumento de lucha útil y respetable en el cual los trabajadores de la industria se sentían representados y seguros de contar con un liderazgo identificado y combativo en las luchas por sus reivindicaciones y estabilidad laboral. Eran tiempos de libertad sindical.

Cuando la industria estuvo en manos de las trasnacionales y desde el 1975 ya nacionalizada, los trabajadores disfrutaron de un buen comisariato – hoy convertidos en súper mercales que ofertan muy pocos rubros y bajo inmensas colas – un sistema de salud para ellos y sus familiares óptimo, el hospital de San Tomé siempre impecable, era el mejor de todo el Oriente del país y les prestaba atención médica preventiva – incluía todas las vacunas – curativa, hospitalización, maternidad, servicio de ambulancia terrestre y aérea, cuando no había cama, alquilaba habitaciones en lujosos hoteles para mantener pacientes antes de las intervenciones quirúrgicas y el stock de medicinas que entregaban gratuitamente, era abundante. Les proveían de una vivienda con todos los servicios y mantenimiento gratuito y los que no vivían en los campos petroleros, les cancelaban una compensación conocida como “ayuda de ciudad” Los campos petroleros lucían bellos, limpios y acogedores. Disfrutaban, como hasta ahora, de una educación para sus descendientes de óptima calidad, lo educadores – antes – eran clasificados y ascendidos por méritos y su calificación profesional, lo que los obligaba a permanecer en constante mejoramiento profesional. La competencia por ser el mejor tenía su recompensa. La excelencia era orgullo del capital humano de la empresa. Una verdad indiscutible.

Los trabajadores gozaban estabilidad laboral, no importaba su filiación política, religiosa e incluso inclinación sexual, les dictaban cursos de perfeccionamiento y mejoramiento permanentemente, el sueldo era el mejor de toda la industria nacional, les reconocían tiempo de viaje, bono nocturno, sobretiempo, les suministraban las comidas y aparte, le cancelaban una bonificación por ese mismo concepto, los pagos eran puntuales, se recreaban y practicaban el deporte de su preferencia en excelentes canchas y campos deportivos, los mejores de la región y podían divertirse con sus familias en los selectos clubes sociales que la empresa mantenía al servicio exclusivo de sus trabajadores. Conquistaron un convenio de caja de ahorro que invitaba y hasta obligaba al ahorro, también lograron en el contrato colectivo que la compañía se obligara al otorgamiento de créditos para vivienda, mejoramiento de vivienda, adquisición de vehículos, adquirir de manera preferente los vehículos desincorporados por depreciación – hoy los regalan a Cuba - nadie los obligó a colocarse una franela roja, asistir a los actos políticos obligatoriamente y menos corear consignas políticas y, para coronar la felicidad, las utilidades era cancelada totalmente en la fecha convenida. Había respeto por el trabajador y la contratación colectiva. Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde.

Otra cuestión que consolidaba el prestigio de la industria petrolera, antes y después de la nacionalización, era que proveedores, contratistas y compromisos con particulares, dueños de fincas o cualquier otro acreedor, sus cuentas les eran canceladas puntualmente y con un máximo de retraso, en casos extremos, de 45 días. Incluso, durante el gobierno del Dr. Rafael Caldera Rodríguez, cuando el precio del petróleo bajo a 7 dólares el barril, la industria mantuvo sus standards. Ahora, en estos 11 años de revolución, que PDVSA es de todos, acérquese a un trabajador petrolero, para que vea el llanto y de los contratistas y proveedores, ni se diga. Todos ellos, los que no han desparecido, están al borde de la quiebra. Es la triste realidad. Con la verdad ni ofendo, ni temo.

Ningún tiempo pasado fue mejor, dicen nuestros abuelos, pero en el caso de los trabajadores petroleros, bien vale la pena reconsiderar esa sabia sentencia. Todos los trabajadores, los jubilados, los activos y hasta los víctimas del genocidio laboral, a los cuales les robaron todos sus beneficios económicos, y “sus” reales de la caja de ahorro y prestaciones sociales, coinciden que con esta administración a la industria petrolera se la fue “El chivo en gas”, las conquistas laborales las han liquidado y la nueva federación sindical, está de rodillas ante el autócrata-bolivarista, que por añadidura, es el patrón más antiobrero de la historia patria. Los hechos y las realidades lo demuestran con creces y están a la vista. Compare y juzgue. ¿Quién o quienes leyeron e interpretaron mejor el pensamiento del Libertador que utilizamos como epígrafe para ilustrar este destello de la memoria? Las trasnacionales, los gobiernos de la vituperada IV república o esta robolución. ¿Cuándo fueron más felices, estables y disfrutaron de más beneficios sociales, económicos, educativos y de salud los trabajadores petroleros? Mis desocupados lectores, tienen la palabra.





domingo, enero 17, 2010

Personajes de mi pueblo: El Chino Lira

La temeridad cambia de nombre cuando
obtiene éxito. Entonces se llama heroísmo
Lawrence Sterne (1713-1786)
Escritor irlandés.

El que quiere puede. Pedro María Lira Rondón, que nació el 17 de abril de 1939, en la calle Ribas del entonces incipiente pueblo de El Tigre y es hijo de José María Lira Reyes y doña Ana Margarita Rondón, una pareja de las primeras que pisó esta agraciada ciudad, la cual nació al calor de la industria petrolera el 23 de febrero de 1933, el “Chino” Lira como es conocido popularmente, a pesar de que, no tuvo la suerte de estudiar más allá de la primaria, con los conocimientos básicos, adquiridos en la escuela Cova Maza, se formó en la universidad de la vida y logró su plena realización como un exitoso hombre de negocios y productor agropecuario, una vocación innata que no dudo en abrazar desde la adolescencia. Un insigne e incansable trabajador.

El “Chino” Lira inició su larga trayectoria como comerciante, cuando se desempeño como ayudante de su hermano mayor José María “Chaía” Lira Rondón, quien se dedicó largo tiempo a la compra-venta de ganado vacuno, cabrio, porcino y aves. Obviamente que el grueso del negocio, era el que se desprendía de la comercialización de las reses. Una vez que fue adquiriendo experiencia, pasó a la ofensiva y le solicitó a “Chaía” que le trabajaría sin sueldo, siempre y cuando le permitiera la comercialización de los chivos, los cochinos y las aves. Lo logró y una vez en el negocio, fue ahorrando y en el año 1960, le compró una pick up Ford a un hijo de Ramón Antonio Meza por la astronómica cantidad, para la época, de Bs. 750, le adelantó Bs. 500 y antes que cantara un gallo, le canceló la diferencia y un año después, ya estaba comprando un camión 350 al señor Salvador Lanza, que también se dedicaba al comercio de la compra-venta de ganado vacuno. La burra iba cogiendo el nado.

