sábado, octubre 03, 2009

Personajes de mi pueblo: Toñito Liccioni

La vida de los muertos está
en la memoria de los vivos

Marco Tulio Cicerón (106-43 a.C.)
Escritor, político y orador romano.


En el naciente pueblo de El Tigre, cuando transcurría el año 1945, estando en pleno desarrollo la revolución de octubre, llegó el hombre que se convertiría en el primer Radio Técnico en la historia de la ciudad. Antonio María Liccioni Azanza, venía a probar suerte desde su lar nativo Ciudad Bolívar. Era descendiente de una familia corsa, la misma tierra que vio nacer a Napoleón Bonaparte o sea el pueblo de Ajaccio, capital de la actual Córcega y cuyo apellido italianizado era Buonaparte. Toñito Liccioni, como se le conoció durante su larga y fructífera vida, fijó su residencia, talleres y negocios en la esquina de la calle Brisas del Mar con calle Miranda de Casco Viejo (La foto es del sitio exacto. Todo el pintado color amarillo y azul) Allí llegó, vivió, trabajó, formó su prolija familia, al lado de su esposa, la calabresa Elia Sebastiani y allí murió. 6 hijos Elia, Antonio, Thaís, Magaly, Roberto, Carlos y numerosos nietos y bisnietos, le sobreviven y recuerdan con amor, cariño, respeto y veneración. Un gran hombre que creyó y contribuyó con su trabajo y tesón a la consolidación del pueblo.

Don Antonio Liccioni era a la sazón un especialista violinista, en esa faceta fue fundador en Ciudad Bolívar, al lado de su amigo Víctor Yelamo, de la banda municipal y también ambientaba musicalmente las películas silentes que proyectaban en el cine América de la capital bolivarense. Aquí en El Tigre, se destacó como telegrafista, fue uno de los primeros radioaficionados que estuvo identificado con las siglas (YV6DN) permiso expedido por el Ministerio de Comunicaciones y para variar en uno de sus locales instaló, a pesar de que no existía servicio de electricidad pública, una fabrica y venta de pocicles y helados que puso en funcionamiento y producción con una planta eléctrica de manufactura alemana, la cual adquirió con su propio peculio. Esa fábrica de helados, los cuales vendía todas a locha (Bs. 0,121/2) y que deleito el paladar de grandes y chicos, el señor José Ramón Ron Padilla fue uno de sus más consecuentes clientes, hasta que le tuvo que bajar la Santamaría, porque la planta hacía mucho ruido y molestaba a los vecinos. Producía, lo que ahora se conoce como contaminación sónica. No había Ordenanza de convivencia ciudadana, pero Toñito fue siempre un buen vecino y mejor ciudadano.

Como Radio Técnico, a la cual consagró su vida Toñito Liccioni, cuyo taller prestigiaba con su apellido, atendía a todos los vecinos que tenían problemas de desperfectos con sus radios, necesitaban ampliar su recepción y una que otra reparación; también le metía a los tocadiscos, rockolas y en más de una oportunidad fueron requeridos sus servicios por los señores Roberto Bonaguro y Manuel Otero dueños de las primeras plantas eléctricas que prestaron el servicio de alumbrado público, comercial y doméstico a la incipiente población. Además cultivó una excelente relación de amistad y profesional con don Carlos Poleo que fundó e instaló La Voz de El Tigre, a cuyas instalaciones, eventualmente le prestó servicio técnico. Era el radio eléctrico por excelencia y fue referencia obligada por mucho tiempo en la ciudad.

En una tarde calurosa, en los inicios de la década de 60, Toñito Liccioni, recibió en su taller la visita de un joven que lucía un impecable traje formal, se le presentó y le dijo “Yo soy el nuevo director del Liceo Pedro Briceño Méndez y vengo a presentarme de parte del Prof. Bartolomé Marín” le extendió la mano y después de un fuerte apretón, le preguntó ¿Tú bebes aguardiente? y éste solícito le respondió sin titubeos ¡Claro! entonces no perdamos tiempo, véngase en mi vehículo, se fueron, llegaron al Bar Rest. Las Vías que funcionaba en la avenida España, dónde hoy está edificado el Banco Venezuela, antes Latino y Caracas. Era nada más y nada menos que el Prof. José Antonio Arias Reyes, con el cual entabló una amistad personal, social, familiar y, porque no decirlo, etílica hasta el resto de sus vidas. Ambos con una cultura etílica impecable.

Una vez retirado de la actividad laboral, Toñito Liccioni, todos los días, después del almuerzo, esperaba al Prof. Arias Reyes que también estaba jubilado y se sentaban a tomarse sus respectivos escoceses. En una oportunidad, había un grupo numeroso y una dama, le preguntó con cierto halo de preocupación ¿Por qué usted no se manda a operar esos bocios? A lo que Toñito respondió con su proverbial amabilidad y buen humor “Ay, mija los hijos míos, me tienen loco con esa misma canción, pero como yo no estoy para que me cojan cría y esos bichos no me impiden tomarme mis whiskys, mejor dejo eso así y no me los dejo ni tocar” Todos soltaron las carcajada por la genial salida y la velada continúo sin novedad. Esas y, muchas otras anécdotas, hay de don Toñito Liccioni que por razones de espacio dejaremos para otras oportunidades.

Está crónica la escribimos con la sana intención de contribuir a fortalecer nuestra frágil memoria histórica y rendirle un merecido tributo a los hombres y mujeres que contribuyeron con su fructífero trabajo, mística y laboriosidad al crecimiento, desarrollo y consolidación de la pequeña urbe de la cual hoy disfrutamos, a pesar de la falta de electricidad, agua y la invasión de la basura. Aún muertos, estos personajes, están en la memoria de los que, por ahora, seguimos vivos.

sábado, septiembre 19, 2009

Personajes de mi pueblo: El pan margariteño, Machelo

Dios ha puesto el trabajo
por centinela de la virtud

Homero (s.VIII a.C.)
Poeta griego.


Hijo de margariteño, aunque nazca en Jusepín, sea monaguense e hijo adoptivo de El Tigre come pan artesanal originario de la isla. En el caso de Marcelino Gómez el popular Machelo, perfectamente se da esa premisa y más aún, lo distribuye y vende por toda la zona de Pueblo Nuevo – norte y sur – desde hace 38 años conduciendo su bicicleta de reparto. Clientes viejos, fijos, eventuales, nuevos y hasta turistas le compran el pan margariteño que les llega calientito a las manos, son una delicia para complementar cualquiera de las 3 comidas y hasta resuelven una de ellas con mantequilla, queso, guarapo, jugo, refresco, chocolate, café con leche y hasta a capela. El cayuco mayor José Jiménez lo come hasta con papelón para darle fuerza a la voz cuando canta el galerón.

Hijo de los margariteños Eutoquio López y Valentina Gómez, que llegaron a Jusepín estado Monagas, dónde el padre logró empleo en la industria petrolera, luego lo trasladaron a Anaco, hasta llegar y fijar residencia definitiva en El Tigre, dónde Machelo concluyó sus estudios de primaria en la escuela Rafael Antonio Fernández Padilla de la Charneca que dirigía la Prof. Isbelia de Ruiz. No pudo continuar sus estudios ya que contrajo nupcias con Nélida Salazar y tuvo que salir a ganarse la arepa para la familia que establecía y la opción del momento fue vender pescado fresco en la mañana y el pan margariteño en las tardes. En esas 2 actividades trabajo hasta el 2001, cuando abandonó la primera y se quedó con el pan.

Hasta ahora, Machelo, tiene 5 hijos y 12 nietos, se las ha visto duras, pero le ha sobrevivido a la adversidad, durante sus diarios recorridos por las calles de Pueblo Nuevo, es habitual verlo en su bicicleta de reparto, su gorra, su cajón al frente, una pimpinita de agua y escucharlo vocear, con fuerte e inteligible voz que llegó el pan margariteño calientito y listo para degustarlo. En esa tarea se mantiene desde las 11 AM hasta las 6 PM y durante todo ese tiempo conserva su proverbial entusiasmo, jovialidad y buen humor. Ver molesto a Machelo, es más difícil que llueva pa’ arriba, cuenta el Prof. Neuman Cedeño uno de sus clientes más consecuentes.

La elaboración de ese pan artesanal, la inicio en su casa de la 2da. carrera norte, con un horno de barro, en la década del 50 el margariteño don Pedro Silva y el cual al retirase a sus cuarteles de invierno les entregó el testigo a un hijo y un sobrino que lo mantienen vigente y en plena producción. Ese delicioso pan, lo comenzó vendiendo Machelo en 4 presentaciones: a locha, a medio, a real y el más grande un bolívar. Hoy y, por ahora, sale de un sólo tamaño y su valor es de 8 bolívares la unidad. Los clientes, obviamente se quejan, pero entienden que la culpa no es del vendedor, ni del productor es sencillamente consecuencia de la galopante inflación que azota a Venezuela. Edgar Brito chilla y como no tiene opción, con el dolor de su alma, lo adquiere y lo rebana para que le rinda y poder llevarle un poquito a su cuñado Oswaldo Rivilla para que no se acueste con el estomago vacío.

Marcelino Gómez el respetado, admirado y apreciado Machelo es todo un personaje en la ciudad. En sus largos 38 años transitando las calles de Pueblo Nuevo, nunca ha sido víctima del hampa ¡Dios y la Virgen del Valle lo protejan! y cuenta con una legión no de clientes, más bien de amigos que entienden su situación y muy poco le solicitan crédito, todos cancelan de contado para que él y su familia puedan sobrevivir de la poca ganancia que le genera la venta del pan margariteño el cual a la sazón, proviene de una industria artesanal que se mantiene de los ingresos diarios y tampoco puede darse el lujo de salir a flote con una línea de crédito ni siquiera a corto plazo. Hay que adquirir el pan margariteño que es autóctono y pagar de contado.

Escribimos estás líneas para contribuir a que nuestra frágil memoria histórica, no olvide estos personajes que con su trabajo denodado, constancia, virtuosidad y sobre todo su integridad personal, forman parte de nuestro diario panorama visual citadino y que quizás, de tanto verlos, pasan desapercibidos para muchos, pero que están allí haciendo la historia menuda y productiva de la ciudad.
En la gráfica Marcelino Gómez (Machelo) a la derecha procede a venderle su rico pan a Víctor Domínguez quién es vecino del sector sur y fue a su encuentro en el sector de las 6 esquinas dónde concluía la venta respectiva a la señora Amanda de Martínez.



