viernes, octubre 16, 2009

Personajes de mi pueblo: Roberto “Rudy” Carrillo

A nadie le faltan fuerzas; lo que a
muchísimos les falta es voluntad

Víctor Hugo (1802-1885)
Escritor francés.

Excelente amigo, insigne trabajador, ejemplar padre de familia, apasionado fanático del béisbol y en especial de sus equipos Criollos de El Tigre y los Leones del Caracas, adeco Carlos Andresista hasta la sepultura, ese fue Roberto Jesús Carrillo, conocido popularmente como “Rudy”. Vino al mundo en Ciudad Bolívar el 6 de mayo de 1936, a los 6 años llegó al naciente pueblo de El Tigre. Vino de la mano de su mamá Petra Carrillo, con sus hermanos José “Tato” y Margarita, la cual los trajo a la casa de la abuela Francisca “Pancha” Delgadillo, que era lavandera en Mene Grande Oil Company y, con sus ingresos, los podía ayudar en la manutención ya que era madre soltera y vivía una situación crítica. Desde ese momento, “Rudy” complementó su actividad escolar con la venta de arepas, hallacas, dulces y, ya a los 12 años, se inició como aprendiz en la Tipografía Aranda, ubicada en la calle Bolívar del señor Víctor Aranda a la sazón, Presidente Municipal durante la dictadura del Gral. Marcos Evangelista Pérez Jiménez, ese trabajo lo compartió más tarde como mesonero en el Bar “Alí Baba” en la zona de tolerancia – mejor conocida como el mosquero – para luego pasar a laborar con José “Pepe” Escrivá, que antes de incursionar en el negocio del cine, era propietario de la Tipografía Miranda. La necesidad obliga y la voluntad de “Rudy” lo ayudó a no rendirse ante la adversidad.

A medida que “Pepe” Escrivá, que para promocionar su sala de cine se disfrazaba de Cantinflas, fue consolidando el cine Miranda que funcionaba en el mismo local de la tipografía, decidió vendérsela a crédito en el año 1963. “Rudy” quien tuvo que mudarse a otro inmueble, muy cerca, dónde hoy está el Frigorífico Miranda, ya que “Pepe” remodeló, mejoró y modernizó la edificación para su sala de cine, a la cual le cambió el nombre en el año 1973 por el de “Teatro Cristal”. En el año 1980, con la ayuda de su compadre y entrañable amigo Augusto Enrique Tenorio Meza, “Rudy” le compró a la señora Pía Quijada, el local dónde actualmente está ubicada – La gráfica es de la fachada del negocio – y en plena actividad productiva la Tipografía Miranda, ahora bajo la égida de su viuda Iraida del Valle Mata Monasterio y sus hijas Gladys, Petra, Nataly e Iginia. Roberto junior, el popular Go-Go, es ingeniero civil, casó con la hija del español, “Don Lolo” y fijó residencia en la madre patria. Una familia unida, que solidificó más sus lazos desde el año 1991, cuando falleció “Rudy” y ellos tuvieron que enfrentar la vida sin la insustituible presencia física del líder y guía familiar. Uno se resiste, dice Valle, pero hay que echar para adelante.

Don Roberto “Rudy” Carrillo, vivió muchos años al final de la calle Nueva Esparta, sector Punta de Cuchillo, luego mudó a la calle Aragua, dónde conoció al amor de su vida Iraida del Valle Mata Monasterio, que tenía residencia en el callejón Pichincha, hija del señor Epifanio Mata, que tomó notoriedad por su cría de chivos. En las tardes los habitantes del Casco Viejo disfrutaban del regreso de “Las chivas de Faño” hasta el corral. En el año 1963, cuando compró la Tipografía Miranda, también contrajo nupcias con “Valle” como es nombrada y conocida por relacionados, amigos y clientes. De esa unión vinieron al mundo 5 hijos: Gladys, Roberto, Petra, Nataly e Iginia que posteriormente le dieron la dicha de disfrutar de 8 nietos, además hizo equipo con “Valle” en el incipiente negocio, que fueron levantando a pulso y levantaron después de superar muchos altibajos. En la época buena logró construir una cómoda casa-quinta en la cuarta calle sur, sector “La Esperanza” del cual es uno de sus fundadores y el que contribuyó a consolidar actuando como vocero en sus reivindicaciones. Allí fijó su residencia definitiva, después de vivir en una casa alquilada en la avenida Francisco de Miranda – exactamente al lado de la farmacia Bolívar – también adquirió una parcela rural en la Toscana estado Monagas y más tarde uno en Playa Guiria estado Sucre. En ambos terrenos construyó cómodas viviendas a las cuales bautizo como los ranchos PyP 1 y PyP 2 en honor a la abuela Pancha y la mamá Petra. Rudy, que poseía una ranchera Ford, antes poseyó vehículos Mercury, Cadillac y Pontiac, embarcaba la prole todos los viernes en la tarde, llegaba a la Toscana dónde pernoctaba y en la mañana continuaba su tours de fin de semana hasta Playa Guiria a disfrutar del mar y excelentes banquetes a base de pescados, mariscos, ricas ensaladas, arepas tipo telita que hace magistralmente “Valle” Siempre fue un gran gourmet.