Todo iba saliendo bien, hasta que, en uno de sus tantos viajes, le ocurrió un accidente, volcó el vehículo y la perdida del vehículo fue total. El “Chino” Lira, no se amilanó. Vendió la chatarra, las prendas que había adquirido y hasta la escopeta, reunió Bs. 700 y adquirió otro camioncito y pasado un año, cuenta con gran satisfacción, echándose unas frías con el amigo que le había comprado las prendas, este se las ofertó, no vaciló y se las compró por Bs. 1.000, recuperando las joyas que para él, tienen un gran valor, más que económico, sentimental. Eran y son el producto del sudor de su frente. Es el sentido de pertenencia que heredó del hogar el cual lleva muy arraigado en su recia personalidad. Poseer de nuevo sus prendas le quitó una gran carga de conciencia. Era una deuda que tenía, a pesar de las vicisitudes, con él mismo.

El “Chino” Lira, que está felizmente casado desde el 3 de mayo de 1969, día de la Santa Cruz, con la señora María Modesta Zambrano Blanca, decidió en el año 1973, madurando la idea de buscar el fortalecimiento de la economía familiar y llevar productos de óptima calidad a los vecinos del popular sector La Charneca, instalar el abasto y carnicería la “Optima” en la esquina de la calle Nueva Esparta con Democracia. Allí inició actividades con su esposa María Modesta, el trabajador Rafael Blanca un excelente carnicero, que lo ha acompañado hasta hoy – La gráfica de los 3 frente al negocio ilustra esta crónica – y sus primeras 3 hijas. La hoy abogada Egris Desiree y las morochas Grisel Helaine y Helaine Grisel, que heredaron la vocación por los negocios. Un poco tiempo después, con el abasto consolidado y en marcha, compró una casa contigua, para darle mayor comodidad a la prolija familia, ya que venían en camino la Licenciada en Farmacia Griselaine Margarita, prematuramente fallecida y Gridelaine Margarita, quien es profesional del derecho, luego construyó su pequeña quinta al lado del negocio y mejoró su modus vivendi. Sus 5 hijas, más Henry, el hijo de su primer matrimonio, le han dado la dicha de disfrutar de 10 nietos, por los momentos. El rancho continúa ardiendo.

En el rol de productor agropecuario el “Chino” Lira, empezó con una pequeña parcela de 78 has. Que le compró a la señora Angélica Prado, En ese lugar construyó una casa de 2 plantas, 2 galpones para la cría de pollos, un aljibe o jagüey, una laguna para la piscicultura y potreros con pasto de calidad para el engorde de ganado en pequeña escala. El fundo la “Optima” que esta pasando el puente e’ Chori, se convirtió en punto de referencia por muchos años bajo su égida. La circunstancias, lo obligaron a desprenderse de esa propiedad y adquirió una más acorde y amplia para sus actividades de cría de ganado con doble propósito en las adyacencias de Atapirire, en ese sitio convergen los ríos Pao y Atapirire – una belleza natural – Entre ese fundo y la atención al abastos y carnicería la “Óptima” esta concentrada la actividad productiva de este prestigioso hombre de negocios que goza del aprecio, la admiración y el respeto, no sólo de sus vecinos, relacionados y amigos, sino de buena parte de población de esta ciudad que lo ha conocido al frente se sus negocios y cuando tienen la necesidad de adquirir carne de inmejorable calidad. En la “Óptima”, dice, repite y asegura el “Chino” Lira, sólo se expenden productos óptimos. La numerosa clientela que lo continúa visitando lo confirma.

El “Chino” Lira, que nació apenas 6 años después de iniciarse las actividades petroleras las cuales dieron pie a la fundación de la ciudad, puede decirse sin temor a equívocos, forma parte de la primera generación de tígrenses y con su trabajo, esfuerzo, dedicación y destreza como emprendedor, ha contribuido al crecimiento, desarrollo y consolidación de la ciudad que lo vio nacer cuando apenas era un pequeño poblado. Este personaje, al igual que otros tantos, existe en la ciudad y son los héroes anónimos que merecen el reconocimiento de las autoridades y la ciudadanía en general ya que, también fueron temerarios al aventurarse a invertir y trabajar en un pueblo, el cual tuvo momentos difíciles y muchos creyeron que moría y lo abandonaron atemorizados. La sola decisión de quedarse y tener éxito, es un merito indiscutible que los califica para ser tomados en cuenta por nuestros eximios historiadores y cronistas, cuando decidan escribir la verdadera historia de la ciudad. Hay que fortalecer la memoria histórica de la ciudad y nosotros, con estas crónicas, aportamos nuestro granito de arena.




domingo, enero 10, 2010

Personajes de mi pueblo: Eduardo Arcia

La memoria es el centinela del cerebro
William Shakespeare (1564-1616)
Poeta y autor teatral inglés.

En la década de los años 20 y hasta bien entrado los años 80, hubo un tipo de comerciantes informales, que se caracterizaban por llevar la mercancía en adecuados cajones que instalaban a camiones y pick up, hasta la puerta de la casa del consumidor. Este tipo de mercaderes fueron conocidos y si todavía existen en las zonas rurales, como Bongueros. Don Eduardo Arcia, más 6 hermanos, son hijos de uno de estos abnegados trabajadores el cual viajaba constantemente en un camión 350, acompañado por 3 ayudantes desde Barcelona hasta Ciudad Bolívar. Llevaba pescado salado, lo vendía y compraba los productos típicos guayaneses que revendía en la capital de nuestro estado. En esa época funcionaba hasta el trueque, el cambalache y la permuta. Fueron los tiempos bucólicos de Venezuela.

Eleuterio Arcia dedicó buena parte de su vida a la actividad comercial como bonguero, tenía su residencia en Barcelona junto a sus esposa María Josefa de Arcia, en uno de sus permanentes viajes a la capital del estado Bolívar en el año 32, observó un gran movimiento de equipos y personas en la sabana, se percató que llegaba la prometedora industria petrolera, suceso que lo entusiasmó, llegó a casa, convenció a la familia, se vino hasta el incipiente pueblo y en su rol de comerciante construyó su rudimentarias vivienda en la parte sur de lo que hoy se conoce como la plaza Simón Rodríguez ubicada en el corazón de Casco Viejo y que antes fue la primera plaza Bolívar de la ciudad. En las primeras del cambio le fue muy bien, lo que le permitió construir 2 viviendas más a los lados de la primigenia, llegando incluso a alquilar una de ellas al gobierno para que instalará la primera delegación de la policía de la época gomecista. Llegaron a El Tigre los llamados chopo e’ piedra.

Nuestro personaje Eduardo Arcia, hijo de este pionero de la ciudad, había nacido en Barcelona el 01 de abril de 1929 y lo trajeron a los 3 años de edad a esta inhóspita y agreste área dónde se fecundaba el embrión de lo que con el tiempo se convirtió en esta gran ciudad. Es indiscutible que se crió, creció, se desarrolló, maduro y consolidó su personalidad de hombre de bien, al mismo tiempo y ritmo del incipiente pueblito que lo acogió en su seno. Recibió sus primeras letras de la mano de un amigo del padre que se ofreció voluntariamente para enseñar a leer y escribir a unos pocos niños de la época. Un poco más tarde en la calle Héctor Villegas un maestro de apellido Salazar, formalizó una escuelita dónde asistían muchos más niños y luego, otro maestro de apellido Risquez, instaló otro colegiecito en la Calle Bolívar – antigua Cantaura – frente a lo que fue posteriormente la Impresora El Tigre de don Mauro Barrios que provenía de Ciudad Bolívar, a la sazón, otro de los primeros pobladores del pueblo. Eran tiempos de calles polvorientas y ausencia de servicios públicos.