En la Gráfica: don Antonio Oliveira frente a la panadería y pastelería Chantily. Fue la última de las tantas que fundó.

martes, septiembre 08, 2009

Las primeras paradas obligatorias del pueblo

Una memoria ejercitada es guía más
valiosa que el genio y la sensibilidad

Friedrich Von Schiller (1759-1805)
Poeta, dramaturgo y filósofo alemán.


En todas las ciudades existen las calles de transito y paradas obligatorias para los transeúntes. Todo depende hacia dónde los citadinos se dirijan. En el caso de la ciudad de El Tigre, casi todos, los que buscan en dirección a la zona rural del sector sur, el Caris, Paso Bajito, Moquete, Caldereño, Atapirire, Múcura, Boca del Pao, balnearios y fincas aledañas, después de abastecerse en el comercio local, tenían una última parada obligatoria. La Casa del Pueblo de don Rafael García, ubicada en la esquina de la calle Colombia cruce con Calle Ribas e inicio de la calle Brisas del Caris que empata en la 4 vías con la carretera del Caris y en el punto de lo que fue la Casa Nueva York se bifurca hacia el suroeste creando la calle Falcón de Pueblo Ajuro.

La Casa del Pueblo mantuvo la supremacía por bastante tiempo. Era la bodega de la salida por excelencia, en ella se conseguía desde un alfiler hasta el kerosén que vendían al detal. Una fría, aguardiente, whisky, cartuchos, un refresco las compras de último momento para el abastecimiento completo y una vez que estaban como carrito de compañía, feliz viaje. En ese lugar era común encontrar cuadrillas de trabajadores petroleros, dueños de fincas, turistas, vecinos de la zona rural esperando una cola y la permanencia de vecinos, que convertían el lugar, en un sitio de encuentro propicio para la tertulia franca, abierta y desprendida entre amigos, ya que por esos tiempos, todos se conocían. La conversación versaba sobre lo humano, lo divino, el trabajo, las noticias y de dejaba colar hasta el chismecito del momento.

En la medida que fue creciendo el área urbana de la ciudad. Desde el Casco viejo hacía Pueblo Ajuro, en la calle Brisas del Caris, cruce con 5 de julio, el lugar dónde se inició el barrio La Cruz, que se conoció por muchos años, como barrio Loco, el señor José Luís Salazar, el popular Sampa, construyó un kiosco de bahareque – el encofrado fue hecho con caña brava – que le suministró José María Lira Reyes, ese pequeño local que fue víctima de un pavoroso incendio, cuando bajó un torrencial aguacero con tormenta eléctrica, explotaron los tanques negros y la candela arrasó el sector y amenazaba con pasar la calle Brisas del Caris hacía el oeste que era lo que estaba poblado en Pueblo Ajuro.

Pasado el susto y superada las perdidas, Sampa reconstruyó el kiosco los usufructuó por un tiempo, luego lo vendió al portugués Juan Núñez, que después, se lo dejó a Josefina Salazar, con la cual tuvo una hija, la buena moza Fátima y esta a su vez, se lo cambió a su cuñado Ramón Array por una casa lindante, en la cual todavía habita con su familia. Lo cierto del caso es que el Negro Ramón Array, le puso cariño, lo rehizo con bloques, como se observa en la gráfica que acompaña esta crónica, y convirtió el punto en la segunda parada obligatoria de esa salida del pueblo hacia el sector sur, después de la primigenia Casa del Pueblo. Uno de los más consecuentes viajeros que hacía su parada en ese sitio fue don Benito Villasana, dueño de la Gestoría Villalta que funcionaba en los alrededores de la Plaza España, atapirireño de pura cepa, quien siempre poseyó vehículos último modelo, con aire acondicionado y los cuales estacionaba en la acera que daba al patio de la casa de don Benigno Piñero, en cuyo solar habían frondosas matas de mango que brindaban una buena sombra sus lujosos automóviles que siempre lucían impecables. Una novedad para la época.

En una oportunidad Daniel Salazar, el popular “Tabú”, cuñado de Ramón Array, le pidió una cola para Atapirire. Don Benito, le preguntó, ¿me podrá dar la cola en su pick up para Atapirire? éste le responde con la proverbial cordialidad y amabilidad que le caracterizaba “Caramba Daniel con mucho gusto, pero llevo los puestos adelante ocupados, (lo acompañaban como de costumbre dos lindas damas) salvo que te quieras ir en la parte trasera”. Daniel sin pensarlo dos veces se embarcó y murmuró en voz alta. “Caramba, don Benito creerá que va llegar primero que yo” don Benito Villasana, soltó una carcajada por la ocurrencia y arrancó. ¿Quién llegaría primero al pueblo? Los dejo a su libre interpretación.

Esos fueron las dos primeras paradas obligatorias. La casa del Pueblo que continúa vigente, ahora como licorería y la Bodega Array, que también tuvo una de las galleras más populares de la ciudad y ahora, en muy poco tiempo será demolida y será historia, ya que don Ramón Array, que con el paso de los años, sufre de muchas lagunas mentales y aún cuando es oriundo de Atapirire, vive al lado de su familia en Valencia, los cuales vendieron las bienechurías al próspero comerciante Enrique Castellano, propietario de “Agropecuaria Castellanos” quien construye un moderna edificación para instalar su negocio de distribución de productos para las tareas del campo.

Hoy la parada obligatoria por excelencia es las 4 vías. Esa es otra historia, por los momentos y por razones de espacio, la dejamos hasta aquí. Empero, esta remembranza de esas paradas obligatorias, la hacemos para refrescarles la memoria a los adultos mayores que compartieron esas vivencias, ilustrar a las nuevas generaciones acerca de nuestro rico pasado reciente y contribuir a que no se pierda la memoria histórica de la ciudad. No olvidéis que nuestra memoria, como afirmó el poeta escosés Robert Louis Stevenson, es magnifica para olvidar. Importante, ejercitarla para no olvidar de dónde venimos, dónde estamos y hacía dónde vamos.

lunes, agosto 31, 2009

Personajes de mi pueblo: ROGINO

¿Cuál es el sueño de los que
están despiertos? La esperanza

Carlomagno “Carlos I, el grande” (742-814)
Monarca germano.

En Ciudad Bolívar, el 15 de diciembre de 1938, vino al mundo Noel Rosales Rogino, cuando cumplió los 7 años sus padres Sabino Rosales, guayanés y María Lastenia Rogino, oriunda de Uracoa estado Monagas, lo trajeron a El Tigre, fijaron residencia en la calle Ribas nº 37 del naciente pueblo. El Viejo logró empleo en la Mene Grande Oil Company y en su largo matrimonio procrearon 3 hijos. Jesús Rafael que fue gerente del Banco Unión en el tiempo que sus oficinas funcionaban en el Centro Comercial Murhib. Oswaldo Eloy, que se procuraba la arepa vendiendo la crónica policial y otras revistas de aventuras a los citadinos y pobladores de los pueblos aledaños y nuestro personaje, el popular y conocido Rogino, que fundó el primer gimnasio del pueblo.

Noel Rosales, el popular Rogino, quien es muy parco y pausado en el hablar, dice que, a sus 71 años mantiene la esperanza de que, las autoridades competentes, se preocupen por su caso. Está desempleado, perdió un ojo cuando realizaba labores de pintura, una gota le cayó en el izquierdo y él pensando que el jugo de limón le limpiaría y calmaría el ardor, se lo aplicó y lo que hizo fue dañarse la cornea, está prácticamente tuerto, pero con inmensos deseos de obtener su pensión del Seguro Social, mantener la actividad física e incentivar y motivar a los niños y jóvenes del barrio Las Delicias, dónde vive en la calle Libertad 39, al lado de su esposa que es oriunda de Paríaguan de nombre Santa Benigna Gonzáles de Rosales, la cual se desempeña como camarera en la Clínica del Sur, con ella procreo 8 hijos que les han proporcionado hasta hoy, 11 nietos que alegran su humilde hogar y que son la prolongación de su vida.

El popular Rogino, cuenta que todos los equipos para el gimnasio, los fue adquiriendo con recursos propios, la ayuda de su padre que trabajo 27 años en la industria petrolera, a los jóvenes del sector que realizaban sus ejercicios físicos en su local, les exigía, a los que podían, un pequeño diezmo, además de requerirles disciplina para lograr los objetivos que se proponían como era desarrollar la musculatura, en un cuerpo sano y mantener el ritmo del entrenamiento. Recuerda que el famoso Sansón, Antonio Liccioni (h), los hermanos Ojeda, Rubén y Juvenal a la sazón compañeros de Desmond Coll en el conjunto de Stel Band, Estrellas de fuego, desarrollaron buen físico en el gimnasio. Otros que disfrutaron el gimnasio como hobby y que conformaban la generación de relevo del pueblo, como el general Dumas Meza Meza, los hermanos Lira Humberto, Vicente, el Chino, Chaía, el Negro y Oito, todos del árbol genealógico de José María Lira Reyes y doña Margarita Rondón, fundadores del pueblo, los hermanos Piñero Luís Ramón, Timoteo y Choncho, los hermanos Tovar Francisco y Pedro el primoroso barbero y cotizado músico cuyo nombre artístico es “Culebra”, el Cnel. Dámaso Cabrera, los hermanos La Rosa Manuel, Ángel, Cesar, Alfredo, Arnaldo, Eduardo, Dimas, José Vicente, todos de la prolija cosecha matrimonial de Don Dimas, uno de los primeros habitantes del pueblo y fundador de la ciudad, los hermanos Farrera, Miguel y el coco liso Ramón, el cnel. Eduardo Mirabal Castillo, Antonio Sotillo el conocido “Dr. en ciencias refrigeradas” como lo bautizó Vicente Lira, los hermanos Biscochea, Edgar, Rubén y Fidias, estos dos últimos, de tanto alzar pesas crecieron, pero a los lados, los hermanos García, Argenis y Exenio descendientes de don Rafael García, primer propietario de la Casa del Pueblo, Jesús Medina, Boanerge Meza Meza, Alejandro y Guayo Meza, Erasmo Jiménez, los hermanos Hernán y Enrique Hidalgo, los hermanos Rodríguez, Ernesto (Pinocho) Alfredo (Conejo), de ese grupo, casi todos con vida y son todos hombres de bien, trabajadores destacados profesionales en diferentes disciplinas, notables y reconocidos deportistas, poetas y escritores.

En la década del 60, recuerda Rogino, visitó el pueblo una delegación de los Estado Unidos que se hacia llamar “Cuerpo de Paz”, se interesaron en el desarrollo de su musculatura, tipo Charles Atlas, lo invitaron hasta Pueblo Ajuro, posó para sus cámaras, le hicieron un set de fotos, pero más nunca volvió a saber de ellos. También para esa época, estaba en todo su esplendor el cine mexicano y todos coincidían que Rogino, poseía un parecido físico con el actor Wolf Ruvinskis y para las nuevas generaciones, al ver la foto que acompaña esta crónica, muchos dirán que también, en el esplendor de su vida, se parecía al actor Andrés García. Obvio, cada quien en su tiempo y lugar.
Lo cierto del caso es que Rogino, quien es extremadamente católico, fue el fundador del primer gimnasio de la ciudad, el cual funcionó en la calle Ribas 37 del casco histórico y cómo todos aspiramos que no se disipe la memoria histórica, esperamos de igual manera, que aquellos ciudadanos que escribieron esas bellas páginas de nuestra historia local, que todavía están despiertos, gocen de la debida atención de las autoridades competentes para que mejoren su calidad de vida, puedan disfrutar de la obligatoria, legal y constitucional seguridad social, que les maximice la dignidad con las que han vivido hasta hoy. Por ahora, una súplica ¡La pensión para Rogino! Bien merecida y mejor ganada. Es la esperanza.

domingo, agosto 23, 2009

Los límites de Simón Rodríguez – Guanipa (Primera Parte)

El presente es la viviente
suma total del pasado

Thomas Carlyle (1795-1881)
Historiador y pensador escosés.


En el año 1948, cuando la honorable Asamblea Legislativa del estado Anzoátegui, bajo la Presidencia del Dr. Jaime Lusinchi, creó el Distrito Simón Rodríguez, su área geográfica la conformaban los municipios El Tigre y San José de Guanipa, ambos pertenecientes al Distrito Freites. Cómo es obvio, ya estaban perfectamente demarcados. La línea divisoria de esos municipios se inicia en el paso del Tigre, pasa por los portones del antiguo deposito de la Pepsi Cola, hoy Coca Cola FEMSA, gráfica que acompaña esta crónica y se proyectan hacía el sureste. Esa realidad nadie la cuestionó, discutió o reclamó porque los dos municipios estaban bajo la autoridad que despachaba desde El Tigre, que a la sazón, era la capital del Distrito Simón Rodríguez.

En el segundo semestre del año 1973, es elevado el municipio San José de Guanipa a la categoría de Distrito, constituyen una junta administradora provisional, en las elecciones de diciembre eligen los concejales y el 2 de enero de 1974 se instala formalmente la cámara municipal, resultando electa la señora Lala de Mujica como Presidenta. En materia de límites, la situación continuó igual, ya que los lotes de terreno en la franja limítrofe tenían un valor ínfimo, los pueblos estaban estancados, las zonas urbanas retiradas y nadie mostraba mayor interés en el asunto. Los dos pueblos disfrutaban de paz, tranquilidad y no existían mayores sobresaltos.

El Presidente Carlos Andrés Pérez Rodríguez, asumió el poder ese mismo año, cobró vida el primer boom petrolero, la recesión que había azotado está región a finales de la década del años 1960 fue cediendo, la gente que se había marchado empieza a regresar, los inversionistas fijan su vista de nuevo en esta tierra de gracia, la región logra un gran impulso económico, ambas localidades emprenden un crecimiento acelerado, las áreas urbanas empiezan a acercarse, confundirse en una sola y van creando progresiva e imperceptiblemente una gran conurbación que está consolidada en el presente. En aquel momento, incluso hay quienes plantearon la posibilidad de crear un Distrito Metropolitano que asumiera el control político – administrativo los dos pueblo y esa metrópoli se convirtiera en la capital del estado del sur o estado Guanipa, una idea que impulsó el poeta Heli Colombani y que todavía está latente en el corazón de los habitantes de esta vasta región que pareciera fue desheredada de las glorias del Gral. José Antonio Anzoátegui.

En ese tiempo, por efectos del crecimiento de ambas localidades, surge la primera controversia por los límites de ambos Distritos. Los hermanos Hussein adquieren dos lotes de terrenos, (cerca de 700 has. en Simón Rodríguez y cerca de 300 has. en San José de Guanipa cuyo precio por ha., fue de Bs. 1 – un bolívar) exactamente dónde hoy está construida urbanización “La California”, para lo que supuestamente seria, con financiamiento del Banco de los Trabajadores, presidido por el archi conocido Eleazar Pinto. El litigio llegó cuando las autoridades del Distrito Simón Rodríguez cuestionaron la protocolización de los documentos en el registros, argumentando que todo el lote de terreno pertenecía, por en territorio de sus límites. La cuestión no llegó a mayores en ese momento, pero luego los hermanos Hussein revivieron el conflicto cuando constituyeron una compañía cuyo capital estaba representado en esos lotes de terrenos fijándoles un precio de Bs. 3,50 y con esa revalorización triplicaban el valor del terreno para los efectos de obtener ventajas en el crédito que gestionaban ante el BTV, vinieron a obtener la validación de las Cámaras Municipales, hubo un gran escándalo de corrupción con ribetes nacionales. Eso constituyó otra alharaca que murió por la caquexia que sufre nuestra justicia. Esa es otra historia.

Esta crónica intenta restituir parte del polvo histórico que han traído estos lodos conflictivos, los cuales los continuaremos colocando en el tapete de la opinión pública, con la sana intención de contribuir a ubicar en su verdadera dimensión cronológica, un problema que surge cíclicamente cada vez que se presenta un pequeño incidente con relación a la autoridad que alguno de los dos alcaldes debe tener en la zona en litigio para los efectos de la venta de terrenos, permisología, cobro de impuestos, prestación de servicios o cualquier otra situación que vulnere sus supuestas competencias. Es una historia muy rica, encantadora e interesante de nuestro bucólico pasado, que sumando todas las omisiones, nos trae cíclicamente a este conflictivo y vivo presente que existe por los límites entre los municipios Simón Rodríguez y San José de Guanipa.



martes, agosto 18, 2009

La carretera negra la Flint

Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo
de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos

Henri Bordeaux (1780-1963)
Escritor francés.



Hace pocos días, en una reunión política en el sector oeste de la ciudad, uno de los participantes preguntó ¿porqué esta vía posee el nombre de Carretera Negra “la Flint”? muchos se vieron las caras, lo miraron con asombro ya que la interrogante provino de un joven que promediaba los 30 años. Caramba, exclamaron, casi al unísono los más avanzados en edad. ¿No sabes tú que en la esquina dónde acaban de inaugurar el Centro Comercial “Babilonia” funcionó por muchos años y desde su llegada a la ciudad la empresa trasnacional petrolera “Flint Constructión Company? ¿Desconoces que la gente por asociación se acostumbró a llamar esa carretera negra o pica petrolera, que existía desde la entrada a Pariaguan, cruzando hacia el cruce de Vea, dónde funcionó el Night Club el 73 que luego se llamó Alí Baba, hasta el cruce de VEA? Vea usted, “Lo desconocía totalmente respondió el joven que agradeció la aclaratoria”. El que pregunta llega lejos y difícilmente se equivoca.

El anterior relato, revela una vez más, lo frágil de nuestra memoria histórica. La ciudad va creciendo a un ritmo acelerado, muchas empresas desaparecen, se instalan otras, con el desarrollo urbano en permanente evolución, de forma casi imperceptible va modificándose la estructura inmobiliaria y la panorámica de la ciudad. Empero, el paso del tiempo, va dejando su huella indeleble como en el caso de la trasnacional de servicio Petrolero Flint Constructión Company, la cual fue mudada para la entrada norte y allí, también dejó un legado histórico, ya que la cabria que instalaron en los altos de lo que fue su sede, está declarada patrimonio histórico de la ciudad reconociéndolo como símbolo de nuestros orígenes petroleros y salvo que llegue un atorrante, desalmado e ignorante al gobierno local, perdurará para toda vida y continuará siendo punto de referencia para identificar nuestro inicio como pueblo y hasta para alguna dirección, cómo lo era la bomba Primavera que fue víctima de la acción de un troglodita que llegó a la alcaldía por un accidente electoral.

Volviendo a la Carretera Negra La Flint, debemos decir que antes fue una de las llamadas picas de la industria petrolera, y por muchos años fue el border line de los límites de la ciudad. Antes, ese borde fue la calle Nueva Esparta que tiene su punto de partida exactamente en el campo de fútbol “David Mota”, en Pueblo Ajuro y llega hasta la vía en cuestión. Por esa particularidad en su vértice era conocida como Punta de Cuchillo ya que el otro límite lo creaba la avenida cinco, ya que la Charneca no existía. En el sector suroeste de la Carretera Negra de la Flint estaba instalada la zona de tolerancia, conocida como el Mosquero y cuyos negocios más conocidos fueron los night club Mi Balconcito, el 73, que luego se llamó Alí Baba y un poco más hacía la Chicagua el Todo Paris. Mas tarde fueron apareciendo las populares taguaras, dónde destacaban La Calandria, el Paraparo, la Guayanesa, El bar El Tigre, La Cueva del Humo y al final, ya en el cruce con la carretera de Pariaguan el Bar El Faro. También surgió lo que hoy se conoce como las 4 vías, cuyos negocios principales fueron construidos y regentados por don Rodríguez Cuevas y la bomba de gasolina de don Dimas La Rosa. En esa carretera también tenían sus pequeños negocios, el insigne trabajador Manuel Veracierta “El cochinero” que desde muy cerca de dónde funcionó el taller mecánico H.R, de Hugo Rangel, ofrecía sus exquisitas morcillas, frituras y los infaltables chicharrones y también, frente al campo deportivo Los cachorros, el polifacético Juan Ramírez quien al lado de su inseparable esposa Rosita, ofrecía sus suculentas parrillas con ensalada, yuca sancochada, casabe y buen picante criollo. Eran Tiempos de hallaca a realito y Pepsicola a mediecito, de los de antes, que tenían un poderoso poder adquisitivo.