Finalizando el año 44 el señor Eduardo Arcia, concluyó su primaria en la primera y recién inaugurada escuela José Manuel Cova Maza, que inició actividades académicas en la calle Sucre, exactamente en la parte trasera de lo que fue el cine Principal y posteriormente el Teatro Maroní. Marchó a Caracas dónde obtuvo el grado de Técnico Mercantil – 2 años – con la intención de dedicarse al comercio tal como su padre. En el año 47, durante unas vacaciones volvió al pueblo y conoció a la joven Juana Somoza que llegó desde su pueblo natal Upata dónde había nacido el 07 de febrero de 1932, al entierro de un familiar. ¡Quedaron flechados! y el 19 de enero de año 48 – hace 62 años – contrajeron nupcias, se olvidó del comercio, buscó empleo en la petrolera, lo obtuvo en Mene Grande Oil Company como probador de pozo, le cedieron una vivienda en Campo Oficina, por dos años lo enviaron a Buenavista, allí vivió en el campo de la Creole, regresó a El Tigre y en su empeño por tener vivienda propia, le compró una casa en la avenida Apure a don Luís Hernández por Bs. 15.000, la acondicionó, amplió y fijó su residencia hasta el día de hoy junto a su esposa. Desde el año 88 está jubilado de la Industria Petrolera con el rango de Supervisor de área y continúa felizmente casado con Juanita como la llama cariñosamente. Bodas de platino.

Don Eduardo Arcia ejemplar padre de familia, responsable trabajador que procreó con su distinguida y amada esposa Juanita – con la cual aparece en la gráfica – 5 hijas: Argelia Josefina (+) Maritza del Valle, Mirna Coromoto, Magalis del Carmen y Jenny María que le han regalado la dicha de disfrutar – por ahora – de 9 nietos que renuevan constantemente la alegría del hogar, recuerda como una gran enseñanza de su padre, que cuando instalaron la primera pantalla para proyectar películas del cine mudo, ubicada exactamente, frente al edificio que hoy ocupa el partido COPEI en la calle Ricaurte y que después fue el primer cine formal – Cinelandia – cuando le pedía dinero para pagar la entrada, se la negaba con el argumento de que primero tenía que aprender a leer para poder entender las películas que poseían subtítulos muy rápidos. “Ese interés por asistir a los cines me obligó a asistir a todas las escuelas que instalaban en el pequeño pueblo”. Querer es poder.

Otro hecho curioso que nunca olvida es que, dónde hoy está ubicada nuestra majestuosa Plaza Bolívar, era un terreno abierto el cual utilizaban para jugar béisbol y otros deportes, los jóvenes del momento entre los que recuerda a Horacio Trujillo, Octavio Laurent el popular “Centavito” y ahora llamado cariñosamente “Cucaracho” Ángel Horacio Aponte, Francisco Quijada, Tobías Scribani, los hermanos Muñoz, Alirio, Ramón y Enis, Ramón Antonio Vielma, Benito “El flaco” Villasana que instaló luego la renombrada Gestoría Villalta y Vicente Villasana que posteriormente contrajo nupcias con la prestigiosa maestra, luchadora social y columnista del Diario Antorcha, Hilda Conde, un día llegó la primera avioneta de los americanos y la amarraron en ese lugar y les obstaculizó por un tiempo utilizar ese espacio para continuar sus practicas deportivas. En verdad era una avioneta y estaba amarrada porque las corrientes de aire eran muy fuertes y podían llevársela. Una novedad que deslumbró a los jóvenes nativos.

Muchas anécdotas y vivencias continúan vivitas en la prodigiosa memoria de don Eduardo Arcia, las cuales por razones de espacio, nos es imposible relatar, sin embargo, intentamos recoger en esta corta crónica las que consideramos más relevantes y lo hacemos con la intención de acrisolar nuestra memoria histórica, dejar constancia de que, si bien es cierto que la ciudad no tuvo una fundación formal, no es menos cierto que, si existieron y existen los que fueron sus primeros pobladores los cuales podemos considerar cómo fundadores y que con su memoria son centinelas de esa realidad pasada. Los falsificadores de nuestra historia, que es muy reciente, entonces, deberían tener cuidado.

También aspiramos que este destellos de la memoria, pueda servir de referencia a nuestros eximios cronistas e historiadores de la ciudad cuando escriban nuestra verdadera y autentica historia local. Es un humilde granito de arena.



viernes, enero 01, 2010

Personajes de mi pueblo: El Chivo Martínez

El deporte es una guerra sin armas
Georges Orwell (1903-1950)
Escritor inglés.

El 6 de enero del año 1945, el cura párroco de La Pastora, en Caracas, Francisco Castillo Toro convocó a los deportistas de toda el área metropolitana a un funeral que se celebraría en memoria de los recién fallecidos jugadores de béisbol José Pérez Colmenares y Salvador Argüelles. A partir de allí quedó instituida la fecha para la celebración de la Misa del Deporte y por extensión, el día también, fue tomado para celebrar el Día del Deporte en el país. Partiendo de esa breve reseña histórica, podemos afirmar, sin temor a equívocos, que hoy es el día del deporte. En nuestra ciudad, siempre hemos respetado esa tradicional fecha y creemos, que no hay razón, para no hacerlo este año 2010. Hay que ser consecuente con las tradiciones.

Hacer deporte es hacer patria. Todos los decimos, repetimos, pero no lo hacemos en la práctica. Hoy, rendimos honores a todos los que lo hacen, practican y predican con el ejemplo y tomamos para tal efecto, la figura augusta, sencilla, humilde y espontánea de un deportista a carta cabal: José Ramón “El Chivo” Martínez Morillo quien nació un 6 de marzo de 1958, en la calle Falcón de Pueblo Ajuro y es hijo de los respetables vecinos Faustino Martínez que llegó de su natal Tucupita a trabajar en la industria petrolera, casó y formó un digno hogar con doña Carmen Morillo (+) oriunda del Pao de Barcelona y la cual se destacó como una insigne luchadora social, educadora, formadora y orientadora en educación para el trabajo. Además de José Ramón son descendiente de ese honorable hogar Oscar (+) Miriam, Judith, Jaime, Faustino y Bladimir que completan el cuadro de honor.