Es de destacar que en las adyacencias de la carretera Negra La Flint, funcionó el primer matadero del pueblo, en lo que hoy conocemos como la entrada del barrio los Sabanales cuyo acceso era por el final de la calle Rivas. Como cosa curiosa, cuando fundaron la escuela Hernández Parés, siempre fue llamada la escuela del matadero, hasta que fue olvidándose que muy cerca funcionó la sala de matanzas y la escuela, gracias a la perseverancia de maestros, alumnos y la comunidad, recobró su propia identidad y hoy todos orgullosamente la llamamos con el nombre que fue bautizada desde el día de su inauguración. En esa prestigiosa casa de estudios, recibieron clases mis hermanos Edgar José y Miguel Antonio Salazar en las aulas que estaban bajo la responsabilidad de la estricta y excelente maestra Luisa Páez quien fue toda una institución del magisterio de la época. Una disquisición: a pesar de la mano de hierro y los castigos severos, ninguno de ellos ni sus compañeros, se traumatizaron.

Esta pequeña crónica de la Carretera Negra La Flint, que acompañamos con una foto desde el sitio dónde funcionó la trasnacional Flint Constructión Company y en el cual ahora, está recién inaugurado el Centro Comercia Babilonia, la hacemos con la sana intención de contribuir con la preservación de nuestra frágil memoria histórica, recrear la de muchos citadinos que conocen perfectamente esta historia reciente de la ciudad y nunca olvidar que somos ese quimérico museo de formas inconstantes.



lunes, agosto 03, 2009

Personajes de mi pueblo: Santos Carett

El arte de la vida es el
arte de evitar el dolor

Thomas Jefferson (1743-1826)
Político y filósofo estadounidense.




Durante 30 años, vimos en las calles del pueblo al amigo Santos Rafael Carett Álvarez a bordo de una bicicleta, boleta en mano, llevando y entregando en las manos las citaciones que el Cuerpo Técnico de Policía Judicial (CTPJ) le hacía a los requeridos para alguna investigación. Los vecinos cuando lo veían acercarse a una casa exclamaban “llegó la paloma mensajera de la PTJ, en algún rollo está metido alguno de los que allí viven” Era la verdad, le correspondió por espacio de 30 años, llevar las malas nuevas. Responsable, serio y puntual con su trabajo, se convirtió, en todo un personaje del paisaje citadino.

Con su proverbial humildad y espontaneidad, cuenta que, llegó a ese trabajo porque cuando promediaba los 20 años, había nacido el 01 de noviembre de 1941, hizo amistad con el cabo GN Ramón “Boves” Trías que era alto funcionario de la Digepol, la cual funcionaba en la primera carrera al lado de La Comercial Moya Meneses. En la relación que existía entra el CTPJ y la Digepol, conoció al comisario Francisco Medrano que era el jefe de la policía científica, quien lo invitó a su cuerpo para que se desempeñara como mensajero, cargo que ostentó por espacio de 30 años y se vio obligado a abandonar cuando sufrió junto a un primo, un accidente automovilístico cuando se dirigían a Anaco y en cual perdió el brazo derecho, se partió una pierna y después de una larga convalecencia, apenas pudo recobrar su capacidad para caminar, cuestión que hace con mucha dificultad apoyándose en un pequeño bastón. Poseía problemas motores congénitos y esa tragedia casi lo desgracia totalmente.

Recuerda que en esa larga estadía en el CTPJ hoy CICPC, su sueldo dependió siempre de los gastos de funcionamiento que le eran asignados mensualmente a la oficina El Tigre, la bicicleta era del cuerpo y nunca obtuvo cargo fijo. En esos 30 años, conoció a muchos comisarios que pasaron por la jefatura de esta importante delegación. Francisco Medrano con el cual se inició y luego recuerda entre otros a Simoza, Líbano Hernández, Carpio Osuna, Bermúdez Galantón, Edgar Evans Guatache, famoso por el caso William Frank Niehous, hoy convaleciente en Caracas afectado por un cáncer el cual todos aspiramos pueda vencer, Cuoto Rondón, José María García, Ramírez Gutiérrez y Tononi que fue su último jefe. Con todos, dice con satisfacción, mantiene una excelente relación de amistad, con los que todavía están activos y son altos funcionarios en la capital, las pocas veces que los visita, lo reciben con gran aprecio, cariño y respeto. A falta de seguridad social, le queda ese premio de consolación. La amistad de quienes fueron sus jefes inmediatos.

Oriundo de El Tigre e hijo del guireño Julio Carett y la guayanesa Luisa Álvarez, a pesar de las tragedias, la dificultad motora con la cual nació y que agravó el accidente automovilístico, no se rinde ante las desdichas y aún cuando del CTPJ no le quedó ni la bicicleta, ahora armado de su bastón y un celular, prácticamente arrastrando las piernas y a pesar de sus 68 años, todavía busca la arepa para vivir con dignidad. Vendió terminales y como a nadie la falta Dios su tío Manuel Álvarez quien era preparador de caballos lo dateaba por teléfono y con esa ventaja se acerca al remate y por cada dato obtiene entre Bs. 10 y 20, que le resuelven la semana. Una vez que murió su tío, ya había hecho contacto con otros entrenadores y algunos jinetes, los llama y lo siguen dateando para continuar su actividad. Entre sus clientes favoritos está el amigo ex prefecto Emersón Camero que no mete una locha a un caballo, si primero no lo consulta y según relata, con picardía Santos Carett, en las apuestas le va muy bien

Hoy, Santos Carett, el conocido popularmente como la paloma mensajera de la PTJ, quiere volar de nuevo. Necesita una autoridad benefactora que lo dote de un carrito de 3 ruedas, con el cual, pueda movilizarse por la ciudad. Cuenta que lo puede mover con las piernas y maniobrar con el brazo izquierdo. Fuerza de voluntad y ganas de buscar y mantenerse con vida le sobran. Dios quiera que el alcalde, el gobernador o un ejecutivo de la Gerencia de Servicios Sociales de Petróleos de Venezuela lean esta humilde crónica, se interesen en su caso, puedan satisfacer esa pequeña necesidad de este sufrido y valiente personaje y podamos ver, de nuevo en el horizonte local, a la paloma mensajera volar de nuevo.



Van 20 años desde que sufrió el accidente y Santos Carett continúa vigente en la memoria de los vecinos de la ciudad. Todos recuerdan a la paloma mensajera de la PTJ, por eso lo escogimos como personaje para este destello de la memoria y además conocemos de las grandes dificultades y sinsabores que ha tenido que soportar y vencer para hoy, todavía tener voluntad de aspirar una pequeña ayuda del municipio o el estado, para continuar subsistiendo y manteniendo su humilde hogar que comparte con su adorada y viuda viejecita. A pesar del dolor, Santos Carett, ha cultivado, quizá sin saberlo, el arte de vivir con una destreza digna de la mejor causa. Las autoridades tienen la palabra.




…Y regresaron los cines a El Tigre

Tal vez algún día será un
placer recordar todo esto

Publius Vergilius Maro (70 a. C – 19 a. C)
Poeta romano.



Cuando cerró sus puertas el cine Plaza, culminó un ciclo de la industria del celuloide en nuestra querida ciudad de El Tigre. En anterior crónica, hicimos un recorrido por la evolución histórica de estás salas en la ciudad. Nos acordamos de los Cines IRMA y Cinelandia, que fueron los primeros, luego recordamos El Canaima, Principal, que luego se llamó Teatro Maroní, Ayacucho, Bolívar, Girardot (del cual anexo foto), Aragua, Sucre, Libertador, Miranda, Cristal, España y el Auto Cine Guanipa. Salvo algún error involuntario, creo que estás fueron las salas de cine que existieron hasta el año 1999, cuando la familia Bonaguro cerraron el emblemático cine Plaza. Fue una época de oro.

En las primeras del cambio se impuso el cine mexicano, las cuales sembraron profundas raíces culturales en la generación de esos años. Jorge Negrete, Pedro Infante, Antonio Aguilar, Flor Silvestres, Sara García, Lucha Villa, Sarita Montiel, Raúl de Anda, Pedro Almendáriz, María Félix, Emilio “El indio” Fernández, Mario Moreno “Cantinflas”, María Antonieta Pons, Luís Aguilar “El galo giro”, Gastón Santos, Javier Solís, Dolores del Río, Andrés Soler, Wolf Ruvinskis, Katy Jurado, Famie Kaufman “La Vitola”, Fernando Soto “Mantequilla”, Germán Valdés “Tin Tan”, Lola Beltrán, Yolanda Montes “Tongolele”, Elvia Muñoz “Chachita”, Ana Luisa Peluffo, Santo el Enmascarado de Plata, Emilio Tuero, Viruta y Capulina y otros tantos que escapan a mi memoria, eran las estrellas de las películas que disfrutamos en nuestra etapa adolescentes y recordamos con gran placer.

Esas salas de cines, carecían de aires acondicionados, butacas acolchadas, la pantalla estaba ubicada bastante alta, ya que la inclinación del piso, no era lo suficientemente pronunciada. Los cines Plaza, España, Cristal eran los más cómodos en ese sentido y luego el Maroní que le hicieron un trabajo en la sala, que incluyó un moderno sonido, aire acondicionado, mejoró ostensiblemente y fue reestrenada con los éxitos taquilleros “Terremoto” y “El exorcista” Toda una novedad en el momento.

Las salas de cine, estaban divididas en galería, preferencia y balcón. Los precios eran Bs. 0.50, Bs. 1 y Bs. 1.50, el ambiente era refrescado con potentes ventiladores, que en algunos casos, producían un ruido tan ensordecedor que se confundía con el sonido de la película. En ese tiempo había que llegar temprano, aferrarse bien de la puerta y cuando abrieran llegar primero a la taquilla, adquirir el tickets y no perderse la función ya que las entradas volaban. Era la ley del más fuerte y los más débiles, pagábamos una locha extra a los más arrojados para que compraran las entradas. David Castillo “El mocosito” Alexis Morales “Cara e’ Caballo”, Mauro Millán “Vaca Brava” Alexis Arretureta “Cunaguaro” Gilberto Lara “Gorila” Jesús Ortiz “Riquichá” Daniel Adams “el mono” entre otros, eran personas confiables y seguras para adquirir los tickets. Los apodos lo colocaba el “Negro” Bolívar.

Eran dos funciones de lunes a viernes y cuatro los sábados y domingos. Vermouth a las 9 AM, Matinée a las 3 y las dos funciones normales de 7 y 9 PM. Las funciones diurnas para los menores y la vespertina y noche para los adultos. En los alrededores de las salas de cine, se podían adquirir los “cuentos” (libritos de tiras cómicas) usados que constaban nuevos en la librería en Bs. 0,50 por apenas Bs. 0.25 y hasta una locha (0.12, 1/2) los más maltratados, los “pocicles” de la Casa del Helado que vendía el viejo Palacios, los raspaos o bola de nieve, la chicha de Martín y las infaltables cagaleras con cuya venta se defendía Gonzalo López, el popular “negro dulcero”, quien algunas veces tropezaba adrede con alguien para que se les cayera la caja dónde las cargaba, las recogía llorando, solicitaba el pago por que estaban sucias, lo lograba y luego volaba a la puerta de otro cine y las vendía tranquilamente. Ojos que no ven, no le dan náuseas. La viveza criolla, pues.

El 9 de julio, en San Remo Mall, abrió sus puertas en una función privada Multicines “Tú sueño hecho realidad” y el otro día al público en general. Una experiencia galáctica en sus 6 novedosas y espectaculares salas con capacidad para 880 espectadores, 37 amables anfitrionas (es) e inmersas en nuestro sistema solar dónde podemos disfrutar de las mejores películas nacionales e internacionales en confortables butacas tipo love seft. sonido Dolby digital, proyección de última generación y una gran variedad de comidas y golosinas. Una experiencia, que a pesar de los precios, no deben perderse los amantes del cine. Cuando se publique esta crónica, ya la gerencia a cargo del señor Yorman Somoza, habrá cambiado la cartelera que se inició con los betseller: ICE AGE 3, TRANSFORMERS, UP, TERMINATOR 4, WAR y NIGHT AT THE MUSEUM que quedarán como grato recuerdo del regreso de los cines a El Tigre.



Muchas anécdotas e historias dejaron los primeros cines en este pueblo que devino en esta ciudad, que ahora tiene de salas de cine al mismo nivel de las grandes urbes del planeta. Esta nueva y maravillosa realidad, no nos debe nublar la memoria histórica y olvidar la primera época de las primeras cintas cinematográficas que disfrutaron los citadinos y que, incluso, fueron proyectadas en varios sectores, utilizando como pantalla la pared de algunas viviendas y como asiento las sillas que cada quien llevaba de sus casas y los que no, tenían que disfrutarlas de pie o sentados en el suelo. Eran tiempos de hallaca a real y Pepsicola a medio que al recordarlos, no causan un gran placer.




Cine Girardot






Cine Plaza

sábado, julio 18, 2009

Las concesionarias de vehículos en El Tigre (4)

Lo que nunca volverá otra vez,
es lo que hace la vida tan dulce

Emily Dickinson (1830-1886)
Poetisa estadounidense.

A finales de la década del 60, inauguraron en los alrededores de la plaza España, dónde hoy funciona Repuestos Humberto, C.A que fundó el siempre recordado amigo Humberto Quami (La foto es del lugar) otra venta de vehículos que distribuía la marca Chrysler. Fue la desaparecida Tigre Motors, C.A cuyos propietarios fueron durante los años de su existencia en la ciudad, los hermanos árabes Riad y Nohad Abusaid. Estos empresarios árabes, después emigraron a Ciudad Bolívar, dónde continuaron en las mismas actividades comerciales en el ramo de la venta y servicio de vehículos hasta finales del siglo pasado, cuando por razones de salud vendieron la concesionaria a un consorcio bolivarense, se retiraron y lamentablemente fallecieron. Eran entrañables amigos de don Abdallah Yordi, otro próspero comerciante de esa época en el ramo de electrodomésticos y padre del Dr. Rabih Yordi, uno de los más prestigiosos odontólogos de la ciudad. Esa es otra historia.

En Tigre Motors, C.A a finales de la década del 60, tuve la oportunidad de laborar. Fue mi segundo empleo. Los sábados, después del mediodía, trabajaba en el sellado del 5 y 6 que funcionaba en el bar Bohemia ubicado en la calle Bolívar, paralelo a la iglesia Virgen del Valle y de lunes a sábado en la mañana me desempeñaba como office boy en esa prestigiosa venta de vehículos, dónde devengaba un salario de Bs. 42 semanales. Un realero para un estudiante de secundaria de ese tiempo, dónde nuestro signo monetario de verdad era fuerte y poseía un gran poder adquisitivo.

En esa etapa de la ciudad, estaba de moda el hotel, bar y restaurante “El Recreo” ayer El Trianon y hoy España. En aquel tiempo, no estaban masificadas las modernas cafeteras que hoy forman parte indispensable del equipo de cualquier oficina, era obligatorio ir a comprar los negritos, con lechitos o marroncitos en el expendio más cercano. Me correspondía, entonces, dentro de mis tareas diarias, cada vez que llegaba un cliente y los señores Riad o Nohad lo atendían diligentemente y amablemente lo invitaban a un café, hacer ese mandado a la barra de “El Recreo” con el mayor cuidado y prontitud para que el posible comprador se sintiera a gusto y bien atendido. Era una rutina rígida. Esmero, cordialidad y amabilidad para todos los clientes y relacionados eran características que adornaban la personalidad de estos dos exitosos empresarios.

Mientras trabaje en Tigre Motors, C.A, el gerente de servicios de esa prestigiosa concesionaria de automóviles, fue mi paisano de Pueblo Ajuro, Ismael Mejías por lo que valiéndome de la amistad y familiaridad que nos unía, en mis momentos libres, me acercaba al taller a curiosear, ayudar y tratar de aprender el oficio, cuestión que nunca logre ya que mi pasantía por esa empresa fue por el poco tiempo que duraron mis vacaciones después de aprobar mi primer año y cuando llegaba un cliente tenía que salir apuradito a lavarme las manos llenas de grasa con gasolina e ir a comprar los cafés. Eso molestaba mucho a los dueños. Había que aceptar todos los reclamos, la necesidad tiene cara de hereje y como la troja estaba alta en la casa, no había alternativa. Mi padre José María Lira Reyes había muerto, mi mamá Anastelia Salazar, sólo contaba con la pequeña, pero valiosísima ayuda que con mucho esfuerzo podía proporcionarle mi hermano mayor Edgar Salazar que ya había conformado su hogar y quedamos 4 menores con la vieja. Eran tiempos duros y difíciles que tuvimos que sortear. Dupleta de animalitos, de caballo, el sellado del 5 y 6, los sábados y trabajos eventuales como vender pan y dulces en la zona de Monagas como ayudante del amigo Pedro Torres que trabajaba para la panadería Oasis de El Tigrito, me correspondió hacer en las vacaciones, para buscar aligerar las cargas de nuestro humilde hogar. A buen entendedor pocas palabras.

Don Ismael Mejías, una vez que la empresa Tigre Motors, C.A emigró a Ciudad Bolívar, instaló su propio taller de servicio mecánico en el populoso sector de La Charneca, era especialista en la reparación de cajas hidromáticas a lo que se dedicó y goza de una nutrida clientela que se ha ganado a punta de responsabilidad, seriedad y garantía en los servicios que presta. Hasta el día de hoy y, según me dice, mientras Dios le dé salud, estará al frente de su taller para ganarse la vida horrada y dignamente, como lo ha hecho hasta el momento Su palabra es un documento.

No perdamos la memoria histórica. Esta pequeña urbe, que nació al calor de la industria petrolera el 23 de febrero de 1933, a pesar de ser muy joven, tiene un maravilloso y abundante acervo histórico. Además contó con hombres cómo los mencionados en estos “Destellos de la memoria”, que en los momentos más críticos de su economía tuvieron fe y confianza en su potencial y futuro. Ellos en el pasado reciente contribuyeron a construir esta ciudad que, a pesar de la mala calidad de los servicios que ofrece, está en pleno proceso evolutivo y más temprano que tarde será una gran ciudad.
No fue fácil el proceso de desarrollo, afianzamiento y consolidación de esta nueva metrópoli que se proyecta como capital de lo que será, el estado Guanipa, y que en el presente nos da cobijo y nos brinda la dulzura de sobrevivir en su peligroso e inseguro corazón. Vendrán tiempos mejores. La esperanza es la última que se pierde.

martes, julio 14, 2009

La concesionarias de vehículos en El Tigre (3)

Hay dos clase de hombres: quienes
hacen historia y quienes la padecen

Camilo José Cela (1919-2002)
Escritor español, premio Nobel de literatura.

En el año 1954, el inmigrante árabe don Samih Murhib, ubicó en la avenida España c/c primera calle sur, paralelo a la Plaza Bolívar, la tercera concesionaria de vehículos. Ofrecía los automóviles Pontiac y Opel, el jefe de taller en esa época fue su paisano Adel Salomón, luego obtuvo la franquicia de la Chrysler y durante ese tiempo su gerente de servicios fue Pedro Alveláez y del departamento de repuestos don Aníbal Manrique. En su constante evolución Samih Murhib, C.A, también fue representante y distribuidor de los vehículos General Motors, desempeñándose cómo jefe en el área de servicios Cruz Ramírez. Esta prestigiosa empresa logró un gran espacio en la venta de automóviles y su fundador, propietario y gerente conquistó una gran autoridad como hombre de negocios.

Don Samih Murhib estuvo al frente de su empresa hasta el año 1980, cuando se retiró y pasó al descanso del guerrero, le entregó las riendas de la empresa a sus hijos Adel y Samih, quienes la regentaron hasta el 1989 año en el cual cerraron la actividad en el ramo de vehículos, convirtiendo el edificio en un Centro Comercial que conserva, para prestigiarlo el nombre del fundador y, el cual alberga una diversa gama de firmas comerciales dedicadas a diferentes ramas y en especial a las telecomunicaciones, donde destacan Movilnet, Movistar y Digitel que son regentadas por la distinguida señora Dalel (hija de don Samih) y su emprendedor esposo Timmy Adel, la primera y Adel Murhib la segunda, ambas totalmente independientes.