José Ramón Martínez Morillo, el popular “Chivo” Martínez, quien desde niño fue un destacado pitcher en el béisbol organizado, en el tiempo que se desempeño en la categoría juvenil defendiendo la camiseta de La Casa Nueva Esparta, le propinó al equipo del Liceo Briceño Méndez un no hit no run y con Criollos de El Tigre, equipo con el cual militó 5 años, le aplicó un No-hitter a la tradicional y siempre poderosa divisa Deportivo Miranda. Por su calidad fue llamado por las Águilas del Zulia al lado de “Cataté” García y Alfredo Velásquez. No asistió porque ya había definido su vocación, predilección y pasión por el basquetbol, que le parecía un deporte más apropiado para sus características personales. El juego de las alturas, la inteligencia, sagacidad y velocidad. En gustos y colores no han mandado los autores. El “chivo” se quedó con el baloncesto.

Este destacado deportista estudio toda su primaria en la escuela Felipe Walker de Pueblo Ajuro, el bachillerato en Liceo Agropecuario cuando funcionaba en la antigua sede del Hospital, no llegó a coronar profesionalmente su carrera cómo jugador de baloncesto, sin embargo, su pasión por ese deporte, lo llevó a convertirse en un entrenador autodidacta y en esa condición fue seleccionado en el año 1990 como asistente del entrenador titular en suramericano junior (f) que se escenificó en Argentina y en el 1994 en esa misma condición en el juvenil que se celebró en Chile. En nuestro estado fue entrenador por espacio de 5 años de la selección femenina, además dirigió la categoría infantil en un nacional celebrado en Barquisimeto dónde resultó sub-campeón nacional, en el junior (f) también obtuvo el subcampeonato en Yaracuy – año 1994 – y en el mini básquet ese mismo año resultó campeón en Delta Amacuro, el año 1995-1996, guió la selección juvenil (f) en Barquisimeto y Yaracuy entrando en ambos en el cuadro del medallero con honrosos terceros lugares. Ese año, dice con orgullo, 5 jugadoras de Anzoátegui, lideradas por la joven tígrense Rosdelis González, formaron parte de la selección nacional. En ese largo trayecto el “Chivo” Martínez, que se desempeña como profesor de educación física en el Liceo “Andrés Bello” y lleva 18 años entrenando a “Marinitos” en la Casa Nueva Esparta, ha hecho diversos cursos dónde destacan: Nivelación I en el IND-Caracas, los dictados por las asociación de de basquetbol del estado Anzoátegui y el de Entrenadores para atletas de alto rendimiento que culminó con éxito en Argentina. No hay dudas, una vida dedicada al deporte.

El “Chivo” Martínez está felizmente casado con la también deportista Leris Rivas de cuya unión, por ahora, han procreado 2 hijos. Israel quien es TSU en Química y la profesora en Educación Integral María Virginia, que le ha brindado la dicha de disfrutar de 2 nietitos. Ellos le brindan la mayor suma de felicidad, que considera reforzada por el hecho de tener entre sus triunfos como entrenador deportivo a atletas de la categoría de María Ofelia Villarroel que brilla en la liga WNBA en EE UU y está entre las mejores de Sudamérica, a Rosdelis González una estrella en la liga brasilera, Dionelis Serrano, Natalia Salomón, Nakari López e Ismalí Ramírez destacadas atletas de la selección nacional y Randy Vásquez que brilla con luz propia con Los Centauros de Apure. Hacer deporte es hacer patria y hacer deportistas con las uñas, sin apoyo oficial, a punta de dedicación, empeño, vocación, perseverancia y voluntad, tiene un mérito especial. Eso se llama de verdad a verdad hacer patria.

Hoy día del deporte nacional queremos, desde estos humildes destellos de la memoria, rendir homenaje a todos los deportistas del la ciudad en la persona de José Ramón Martínez Morillo – “El Chivo Martínez” – en quien resumimos la gran cantera de atletas, árbitros, entrenadores, promotores, organizadores y a los que se entregan en alma, corazón y vida a la noble, patriótica y enaltecedora tarea de educar, orientar, preparar, enseñar, disciplinar e instruir a nuestra juventud en la practica del deporte y llevarlos por el sendero de la mente sana en cuerpo sano. ¡Salud y felicitaciones! a todos los deportistas de la ciudad, el estado, el país y el mundo. El deporte une a los pueblos, es una guerra sin armas, nunca lo olvidéis.

La zona sur del estado Anzoátegui, sigue poseyendo una cantera inmensa e invalorable de atletas y potenciales campeones en cualquier disciplina deportiva que se quiera adelantar, desarrollar y practicar. Eso lo logramos con nuestros propios entrenadores originarios. Es tiempo de que el estado meta su mano y los tome en cuenta. Los resultados, estamos seguros, serían impresionantes. Ejemplos como los del “Chivo” Martínez abundan, pero…En todo caso P A N para todos “Próspero Año Nuevo”



miércoles, diciembre 23, 2009

Personajes de mi pueblo: El barbudo de El Luchador

El que vive no debe luchar con los muertos
Torcuato Tasso (1544-1595)
Poeta italiano.

Lo vemos todos los santos días en la esquina de El Luchador. Antes de que el anterior alcalde violándole todos sus derechos legales, constitucionales y humanos, procedió a retirarle violentamente un kiosco propiedad de su suegra que lo poseyó más de 30 años y el cual atendía junto a su esposa y cuñados. En ese faro de luz cultural, vendía la prensa diaria, revistas, tarjetas telefónicas, libros de historia, literatura, educativos, autoayuda y recreativos. Nos referimos a Alfonso Antonio Chacón Zepeda el popular “Barbudo”. Un personaje que por sus características personales, su jovialidad, amabilidad, férrea voluntad y amor al trabajo, no se amilanó cuando el atorrante que nos desgobernó durante la gestión municipal pasada, lo dejó en la calle, a la intemperie y maltratado físicamente, por efectos de los golpes que le propinaron los esbirros del abusador que se creyó dueño de la ciudad y que aderezó con el salvajismo, la brutalidad, barbarie y crueldad. Cuando la noche se pone más oscura llega el amanecer.

Alfonso Chacón, tal como lo muestra la gráfica que acompaña esta crónica agarró la acera, sin kiosco, pero con mucha voluntad de trabajo. Había que seguir llevando la arepa a la casa. Entonces optó por continuar desguarnecido vendiendo algunos diarios y las tarjetas telefónicas en la calle lo que le permitían medio vivir, pero siempre confiado de que arriba hay uno que para abajo ve y más temprano que tarde, si la justicia ordinaria no funciona, la divina y la del soberano e inapelable del pueblo se ocuparía dictar sentencia a su favor castigando al abusador. Dios castiga sin palo y sin mandador y ante la primera consulta popular el reyezuelo de pacotilla fue eyectado del poder. El nuevo alcalde en un acto de justicia y procediendo con sentido humano le devolvió su herramienta de trabajo (El kiosco) para continuar trabajando honestamente y llevar la arepa a su casa: Allí permanece vendiendo sus tarjetas telefónicas, revistas, diarios y libros que continúan educando e iluminando las mentes de los ciudadanos de la ciudad. El tiempo que no perdona, ni espera, le dio la razón.