El último gerente de servicios de Samih Murhib, C.A, fue Héctor Hernández y en el área de repuestos don Aníbal Manrique, siempre acompañado por su eterno y diligente asistente el trigueño José Mata. Ambos hacen el papel de dúo dinámico, hoy independizados, una vez que la empresa matriz cesó sus actividades, continúan juntos al frente de Repuestos Manrique, C.A, en la avenida Rotaria, venta de repuestos que también posee una sucursal en la avenida España, en el Edif. “Chicar” del amigo Francisco “Chico” Tovar, la cual es atendida diligentemente por el “junior” Aníbal Manrique quien comparte esas actividades comerciales con su pasión por el fútbol, su programa de Televisión en TV Sur “La Vinotinto” que saca al aire con otro especialista del balompié Harrison López y sus columnas que publica semanalmente en el diario La Antorcha, “El que tenga ojos que lea” y la Vinotinto en Letras. Un joven polifacético en toda la extensión de la palabra.

En su momento estelar, la concesionaria de vehículos Samih Murhib, también prestaba servicio de alineación y balanceo, dónde destacaba la figura laboriosa, acuciosa, atenta y llena de sabiduría de don Pedro Pérez, uno de los más destacados especialista en tren delantero en todo tipo de automóviles y más específicamente en los Dodge Dart que tenían un problema de fábrica en esa parte tan importante para la estabilidad del vehículo y la conservación de los neumáticos. Don Pedro Pérez, un tenaz, perseverante e insigne trabajador, está ahora residenciado en Ciudad Bolívar al lado de su prolija y honorable familia dónde disfruta de un digno y honorable retiro.

Es un lugar común decir que recordar es vivir, por eso estoy seguro que los amigos lectores de estas crónicas volverán a vivir estos memorables tiempos y nosotros sentiremos la satisfacción de haber colocado nuestro granito de arena para que nuestra memoria histórica no se pierda. Es importante saber de dónde venimos, dónde estamos, hacía dónde vamos y también saber quienes fueron los hombres que contribuyeron con su audacia, espíritu de lucha, honestidad y capacidad de trabajo al engrandecimiento, crecimiento y consolidación de nuestra querida ciudad.
Hombres que sin percatarse, hicieron lo mejor de nuestra historia y los cuales serán imposibles olvidar. Es indiscutible que, a pesar de la fragilidad de la memoria de los habitantes de esta joven ciudad, en pleno proceso evolutivo que la proyecta hacía el futuro como una gran metrópoli, la historia buena perdurará en el tiempo. Son huellas imborrables.

sábado, julio 11, 2009

Personajes de mi pueblo

Indudablemente hay más y peores
cosas que las que sabemos y descubrimos

Martín Lutero (1483-1546)
Teólogo alemán que inició la Reforma protestante.

DON BOMBILLO: Creyó que nadie conocía de sus andanzas delincuenciales. Cuando lo denuncie por haberse robado los dineros del radio maratón que realizó con la argucia de que iba a alumbrar los sectores populares de El Tigre en una navidad, algunos cándidos pegaron el grito al cielo. “No puede ser Cheo, es un señor honorable y ejemplar padre de familia” La mayoría me dijo “Al fin alguien denuncio a ese inmoral choro mediático” El tiempo, ese que no perdona, ni espera y todo pone en evidencia, nos dio la razón. Cheques de la corrupción a nombre de su honorable esposa, escándalos de faldas en su misma orbita familiar y, ahora don Bombillo, con la justicia has topado. Fuiste por lana y saliste trasquilado. El paso de los días te ha colocado en el sitio de dónde nunca debiste salir cual rata de albañal: la laguna de oxidación. A la hora de pagar nadie es tramposo.

SABAÑÓN: Miembro de la pandilla de don Bombillo, se especializó en el chantaje, la extorsión y el sablazo mediático. En la cuarta República se desenvolvió como cucaracha en cañería. El que se resistía a sus obscenas exigencias crematísticas, era víctima de su ferocidad y de la baba venenosa de su reptil, vulgar y maléfico ataque verbal. Llegó la quinta república, continúo su mercenario oficio, el cual tuvo su clímax en el gobierno municipal pasado. Era el asesor y áulico preferido. El poder detrás del trono y las tronas. Cayó el infeliz asesorado y el ratón se hundió en la olla putrefacta de su mismo y asqueroso prontuario. En estos días, que anda jalando bolas a los rojo rojitos, pretendió lucirse a costa del dirigente político Alfredo Urbina y este ni corto ni perezoso, en la misma cañería dónde coexiste, le recordó parte de su prontuario y en la noche, hora dónde lo tienen confinado, intentaba aclarar y lo que logró fue embadurnarse más en su propio excremento. ¡Pobre infeliz! pasó a clavo y está llevando más palo que gata ladrona.

EL DULCERO: Gonzalo López, un domingo muy temprano, me aborda en el mercado municipal, nos saludamos y me dice. “Mire hermano Cheo, yo sé que todos esos chascarrillos que me endosas en tu Destellos de la memoria son producto de la invectiva y talante divertido de mi colega profesor Edgar Brito y eso tiene su razón de ser” ¿Cuál me hermano querido? y carcajada de por medio suelta la perla siguiente. “La envidia” ¿Y cómo es eso? y responde en alta e inteligible voz “Lo que pasa es que cuando el fallezca en las notas de condolencia rezarán: ha fallecido cristianamente el entrenador deportivo del liceo Guanipa” y cuando a mi me agarre la pelona, las notas de condolencia rezarán: ha fallecido cristianamente el Profesor del Politécnico Universitario José Antonio Anzoátegui adscrito al Departamento de Formación Complementaria, Gonzalo López, ¡No le llevo nada! y siguió sus compras muy sonreído. A mí que me registren. A buen entendedor pocas palabras.

MOROGAS: Es un sitio de encuentro dónde convergen gran cantidad de amigos a conversar e intercambiar opiniones con relación a todos los temas de actualidad. Aparte del vender las bombonas de gas, su propietario “El morocho” ofrece las populares gélidas, lo que brinda condiciones óptimas al popular “Nenerina” para hacer acto de presencia todos los días y realizar el calentamiento de rigor, mientras le hacen una llamada y poder asistir a un juego estelar en forma. En algunas oportunidades, porque los pitcher están agotados o están en la lista de incapacitados, permanece allí con algún lanzador eventual. Esas oportunidades las aprovecha “El Morocho” para atender con diligencia, mucha cortesía y en la velocidad que imprime para destapar, llevar, anotar las gélidas y ofrecer un permanente pasapalo de morcilla acompañadas con unas hallaquitas que le regalan en la venta de pollo asado que tiene ubicada al lado, las cuentas llegan a sumas escandalosas e insólitas.
Cuenta un amigo que estuvo hace poco y por muy corto tiempo que cuando le sacó la cuenta le dijo muy solemnemente son: Bs. 150F y cómo la desdichada víctima que le había captado su cómplice “Nenerina”, por desgracia degustó un trocito de morcilla, exclamó “Increíble esa morcilla vale oro, mejor cancelo porque si le pregunto, seguro “El morocho” me dice que la morcilla la aderezaron con alguna moleculita de sangre extraída del cadáver de Michel Jackson” Pagó y se marchó. Es verídico, aunque usted no lo crea. Mosca, pues que hay cosas peores de las que sabemos y hemos descubierto. En jugada cantada, no muere pitcher en el Ripley.

viernes, julio 03, 2009

Las concesionarias de vehículos en El Tigre (2)

Haced lo que podáis. Dios hará
lo que no podáis hacer vosotros

San Juan Bosco (1815-1888)
Santo italiano, fundador de la orden de los salesianos.

El italiano don Stefano Massobrio fue el segundo inmigrante que apostó por el futuro de nuestra naciente ciudad e instaló otra concesionaria de vehículos. En el año1952 introdujo la no menos universalmente reputada marca Chevrolet. Esta venta de automóviles inició sus actividades en un edificio de su propiedad ubicado entre las calles Guayana, Brasil y Sucre. (Luego y por muchos años ese edificio fue sede del Banco Venezuela y hoy, unos asiáticos, regentan la Quincallería Abinky II). Esa recién creada firma comercial dedicada a la venta de vehículos, también ofrecía para la época, la afamada marca de pintura mexicana ubicada en Tlalnepantla, Sherwin Williams y las novedosas neveras Frigidaire, made in USA. Era un negocio tres en uno con marcas de calidad.

La empresa concesionaria de vehículos Stefano Massobrio, mantuvo desde su fundación y hasta que fue mudada en el año 1958 para su actual local en la avenida España, la firma personal y gerencia de su dueño fundador. Una vez instalada en sus definitivas instalaciones, su denominación comercial cambió a Stefano Massobrio, C.A, siempre bajo su responsabilidad. Una vez que don Stefano se retiró a sus cuarteles de invierno, lo relevó su hijo del mismo nombre y para no perder la tradición, este próspero empresario que ostentó la presidencia de la Asociación de Ganaderos a nivel nacional y la vice-presidencia de Fedecamaras, aún cuando se mantiene en la actividad ganadera, pasó al retiro en la actividad automotriz, estaciones de servicios, el ramo hotelero y entregó el testigo a Stefano Massobrio III, su hijo, quien ahora, en otros ramos de automotores y maquinarias pesadas, mantiene abiertas las puertas de la empresa primigenia como símbolo de una gran fortaleza empresarial y eficiencia gerencial, que ha logrado soportar todos los ventiscas que han castigado la economía de nuestra ciudad, el país y el mundo. Es una empresa como el buen vino, mientras más pasan los años mejor.

Desde sus inicios y por muchos años Stefano Massobrio, que mantuvo como gerente de su departamento de servicios al señor Ángelo Salerno, funcionó en la parte trasera del edificio, en el local dónde hoy funciona la Cervecería y Restaurante “La Rejita” y que antes fue, la sede del diario Antorcha, que provenía de los altos de la casa Clemenceau donde se había mudado desde los talleres de la Impresora El Tigre dónde inició sus actividades editoriales. Allí funcionó La Antorcha, hasta que un voraz incendio consumió sus instalaciones y por esa lamentable tragedia, emigró a su actual sede de la avenida Francisco de Miranda. Es historia reciente.

El edificio sede de la tradicional empresa Stefano Massobrio, C.A, tiene como símbolo imperecedero, una fuente que tiene en el centro una inmensa esférica de concreto, que sirve como punto de referencia para alguna dirección en el sector noroeste de la ciudad, es conocida popularmente como la “Bola de Massobrio” y ya forma parte del patrimonio histórico de la ciudad. Está a la vista, vayan pa’ que la vean.