Salvadoreño de nacimiento, venezolano nacionalizado y tígrense por convicción, corazón, tradición y amor a la ciudad, Alfonso Chacón nació en el pueblo salvadoreño de Santa Tecla, departamento de la Libertad, el 27 de enero de 1954 y es hijo único del operador de maquinas pesadas Juan Alberto Chacón (+) y la comerciante Amelia Zepeda (+). Ambos llegaron a Venezuela en el año 1959, después que don Juan, trabajara por unos años en la construcción del Canal de Panamá. Recuerda con precisión que llegó Caracas el 12 de enero de 1960, pernoctaron en Caracas 5 días, para inmediatamente viajar al pueblo de Dolores de Barinas, dónde su padre fue contratado para deforestar la finca La Palmita. En ese pueblo estudio los primeros dos años. Luego viajaron a El Tigrito dónde el viejo trabajó con Transporte Águila, los inscribieron en el Colegio San Antonio dónde llegó hasta tercer año, lo enviaron al Salvador concluyó su bachillerato y de nuevo en Venezuela, estudió los dos años del básico en la UDO-Bolívar, continúo la Lic. en Inglés en Cumana y cuando le faltaba un año, su mamá lo envió a concluir sus estudios a la Universidad del Sur en Missippi-Hattiestbur, donde estuvo 8 meses y regreso sin graduarse. Habían muerto sus padres y había que trabajar para sobrevivir.

En el año 1987 logró empleo como office boy en la empresa Mitza, pasó a personal de confianza y salió a los 12 años a regentar una Licorería muy cerca de la Plaza José Antonio Anzoátegui en Pueblo Nuevo Sur, la cual montó en sociedad con el Ing. Mauro Zaza uno de los dueños de Mitza. Estuvo12 años al frente de la licorería, hasta que decidieron vender. Mauro continúa en su empresa de tornería avanzada y Alfonso de dedicó a atender el kiosco que su suegra la señora Amelia de Martínez poseyó, me repite, por espacio de 30 años, época en que se lo compró al señor José “Pepe” Descarrega. Una historia que intentó destruir el atorrante que nos desgobernó y que continúa gracias a la bondad del actual alcalde que le restituyó el patrimonio familiar que en justicia siempre les correspondió y perteneció. Allí están, allí siguen y allí seguirán por el tiempo que dure unas cuantas generaciones de la familia Martínez. Los abusadores no volverán.

Alfonso Chacón, el popular barbudo de El Luchador, está felizmente casado con la señora Nuria Elizabeth Martínez de cuya unión poseen una sola hija, la señorita y excelente estudiante de petróleo en el IUTA Puerto la Cruz, Nuria Alfonsina Chacón Martínez. Por ella y para ella, trabaja diariamente en medio del sol inclemente vendiendo las tarjetas telefónicas en la esquina dónde le destruyeron el kiosco que era patrimonio de toda la familia. A pesar de todas las adversidades, el atropello y el acto criminal que contra él y su familia tomó el anterior alcalde, dice sin odios, resentimientos y rencores. “Estoy aquí vivito y coleando, he demostrado ser un hombre superior y no lucho contra muertos, que lo muertos entierren a sus muertos” su palabra vaya adelante.

Es una historia urbana que escribimos con la mayor vocación, amor y cariño, con la sana intención de fortalecer nuestra memoria histórica, enriquecer el disco duro de las vivencias pasadas y presentes que parecieran pasar desapercibidas, pero que forman parte de nuestra cotidianidad, nuestra riqueza patrimonial y que puede servir a los eximios escritores, cultores populares y cronistas de nuestra ciudad a la hora de moldear la verdadera historia local destacando los hechos positivos, pero sin soslayar los negativos que pasaron para que más nunca se repitan. ¡Feliz Año!


viernes, diciembre 18, 2009

Una esquina caliente en Pueblo Ajuro

Llegará un día que nuestros recuerdos
serán nuestra riqueza
Paúl Géraldy (1885-1983)
Poeta y escritor francés.

Cuando el pueblo de El Tigre, inició su primera expansión partiendo del Casco Viejo, lo hizo hacia lo que hoy se conoce como el barrio Pueblo Ajuro. Las Calles Brisas del Caris y Falcón que nacen en la bifurcación del sector La Florida. Exactamente dónde está todavía – con algunas modificaciones – el local que sirvió de sede a la histórica Casa Nueva York, fueron las primeras. Luego esas calles fueron unidas por los callejones Falcón. Dos porque están divididos por el local dónde funcionó la refresquería de don Eduardo Castillo que tenía su fachada hacía la calle Falcón. Luego llegó la calle 5 de julio que también unió a las calles primigenias, pero se prolongó hasta la carretera Negra La Flint. María Ramírez, José María Lira, Margarito Ramos, Rosso González, Antonio Lara, Mercedes Ortiz, Luís Morales, entre otros son fundadores del “Barrio Ajuro” como se llamo inicialmente. Los que tienen memoria recuerdan esa pequeña historia urbana.

En la esquina suroeste del cruce de las calles Falcón con la 5 de julio, funcionó por muchos años la bodega “La Unión” del “compaíto” Miguel Tabata. Un negocio con un stock bien múltiple, variado y completo, complementado con un bar anexo, que poseía mesa de billar, pool, rockola con la mejor música mexicana, buenos freezer, una pequeña barra, mesas para cuatro y lindas anfitrionas para atender la exigente clientela con las infaltables espumosas bien gélidas. Eran los tiempos de las llamadas taguaras y esa fue, sino la primera, una de ellas en Pueblo Ajuro. Esa esquina en esa época, se convirtió en lugar de encuentro y, ahora a pesar de que, hace muchos años dejó de funcionar, mantiene una recóndita atracción y permanentemente está concurrida. Alguien podría inferir: queda en el corazón del populoso sector y no les faltara la razón. José Prado, Tino Meza, “musiu” Abreu y doña Carmen de Martínez también están entre los fundadores del sector. Los descendientes pueden corroborar esa verdad histórica.

En ninguna de las esquinas, desde hace bastante tiempo, hay locales comerciales. Una esquina permanece cerrada desde que murió la guariqueña de Santa María de Ipire Cruz Tirado, la popular doña Chicha, que se caracterizó por mantener un control férreo sobre la limpieza del sector digna de las mejores causas. Esa esquina y la lindante, dónde funcionó la bodega de don Miguel Tabata, las adquirió una nieta de doña Chicha, la enfermera profesional Francia Fermín Tirado. La esquina noreste que fue durante buen tiempo la bodega “La llanera” de don Pablo “Catire” Freites, la compró, demolió y construyó su vivienda actual, el productor agropecuario e hijo mayor de doña Anastelia Salazar; Edgar Salazar y la otra esquina que habitó primeramente Facundo Freites, el popular “Boca e’ bagre” con sus padres, luego por Francisco Barrios, el popularmente conocido indistintamente como Franco o “Bigote e’ lapa”, fue adquirida por otro nieto de doña Chicha el Tec. Radioeléctrico José Gregorio Fermín Tirado, que la habita – con las mejoras del caso – hasta el momento. No hay negocios en las esquinas, pero continúa siendo muy concurrido el lugar. Es cuestión de costumbres pueblerinas. Jesús “Chuito” Marcano, otro de los fundadores, mantuvo por muchos años una taguarita con la cual levantó su familia. Doña María Álvarez que vivía al frente, tenía un hijo de nombre Mateo que era pregonero del diario Antorcha, todas las tardes le metía un bolivita a la rockola, para escuchar 5 veces la bella canción ADORO del eximio poeta, arreglista y cantante mexicano Armando Manzanero. Las señoras Angelina Millán, “Goya” Montero, Victoria Azócar, María Arteaga, “Goya” Arretureta, Aparicia Marín, Graciela Ramos, Ana Farfán y Narcisa Rodríguez, también son fundadoras. Es cuestión de tantear un poco la memoria para corroborar estas verdades.

Unos cierra y otros abren. En la casa vecina a la esquina que habitó por muchos años doña “Chicha”, en la vivienda que fue el asiento de la honorable familia Fermín-Tirado que formaron los esposos don Ascanio Fermín y doña Rosa Tirado la cual, ya tenía dos hijas, Emilsen y Francia, ambas enfermeras profesionales y luego de la unión matrimonial con don Ascanio, fructificaron 11 hijos: Héctor (+), Ing. Luís Felipe, Lic. Luisa, Alirio (+), Prof. Luz María, Lic. Vilma, Ascanio José, Lic. José Rafael, Yamila, Tec. Elec. José Gregorio, y el Ing. Franklin Fermín Tirado, fue transformada en un local comercial dónde la licenciada Luisa Fermín, instaló primero una venta de loterías, luego una licorería, que lleva el nombre de “El abuelo” en honor a don Ascanio Fermín, a la cual le anexo un centro de llamadas. Esa licorería permite que se mantenga una actividad febril en el sector y existe un grupo etílico liderado por el esposo de la dueña el cuasi abogado Arquímedes Evans Guatache. Este está permanentemente en las adyacencias de la licorería con un grupo de amigos los cuales son más puntuales que soldado inglés. Todos los días llegan al cantar el gallo y pegan con bombonas blanquitas de Guarico, Estas son consumidas rápidamente, sin pestañar y menos arrugar la cara. El que tenga buen hígado, está invitado, que los acompañe y se convencerá.

En la grafica que acompaña está crónica puede verse parte del grupo: Omar Meza Cairo, David Moreno, Gustavo Arias, Ramón Freites, Adrián Hernández, Santos Rafael García, Cruz Manuel Sulbarán Barreto, Antonio Rodríguez y Efrén Antonio Rivas, entre otros sosteniendo una culebra Mapanare que lograron cazar y la cual, según ellos, para comprar unas bombonitas blanquitas de Guarico, venderían a los chinos que las degustan con gran deleite. En ese grupo todos son “toeros”: albañiles, abogados, carpinteros, electricistas, pintores, caleteros, limpiadores de patios y además autoeducados en la universidad de la vida. Los vecinos llegan al sitio, contratan los servicios de alguno (s), fijan el precio e inmediatamente inician las labores. Eso sí: chivo muerto, chivo pago. Nada de “fiao”, porque Luisa no fía. A la hora de cobrar, es más amarga que Margaret Thatcher, dice con su proverbial buen humor, su esposo Arquímedes. Su palabra vaya adelante.

Esa populosa esquina de Pueblo Ajuro, es un sitio de encuentro por excelencia. Los abogados Rubén Vicent, Hernán Centeno Barrios y Jesús Ramón Arriojas Barrios, son muy apreciados por esos lares y cuando hacen un alto en sus actividades profesionales, una vez más que otra, comparten un buen rato con ese grupo de amigos. Les lanzan a mil millas, pero no logran ni siquiera agitar las mascotas que utilizan estos supervivientes a las bombonas de Guarico. Son completos, llegan a los 9 inning fresquesitos y si hay extrainning no tienen problemas. Los pitcheres abandonan, pero estos quetcher nunca. Lo malo es que les roban las bases con facilidad pues son mochitos y ninguno lanzando llega a la segunda base. Los llaman manitos de caimán y en el bolsillo cargan alacranes cabeza negra. Bartolo Cubero, José Luís Cedeño, Marcial Bolívar Francisco “Pancho” Hernández, y Rafael Gutiérrez, que fueron pioneros en el barrio, jugaban otras posiciones y de cuando en vez, lanzaban pa’l home. Esta generación nació con defectos de fábrica les echaron un daño. No lanzan, son mochos. Todos juegan detrás del plato.

Reseñamos la historia, personajes hechos y actividades de esa esquina caliente del barrio Pueblo Ajuro, como una contribución para los eximios cronistas y escritores de El Tigre, la cual puede servirles de ayuda memoria cuando escriban la verdadera historia menuda de la ciudad. Las vivencias de estos populosos, concurridos y referenciales sitios, forman parte de los primeros días de la expansión primigenia de la ciudad y también de la cotidianidad y nuestras peculiaridades. Es una esquina caliente, con el perdón del amigo picacables Ortiz, que fundó la primera en la ciudad. Esos recuerdos forman parte de nuestra riqueza ancestral, cultural y deberían ser tomados en cuenta para incorporarlos al disco duro de nuestra memoria histórica. Es mi barrio y a todos, ¡Feliz Navidad!



sábado, diciembre 12, 2009

La tasca La Peña

Manos callosas manos honrosas
Rubén Darío (1867-1916)
Poeta nicaragüense.


En todos los pueblos, ciudades y hasta en las grandes urbes, existen sitios de encuentro. Los lugares dónde la gente departe distendidamente con amigos, relacionados y familiares. En El Tigre, exactamente detrás del banco Banesco, antes banco Unión, en la calle Brasil del Casco Viejo, se encuentra la Tasca La Peña cuyo propietario desde sus inicios es el isleño, nacido un 13 de octubre de 1946, en la Isla de La palma de Las Islas Canarias, José “Pepe” Peña Morales. Hijo de Zacarías Peña quien era pescador artesano y María Morales dedicada a las labores del hogar, estudio su primaria en su isla natal, la situación económica y política era difícil, lo que no le permitió avanzar en los estudios y buscando sobrevivir, se desempeño como ayudante de una ferretería y luego en una cafetería hasta que, estimulado e invitado por un hermano, que desde el 1952, se había venido y era agricultor en Villa de Cura estado Aragua, emigró hasta Venezuela. El hombre de mar es trotamundos y no lo pensó 2 veces.