Vivimos tiempo dónde los acontecimientos se desarrollan a una velocidad que desborda la capacidad de asombro del común de la gente, lo que atenta contra nuestra memoria histórica. Nosotros conscientes de esa realidad, hacemos este pequeño esfuerzo intelectual-investigativo, para que no olvidemos, que hubo hombres emprendedores que contribuyeron con el desarrollo, crecimiento y consolidación de nuestra ciudad. Honor a quien honor merece.
Esos empresarios que apostaron y tuvieron confianza en el potencial y desarrollo del incipiente pueblo, hicieron lo que pudieron por el fortalecimiento de lo que, es hoy esta pujante ciudad. En lo demás Dios y la Virgen del Valle, sin duda, han iluminado el camino y lo ha hecho por vosotros.

jueves, junio 11, 2009

El Dispensario Infantil del Club de Leones

Luchar para vivir la vida, para sufrirla
y para gozarla… La vida es maravillosa
si no se le tiene miedo

Charles Chaplin (1889-1977)
Actor, productor y director inglés.

El diario Antorcha que nació en los talleres de la Impresora El Tigre, luego pasó a los altos de la Casa Clemenceau y al tiempo mudarse para la calle Guayana, donde hoy funciona la Cervecería y Restaurante “La Rejita” sitio que abandonó por efectos de la tragedia que le ocasionó un pavoroso incendio, que la devolvió por un tiempo a los talleres de la Impresora, hasta que se instaló definitivamente en su actual edificio en la avenida Francisco de Miranda, en sus inicios circulaba dos días a la semana y su costo era de 0,25. “Antorcha a medio, a medio la Antorcha” era el grito de los pregoneros, Vicente Lira entre ellos, en las calles polvorientas de aquel incipiente pueblo de El Tigre, que nació al calor de la industria petrolera el 23 de febrero de 1933.

Miércoles y sábado. Un cafecito y el diario Antorcha era la costumbre que quedó arraigada para toda la vida en los citadinos. Empero, siempre consecuente con las luchas sociales que se presentaban en la pequeña comunidad, el lunes 30 de abril de 1956, presentó una edición especial, para acompañar una iniciativa que impulsaban don Mauro Barrios, uno de los fundadores del diario, que a la sazón presidía el “Club de Leones” y su distinguida esposa Mercedes de Barrios, desde el Comité de Damas que lideraba en compañía de las dignas señoras Mimina de Ceballos como vice-presidenta, Flor de Zerpa en la secretaría, Gladys de León en la tesorería y en las vocalías Delia de Crespo, María A. de Mayora y Fina de Pulgar, para la conclusión, compra de equipos y puesta en servicio del Dispensario Infantil del Club de Leones que venían construyendo con recursos propios.

Esa edición especial del diario Antorcha fue ofrecida a los lectores por unas pregoneras de antología. El Comité Juvenil conformado por lindas chicas leonas salió a la calle a vocear y vender el periódico. “Antorcha a medio, a medio la Antorcha”, pero como era una edición especial, para una causa noble y llevada de la mano al lector por bellas leoncitas, era obvio, que los compradores proporcionaban una cantidad superior como colaboración con gran disposición y voluntad, una mayoría y otros para no pasar por pichirres ante estas especialísimas vendedoras dónde destacaba la recién electa reina del Club de Leones la señorita Argelia Vásquez y sus no menos preciosas y agraciadas compañeras del comité juvenil Alida Rojas, Trina Herrera, Esperanza Sifontes, Lilia Figuera, Carmen M. Colmenares, Emma Bogarín, Lerys M. Marcano e Irma Guevara, un equipo de postín que en pocas horas cumplió su cometido y le ablandó el bolsillo a los más duros de la época.

Los días 5 y 6 de mayo, hubo jolgorio popular en la pequeña comunidad. El Club de Leones de El Tigre, inauguraba, ponía en funcionamiento y al servicio de los más pequeños El dispensario Infantil del Club de Leones. Valió la pena el esfuerzo, prestó un servicio invalorable por muchos años y más tarde evolucionó, funcionado como ambulatorio un buen tiempo y hoy en sus instalaciones está el preescolar asistencial Francisca Duarte, dependiente de la Fundación del niño.

El pueblo de El Tigre, que nació, evolucionó, creció y se consolidó aluvionalmente, tiene muchos héroes y heroínas que lucharon para vivir la vida y ayudar a dar y preservar vidas. Hay que reconocer el tiempo y destacar el mejor de sus esfuerzos que de manera abnegada y altruista, pusieron para la construcción de la pequeña urbe que hoy disfrutamos y que sigue creciendo a ritmo acelerado y anárquico por ausencia de un Plan de Desarrollo Urbano Local que sirva de ordenador, regulador y organizador de la ciudad que todos aspiramos, soñamos y merecemos.
Esta crónica tiene el objetivo primordial de contribuir con la tonificación de la memoria histórica de la ciudad, poder compartir con mis lectores un pequeño pasaje del hermoso, interesante y rico pasado de nuestro pueblo. No olvidemos lo que inteligentemente dijo el poeta latino Marco Valerio Marcial “Poder disfrutar de los recuerdos de la vida es vivir dos veces” y cómo muchos (as) de los que hicieron posible ese hecho, vivieron esa realidad, están vivitos (as) y coleando que al leer estás líneas estoy seguro, vivirán y vibrarán rememorando esa linda experiencia.

domingo, mayo 31, 2009

Las concesionarias de vehículos en El Tigre (1)

Un héroe es todo aquel
que hace lo que puede

Romain Rolland (1866-1944)
Escritor francés.



La primera concesionaria de vehículos que se instaló en la ciudad fue la de los hermanos Celma Mir, Isidoro y Joaquín, comerciantes españoles, aragoneses para más señales, quienes se aposentaron en El Tigre después de muchos años de ir y venir desde Ciudad Bolívar en un camioncito Ford viejo que les servía de transporte para la mercancía. Una vez residenciados en el naciente pueblo, obtuvieron la concesión de la fábrica de vehículos, mundialmente famosa Ford. En principio se ubicaron en la calle Guevara Rojas cruce con calle Girardot, en el Casco histórico de la ciudad. Luego en la medida que fue creciendo el área urbana del incipiente pueblo, construyeron sus modernas instalaciones en avenida España, a las cuales se mudaron definitivamente en el año 1954, el gerente general desde sus inicios en el año 1950, fue Isidoro Celma Mir, cuyo nombre prestigió por muchos años el lema comercial de la empresa vendedora de automóviles pionera en la ciudad.

El gerente de servicios desde su fundación y por espacio de 33 años fue el señor Vicente Campos. Luego la firma fue adquirida por una familia árabe de apellido Bellosta, a la sazón, dueños de Venequip que distribuyen la prestigiosa marca de máquinas pesadas Caterpilar, quienes después, la vendieron a otros árabes, que tienen varias concesionarias en el oriente del país, funcionando hasta el presente en el mismo edificio, bajo la denominación comercial Deel El Tigre, C.A y en el mismo edificio de la avenida España.

Un dato curioso es que todos los años, con motivo de las fiestas navideñas, el nacimiento que preparan, siempre bajo la égida del señor Nelson “Negot” González, es el más notable, bello, hermoso y concurrido de la ciudad.

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El italiano don Stefano Massobrio fue el segundo inmigrante que apostó por el futuro de la naciente ciudad e instaló otra concesionaria de vehículos en el año1952 e introdujo la no menos universalmente reputada marca Chevrolet, la cual ubicó en el edificio de su propiedad entre la calle Guayana, Brasil y Sucre. (Por muchos años ese edificio fue sede del Banco Venezuela y hoy, unos asiáticos, regentan la Quincallería Abinky II,) y desde dónde, también ofrecían, la afamada pintura mexicana ubicada en Tlalnepantla, Sherwin Williams y de las neveras Frigidaire made in USA.

La empresa concesionaria de vehículos Stefano Massobrio, mantuvo desde su fundación y hasta que fue mudada en el año 1958 para su actual local en la avenida España, la firma personal y gerencia de su dueño fundador. Una vez instalada en sus definitivas instalaciones, su denominación comercial cambió a Stefano Massobrio, C.A, siempre bajo su responsabilidad. Una vez que se retiró a sus cuarteles de invierno, lo relevó su hijo del mismo nombre y para no perder la tradición, este próspero empresario que ostentó la presidencia de la Asociación de Ganaderos a nivel nacional y la vice-presidencia de Fedecamaras, aún cuando se mantiene en la actividad ganadera, pasó al retiro en la actividad automotriz, estaciones de servicios, el ramo hotelero y entregó el testigo a Stefano Massobrio III, su hijo, quien ahora, en otros ramos de automotores y maquinarias pesadas, mantiene abiertas las puertas de la empresa primigenia como símbolo de una gran fortaleza empresarial y eficiencia gerencial, que ha soportado todos los vendavales que han golpeado la economía de nuestra ciudad, el país y el mundo.

Desde sus inicios y por muchos años, el departamento de servicios cuyo gerente fue su paisano Ángelo Salerno, funcionó en la parte trasera del edificio, en el local dónde hoy funciona la Cervecería y Restaurante “La Rejita” y que antes fue, la sede del diario Antorcha, que provenía de los altos de la casa Clemenceau donde había iniciado sus actividades editoriales. Allí funcionó La Antorcha, hasta que un voraz incendio consumió sus instalaciones y por la tragedia, emigró a su actual sede de la avenida Francisco de Miranda. Es historia reciente.

El edificio sede de la tradicional empresa Stefano Massobrio, C.A, tiene como símbolo imperecedero, una fuente que tiene en el centro una inmensa esférica de concreto, que sirve como punto de referencia para alguna dirección en ese sector y es conocida popularmente como la “Bola de Massobrio” Está a la vista.

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En el año 1954, el inmigrante árabe don Samih Murhib, ubica en la avenida España c/c primera calle sur, paralelo a la Plaza Bolívar, la concesionaria Chrysler la cual, como era costumbre en esa época, también operó bajo el lema comercial de su dueño-gerente Samih Murhib, C.A e inmediatamente logró un gran espacio en la venta de automóviles y obtuvo un gran prestigio como hombre de negocios. Don Samih estuvo al frente de su empresa hasta el año 1980, cuando se retiró al descanso del guerrero y le entregó las riendas de la empresa a sus hijos Adel y Samih, quienes la regentaron hasta el año 1989 cuando cerraron la actividad en el ramo de vehículos, convirtieron el edificio en un Centro Comercial que prestigiosamente mantiene el nombre del fundador y el cual alberga una diversa gama de firmas comerciales dedicadas a diferentes ramas y en especial las telecomunicaciones, donde destacan Movilnet y las de Movistar y Digitel que son regentadas por la distinguida señora Dalel (hija de don Samih) y su emprendedor esposo Timmy Adel, la primera y Adel Murhib la segunda, ambas totalmente independientes.