José “Pepe” Peña, portando una “Carta de Reclamo hermano-hermano”, que tenía estampada la firma del Dr. Reinaldo Leandro Mora, Ministro de Relaciones Interiores del gobierno del Dr. Raúl Leoni, la cual le tramitó su hermano, el 12 de octubre de 1966, abordó el buque Begoña. Un viaje sin retorno que tuvo una travesía de 9 días, llegó a La Guaira, lo espero su primo Sebastian Peña, bajaron al Nuevo Circo, abordaron una unidad de Expresos de la Costa y el día 13 cuando cumplía los 20 años, llegó en horas del mediodía a Anaco dónde permaneció por espacio de 3 días, para luego venirse a la ciudad de El Tigre. Llegó en la década de la gran recesión en nuestra localidad y esto no fue obstáculo para que buscara empleo y se enganchó como mesonero en el negocio de su paisano del pueblo de Tijarafe – Isla de la Palma, don Juan Esteban Pérez Brito que abría en la avenida España, frente a Isidoro Celma Mir – concesionaria Ford, la primera sucursal de Pollos Don Lolo, franquicia que había iniciado en San José de Guanipa. Un emprendedor que marcó una huella indeleble en el negocio del pollo asado en la zona sur y el centro del estado Anzoátegui.

Con Don Lolo, trabajó 3 años, pasó luego a trabajar 2 años con los socios portugueses de la Isla de Madeira Eduardo Fernández, Américo Abreu y Alfredo Ferreira quienes habían consolidado la concurrida cervecería, restaurant y discotequeca “La torre del Oro”. Luego fue contratado para administrar la Cervecería Punto Fijo del señor Manuel Andrade ubicada al final de la avenida San Martín – esquina El Pescozón, urbanización Bellavista en Caracas. Fue un año muy duro, ya que, estaba residenciado en una pensión en la esquina El carmen de la avenida Baralt y en la habitación apenas había sitio para meter la maleta. Aunque ganaba bien y pagaba apenas Bs. 5 por concepto de hospedaje, aprovecho que la cervecería cambió de dueño para renunciar y regresar de nuevo a El Tigre. Llegó y volvió a laborar en Don Lolo hasta el año 1984. Ese año decide independizarse y aventurarse a invertir sus ahorros en un negocio propio. Funda, en un pequeño local dónde funcionaba AVENSA, que administraba el amigo y siempre bien recordado servidor público, Carmito Cortéz, La Tasca La Peña” en uno de los dos locales que su hermano del alma Juan Ramos, le había comprado por Bs. 100 mil al señor Juan Aramburu. El otro espacio lo ocupó hasta el año 2004, el cubano Orlando Pineda (+) que poseía la empresa de fumigación “Venezolana de Fumigación” una vez que el local queda libre, “Pepe” también lo alquila, amplia y ahora puede atender con mayor holgura y comodidad a su numerosa y selecta clientela que cada día crece más. Es un rinconcito atractivo, encantador e interesante para la tertulia.

En la Tasca La peña, cuyo nombre proviene de la derivación del apellido del dueño, han pasado muchos empleados, pero la gente recuerda con especial cariño, respeto y admiración a Emilio Méndez detrás de la barra, como mesonero a José Vicente Guzmán y en la cocina a los chef. Marcos el canario, Carlos el gallego y la venezolana oriunda de Zuata la señora Alba, los cuales siempre han estado a la altura de las exigencias de los finos comensales que degustan con gran fruición las especialidades del arte culinario español dónde destacan el Cocido Gallego, Bacalao a la Vizcaína, los Callos a la Madrileña, entre otros y las singulares marisquerías, paellas, asopados y la infaltable y rica gastronomía criolla. Para degustar en el restaurant, llevar y contratar por encargo. No hay límites en la atención al público.

En los 25 años que lleva funcionando este concurrido sitio de encuentro por excelencia, siempre ha contado con clientes distinguidos. El Dr. Rubén Darío Lamar, los profesores Trino Pino, Omar Mosqueda, Pablo Waldrop, José Jaramillo, Roberto Salazar, Omar Salazar, los empresario Miguel Antonio Salazar, Policarpio Zambrano, con su amigo y asesor jurídico, el Dr. Jesús Ramón Arriojas Barrios, el Chief Umpire Arturo Madrid, los españoles “Pepe” García, Sergio Concepción, los Hnos. Ucha, Sabih Aranaga, Jorge Pieza y sus distinguidas familias, los dirigentes sindicales Luís “Buzo” Noriega, Rigoberto Hernández Luís “Culí” Martínez, Douglas Ávila, muchos empleados y trabajadores petroleros, Juan Tinoco que le soluciona todos los problemas fiscales, Stalin González que vende los Kino y Triple gordo, el Dr. Atilio Mazarri y Jesús “Chuito” Almeida que deleitaban todos los sábados a los asistentes con los boleros de siempre, aderezados por los chistes que caracterizaban el humor del Dr. Mazarri. Fueron veladas de ensueño.

Ahora en todos los ambientes de La Tasca La Peña hay ambiente musical en vivo y llegó la magia de la televisión por cable. Eso permite a los clientes ver las noticias del día, pero fundamentalmente los eventos deportivos del momento. Béisbol y fútbol. En esta última disciplina, José “Pepe” Peña Morales tiene un permanente invitado de lujo: el ex futbolista José Oito Lira con el cual discute y comenta las jugadas controversiales y hasta las decisiones dudosas de los árbitros. Son dos expertos de postín. Nunca juegan posición adelantada y mucho menos cometen infracción. Las tarjetas amarillas y rojas las tienen reservadas para algunos amigos que, en muy pocas ocasiones, se atreven llegar hasta el border line, pero al final se impone la cordura y la hermandad. Es un sitio de encuentro para disfrutar.

En la grafica que acompaña esta crónica, José “Pepe” Peña Morales, junto al eficiente y diligente vigilante del estacionamiento de los clientes Oscar Galea al frente de la Tasca La Peña. No hay dudas, “Pepe” es otro, de los tantos, inmigrante que llegó a la ciudad, se quedó y ha contribuido con su trabajo, esfuerzo, dedicación, empeño y disciplina a impulsar el desarrollo de nuestra querida ciudad. Hombre de hablar pausado, parsimonioso al caminar, su discreto con la clientela, parco en el hablar y de manos callosas, son características que adornan su honrosa personalidad y que lo convierten en un personaje, que debe ser tomado en cuenta, por los eximios escritores, cronistas e historiadores de la ciudad, a la hora, de escribir la verdadera historia de esta ciudad, que nació al calor de la industria petrolera un 23 de febrero de 1933. Son relatos urbanos.





domingo, diciembre 06, 2009

Las Cuatro Vías

El hábito, si no se resiste, al poco
tiempo se vuelve una necesidad
San Agustín (354-430) Obispo,
filósofo y padre de la iglesia Latina

Van y vienen en son de trabajo unos y otros a vacacionar. En ambos casos el transito es intenso en la zona sur de la ciudad, que posee una extensa zona rural, bellos paisajes y maravillosos ríos: el Caris, Moquete, el Pao, Atapirire, Cicapro, Saquimare, Mucurita, Castillito, Guacupana. Todos, obviamente, desembocan en el soberbio Orinoco. Estos caudales fluviales se convierten en muchos puntos en sitios de esparcimiento, descanso y un escape perfecto para muchos citadinos, después de una larga semana de trabajo, en la ansiosa búsqueda de eliminar el stress. Hablamos de los maravillosos balnearios y, aún más, existe la estupenda posibilidad de hacer turismo en las vías navegables y practicar el deporte de la pesca turística, artesanal e industrial. Es una zona rica y atractiva que también cobija en su seno una de las reservas petrolíferas más grandes del país. Es nuestro tesoro natural.

Esa inmensa área geográfica cobija los pueblos: Atapirire, Mucura, Boca del Pao. Asentamientos campesinos: el Aguacatal, las Piedras del Caris, La Nueva Aventazón. Caseríos: Boca de los Caños, las Malvinas. Los balnearios Puente e’ Chori, los Tubos, San Jonote, la Coera, la Aventazón, las Margaritas, el Paso del Policía, el Asiento del Limón, Paso Bajito y Puente Ramón Axondó, entre otros. También hay campos vacacionales, fincas, minifincas y los infaltables conuqueros. Una extendida franja campestre habitada por gente buena, trabajadora, productiva, cordial, hospitalaria, bondadosa, sencilla y con excelente buen humor. Un paraíso terrenal.

Cuando decimos que van y vienen en son de trabajo unos y otros a vacacionar, es por que más del 99% de los que frecuentan esa inmensa, bella y atractiva greca del sur del estado Anzoátegui, tienen que pasar por las 4 vías. Este cruce de la carretera Negra de La Flint con dirección a la intersección de Vea con la calle Brisas de Caris, que después de las paradas primigenias que fueron La Casa del Pueblo y luego la esquina de Ramón Arraíz, fue tomando atractivo gracias a la visión del emprendedor y hombre de negocios don Enrique Rodríguez Cuevas(+), quien había llegado desde Puerto Cumarebo – estado Falcón a establecerse en esta tierra de gracia. Todo tiene un inicio y un fundador.

En el año 65, don Rodríguez Cuevas, le compró por Bs. 800,oo a don Seferino Barreto, una bodeguita que mantenía en la esquina sur – este, dónde construyó el primer local – la gráfica acompaña esta crónica – al cual colocó el nombre de Las 4 Vías, sitio como ahora se conoce y se conocerá por siempre está emblemática y obligatoria parada de los que frecuentan por razones de trabajo y diversión ese prodigioso territorio. Luego le compró a la señora Andrea Urbano la esquina Sur – oeste y edificó otro local comercial, al cual le colocó el nombre de Abastos “La Falconiana”. Más adelante, en la esquina noreste, que era un terreno baldío, erigió otro local comercial, conocido como “La Apureña” Fueron tres locales, con las mismas características. Dos resisten el paso del tiempo y ésta última que la vendió al señor Julián Torres, el cual construyó su casa de familia en la parte trasera y la parte delantera, después de trabajar el negocio un buen tiempo, lo colocó en venta y fue adquirida por el renombrado artista plástico Rafael Bogarín que lo convirtió en un minicentro comercial que bautizó con el nombre de uno de los primeros habitantes de la ciudad don Rosso Mago (+). Ese proyecto de pequeños locales comerciales no tuvo éxito y luego el local fue alquilado a unos asiáticos que instalaron en sus instalaciones un comercio de comestibles. El pollo del barrancón, el veguero Maro Meza se opuso cuando fue concejal, pero la fuerza de los hechos lo derrotó y ahora hasta chinos tiene, residen y explotan sus negocios en Las 4 Vías. Es un sitio de encuentro por excelencia.

El primer local don Enrique Rodríguez Cuevas, se lo vendió al señor Pascual Rodríguez por un monto de Bs. 40.000,oo a crédito y el segundo por una cantidad más o menos similar a don Francisco Morales, que hasta ahora son los propietarios. ¿Y la otra esquina? En ella instaló una bomba de gasolina don Dimás La Rosa que completó la zona comercial de las 4 equinas, conocidas como Las 4 Vías, convirtió el sitio en el escenario ideal y en el favorito para hacer la última parada y equiparse completamente, antes de adentrarse en la zona rural. La bomba de gasolina, con el tiempo fue cerrada y, ahora en el lugar funciona la panadería, pastelería y charcutería que lleva el nombre de ese cruce caliente y transitado. Es el sitio de referencia.

Esas cuatro vías, ahora, también está convertida en un terminal de pasajeros. Allí salen los vehículos y autobuses de pasajeros para todos los pueblos, asentamientos campesinos, caseríos, balnearios y con puntos de parada dónde el o los pasajeros quieran quedarse. Todos los días, desde las primeras horas del día y hasta bien entrada la tarde la actividad es dinámica, hay aglomeración de personas, concentración de comerciantes formales e informales que ofrecen frías por cajas, licores de todo tipo, carnes, huesos, puesto de periódicos, loterías, hielo, frutas, verduras, queso criollo, leña, empanadas, papas rellenas, comidas criollas a precios populares, azúcar y café a precios no regulados y hasta juegos de billar y pool para los que permanecen por más tiempo y los vecinos. Hay para todos los gustos y a todos los precios. No hay pa’ pierde con nadie, ya que, cuando ya no está trabajando el transporte de pasajeros, siempre se consigue una colita para llegar al sitio deseado. Generosidad y solidaridad, todavía forman parte de la idiosincrasia del colectivo que por allí transita.

Las 4 Vías es un sitio, repito, de encuentro por excelencia. Allí con mucha frecuencia hay las habituales tertulias de amigos dónde usted se entera de los últimos acontecimientos de toda la región, la ciudad, el estado y el país. Joseíto Salazar, los cantautores Cheo Roldán, Pedrito Sotillo, Chaia Lira, el poeta Golo Mogollón, Jimmy Guillen, Simón Medina, Hilde Salazar, José Vicente Torrealba, José Vicente La Rosa, Santana Lara, José Guevara, Los hermanos Meza, Carlos Barreto, Juan Maurera, Moncho Meza (+) Roberto Salazar (+) José Roldán (+) Pedro Sotillo (+) Giovanni Prado, Alberto Sifontes, Alberto Quiriagua, el Mocho Carias, Carlos Carpio, Quiber Piamo, Francisco Quijada, entre otros. Con ellos usted se informa de lo humano y lo divino. Cuando no están en Las 4 Vías, es porque la reunión se trasladó un poco más allá en “El Galpón” – última parada para llegar al Cementerio – dónde el anfitrión es Alexander “Alito” Molero que forma parte del clan de amigos. Para este grupo de amigos, estar en ese círculo, más que un hábito es una necesidad. Conste no hablo de chismes.

Escribimos estos comentarios como un aporte a los eximios cronistas de la ciudad para que a la hora de escribir la verdadera y autentica historia de nuestra querida urbe, cuenten con algunos datos fidedignos que puedan servirle de referencia para adelantar una investigación rigurosa del porque de las cosas, de dónde venimos, dónde estamos, hacía dónde vamos, los nombres de personajes pasados y presentes que con sus códigos, costumbres, presencia, hábitos, trabajo, esfuerzo, dedicación y laboriosidad contribuyeron y contribuyen al desarrollo y consolidación de El Tigre, que a pesar de las adversidades, continúa su aluvional e indetenible crecimiento proyectándose como una gran metrópoli. Tiempo al tiempo.