Aún cuando hicimos un gran esfuerzo por ubicar el nombre del primer gerente de servicios de esa prestigiosa distribuidora de vehículos, nos fue altamente difícil, empero, hay quienes aseguran que entre un señor de apellido Ramírez y otro de nombre Salomón, está el pionero. En lo que sí estamos seguros es que el último fue Héctor Hernández y el especialista en tren delantero era don Pedro Pérez, que hoy vive en Ciudad Bolívar al lado de su prolija y honorable familia.

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A finales de la década del 60, inauguraron en los alrededores de la plaza España, dónde hoy funciona Repuestos Humberto, C.A, del siempre recordado amigo Humberto Quami, otra concesionaria Chrysler bajo la denominación comercial Tigre Motors, C.A cuyos propietarios fueron durante los años de su existencia en la ciudad, los hermanos árabes Riad y Nohad Abusaid, los cuales posteriormente emigraron a Ciudad Bolívar, dónde continuaron esas actividades comerciales en el ramos de venta y servicio de vehículos.

El gerente de servicios de esa prestigiosa concesionaria de automóviles fue Ismael Mejías, quien ahora y desde hace bastante tiempo, posee un taller especializado en la reparación de cajas hidromáticas en el populoso sector de la Charneca.

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Luego y por esos mismos años, otro árabe el señor Anís Hálime, inauguró American Motors que ofrecía los vehículos norteamericanos de esa maravillosa marca que innovó el mercado de autos entre los años 1954 al 1987. Llegaron a la ciudad los coches Nash Ambassador, Rambler, Javelin, Hornet y Renault, entre otros y en cuya tecnología se especializó Martino Lewes, que fue por todo el tiempo el gerente del área de servicios. Esa venta de vehículos funcionó en la avenida España dónde hoy está ubicado el estacionamiento del Seguros Caracas.

El señor Anís Hálime emigró a ciudad de Anaco donde permaneció como comerciante en el ramo de vehículos y don Martino Lewes, el archiconocido “Negro Martino”, mantiene desde hace muchos años su propio taller automotriz en la carretera Negra La Flint, sector La Charneca.

Esta reseña de la evolución histórica de la venta de vehículos en la ciudad, la hacemos con la sana intención de refrescar la memoria de los habitantes de la ciudad, que hoy vemos, con gran satisfacción, la proliferación de varias y variadas concesionarias de vehículos de todas las marcas y provenientes de los 5 continentes y la última innovación automotriz conocida por los venezolanos llamada VENIRAN, que es fruto de un convenio de nuestro país e Irán y cuya concesionaria, está ubicada en la avenida Rotaria. Una señal de la fortaleza de nuestro mercado automotriz, que iniciaron estos héroes, que junto a muchos otros, hicieron lo que pudieron para lograr construir y consolidar en aquel pequeño pueblo, hoy convertido en una pujante ciudad, las concesionarias automotrices.
Las nuevas generaciones de tigrenses, ciudad que nació al calor de la industria petrolera el 23 de febrero de 1933, deben saber de dónde vinimos, dónde estamos y hacía dónde vamos. Con estás crónicas hago mi pequeño aporte para mantener viva la memoria histórica de la urbe que nos vio nacer. Ya lo dijo el poeta español Antonio Machado “Caminante no hay camino se hace camino al andar” y estos héroes hicieron lo que pudieron y nosotros al recordarlos les hacemos justicia. Honor a quien honor merece.



Edificio actual de Stefano Massobrio, C.A


Edificio actual de Stefano Massobrio, C.A dónde aparece la famosa “Bola de Massobrio”

Edificio actual de Stefano Massobrio, C.A idéntica a la anterior

Edificio actual de la Ford – antigua Isidoro Celma Mir, C.A

Edificio actual de la Ford – antigua Isidoro Celma Mir, C.A

Edificio dónde inicio sus actividades la concesionaria Stefano Massobrio

Idéntica a la anterior.

Edificio dónde inicio sus actividades Isidoro Celma Mir, C.A

Idéntica a la anterior

Edificio dónde inicio y cesó sus actividades la concesionaria de vehículos Samih Murhib, C.A.

Idéntica a la anterior

domingo, mayo 17, 2009

Personajes de mi pueblo: Anécdotas locales

No hay día más perdido que
aquel en que no hemos reído

Charles Chaplin (1889-1977)
Actor, productor y director inglés.


Cuenta el Prof. Edgar Brito, que en una oportunidad el Instituto Nacional del Deporte, ordenó que a todos los entrenadores, monitores y personal técnico, les hicieran un chequeo médico riguroso. Desde la punta del cabello hasta la planta de los pie. Cuando le tocó el turno a Gonzalo López, el popular negro dulcero, se presentó una situación curiosa. Veamos:

El médico internista, fue chequeándolo palmo a palmo y cuando llegó a los pies, se colocó los guantes, le hizo una serie de flexiones, masajes, movimientos, trasteos en los dedos y exclamó: “caramba amigo usted tiene pie de atleta” y Gonzalo, con la velocidad de un rayo le respondió “Claro doctor, yo toda la vida he sido un atleta, con decirle que bateo un machucón frente al pitcher y difícilmente me hacen out, prácticamente vuelo de home a primera” El internista, sorprendido y para sacarlo de su confusión, inmediatamente le corrigió y sin medias tintas le replicó: “amigo no se haga ilusiones, usted lo que tiene es una gran infección en los pie o lo que es lo mismo, para que lo entienda de una vez, tiene sabañón” No lo entendí.

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Nuestro amigo – hoy lamentablemente fallecido – Yoel Pino, el popular conejo, con la humildad, modestia y sinceridad que lo caracterizaba, cuando alguien intentaba burlarse de su tamaño y aspecto físico, le respondía con mucha reciedumbre: mire amigo, yo soy un hombre tan buen mozo, que las mujeres cuando me ven se ríen. Los echadores de broma gozaban un imperio y le gritaban de lejito: Claro es que pareces un monito. Él, ni corto ni perezoso, replicaba: yo te aviso chirulí, pregúntenle a Carmen. Obvio, apelaba al mejor testimonio, el de su distinguida esposa. Agarrado a la lazo, el viejito Yoel

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Nuestro viejo amigo y siempre bien recordado José Prado, siempre me decía ante la presencia y la comodidad de algunos flojos congénitos o vivos y gorreros profesionales que “Mire amigo Cheo, yo nunca he escuchado a ningún cristiano que me diga que no le gusta carne asada con yuca sancochada, pero comprarla y asarla eso si es verdad que no le gusta a mucha gente” y el amigo cumanés Braulio Rafael Martínez Salgado constantemente me recordaba. “Mira Cheo, la mantequilla le gusta a todo el mundo, es tan buena que agarras a un recién nacido y le pasas el dedo untado con mantequilla por los labios y se desespera buscándola y conste que no la conoce” Ambas cosas fácil de comprobar y de entender. El club de los vasitos está integrado por ese tipo de mascoteadores de toga y birrete. Como les gusta mango bajito.

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Ahora que el presidente nos quiere vender, meternos en el coco y convencer que “ser rico es malo” recuerdo lo que siempre me relataba mi hermano Roberto Salazar “los pobres agarran un buena rumba el día sábado y en medio de la farra planifican hacer un sancocho el día domingo en el río Caris. En la mañana se despiertan tarde, van al mercado compran el hueso rojo, la verdura, los aliños y sus respectivos aprovisionamientos de cerveza y ron. Montan ollas, sillas, mesas, cubiertos, vasos, refrescos y la familia en un pick up con los cauchos lisos y arrancan como a las 11 AM, cuando van por la curva se les espicha un caucho, tienen que bajar todo para montar el repuesto, vuelven a montar el perolero y pa’lante. Llegan trozados del hambre acomodando las cervezas, echándose el palito de ron y montando el sancocho y todo va bien hasta que alguien se percata. ¡No montaron la sal! Buscan un negocio cerca o alguien que les provea un poco y siguen la rumba. Cuando el sancocho está listo tienen la ingesta alcohólica al máximo, son las 6PM, comen rapidito, embarcan y si tienen suerte y no se le va otro caucho llegan entre 9 o 10 PM y usted les pregunta el otro día ¿Cómo pasaron el domingo? y responden henchidos de alegría, como el que pasa por un cementerio a media noche y echa su silbadita para darse ánimo. ¡Excelente!

Falso, excelente la pasan los ricos que viven en Caracas y tienen sus casas vacacionales, que llaman a quienes les cuidan las villas en los canales de Lecherías, cuando van camino al aeropuerto y les dan las instrucciones: llegue al bodegón X dónde le entregarán el whisky, la cerveza, el hielo, la carne, el carbón, los refrescos, las exquisiteces, la chuchería para los niños, preparen el yate, el ambiente y nos van buscar al aeropuerto de Barcelona que llegamos en la avioneta a las 10 AM. Llegan y todo está listo y preparado para la rumba, se sientan, les sirven a cuerpo de rey y la pasan de lo lindo un ratico en la villa y otro paseando en el yate por las islas y playas del entorno paradisíaco del parque Mochima. Eso es vida.

Es la pequeña diferencia y las preguntas obvias son: ¿De verdad ser rico es malo? ¿Ser pobre no es un pelito peor? Pregunten a Chávez como le fue en el glaciar de la Patagonia que visitó con su numerosa comitiva. Fueron trasladados en el Tango 1 (Avión presidencial argentino) el gobernador Daniel Peralta y el canciller Jorge Taiana, les sirvieron de guías turísticos y para movilizarse en la zona utilizaron 2 camionetotas ultramodernas 4x4, debidamente preparadas y equipadas para transitar en la zona, cortesía de un oligarca amigo de la pareja Kirchner. Un día de vacaciones y placer junto a dos hijas, tres nietos, ministros y funcionarios de alto rango que lo hacía repetir “Estoy maravillado, estoy maravillado. ¿A ese costo? ¿Y a quién no? La faltó cantar la copla criolla del coplero coleador “Cheo” Hernández Prisco ¿A quién no le va gustar?...A propósito ¿Y la crisis? ¡Viva la boliburguesía! Y como la cosa es tan seria hay que reírse y echar pa’lante.