Desde muy joven “Rudy” Carrillo se caracterizo por su conducta polifacética, jugaba caballos, terminales, animalitos y cuando los sucesos del 23 de enero del año 1958, dónde hubo saqueos, le quemaron la tipografía a Víctor Aranda, se fue a la capital, dónde trabajo 2 años, adquirió una motocicleta Holly Davidson en la cual viajaba regularmente a traer el sustento de la familia. Cómo motorizado fue el primero en la ciudad que utilizó chaqueta negra con una calavera grabada, vistosa cadena con una cruz de Caravaca – “lignum crucis”, es decir, un fragmento de la verdadera cruz a la que Jesús Nuestro Señor fue crucificado – además de exhibir una larga cabellera, gruesos bigotes, resaltante mosca y protuberantes patillas, cuestión que por su abundante barba aprovechaba lucir, lo cual lo distinguía de sus compañeros de generación. Era todo un Hippie o jipi movimiento contracultural que se inició en los años 1960 en Estado Unidos. Como deportista fue Presidente de Criollos de El Tigre, Presidente de la Liga de Béisbol AA y en el año 1979, presidió el Comité Organizador del primer juvenil nacional de Béisbol que se celebró en la ciudad. En esas maravillosas actividades, siempre contó con la solidaridad, ayuda e incondicionalidad de su entrañable amigo Pedro Emilio Rojas Vargas (PEJAS) con el cual no sólo compartió los avatares deportivos sino también una gran amistad y familiaridad. No es aventurado pensar que en el cielo continúan su hermandad y si hay actividad deportiva, allá deben estar trabajando para promover y engrandecer esa noble actividad. “Hacer deporte es hacer patria”. En el cielo y en la tierra. Una verdad del tamaño de una catedral.

Roberto “Rudy” Carrillo, a pesar de padecer una diabetes – criminal enfermedad – nunca bajo la guardia. Poseyó una voluntad férrea para el trabajo, sacó tiempo para compartir, disfrutar, divertirse con la familia y contribuir con el desarrollo, promoción y práctica del deporte de las 4 esquinas en la ciudad. Solía usar guayaberas por la versatilidad de esa prenda caribeña de vestir que le permitía cargar las herramientas de trabajo en sus bolsillos. Cuenta su esposa Valle que un sábado en la tarde, se sentía mal, tenía la azúcar alta, le dolía la cabeza, acusaba mareos, salió a la calle y todos quedaron angustiados y preocupados en casa, nadie sabía de su paradero, a las 6 PM regresó diciendo que ya estaba mejor. Venía de “Las Tostadas – Restaurant San Antonio” de don Antonio Miguez Tielos, dónde había degustado una suculento mondongo que lo pusieron a coger minima. “Un mondongo medicinal” Exclamó. Otro restaurante que visitaba con mucha frecuencia – para cargar las pilas – acompañado de toda la familia y su inseparable amigo Pejas, fue el “Castelo Branco” dónde Manuel Díaz Bras, los atendía a cuerpo de rey. Todavía “Valle” y la prole, mantienen la tradición y asisten regularmente a ese popular e histórico comedor popular que ofrece exquisitas comidas nacionales e internacionales a los mejores precios de la ciudad.
Con estas crónicas de personajes de nuestro pueblo, queremos aportar un granito de arena a engrandecer, fortalecer y vigorizar nuestra memoria histórica que aún cuando es muy reciente, pareciera reducirse a muy pocos respetables protagonistas y dónde pareciera que más nadie contribuyó al impulso, desarrollo y consolidación de una ciudad que tuvo su génesis al calor de la industria petrolera un 23 de febrero de 1933 y dónde sus primeros pobladores provinieron de las comunidades campesinas concentrada en las riberas de los ríos Caris, moquete, el Pao y paso bajito y, que luego se confundieron con margariteños, guayaneses, sucrenses y monaguenses que llegaron atraídos por la potencialidad y auge que prometía la explotación del oro negro en la Mesa de Guanipa.
Muchos, protagonistas, concitaron esfuerzos para que hoy gocemos de la gran ciudad, que a pesar de la falta de electricidad, agua y la invasión de la basura, no detiene su ritmo de crecimiento. Honor a quienes honores merecen y el guayanés “Rudy” Carrillo, fue indiscutiblemente uno de esos personajes.




viernes, octubre 09, 2009

Personajes de mi pueblo: Antonio Miguez Tielos, “Tostadas, Restaurant San Antonio”

Nada se resiste al esfuerzo unido
de un gran número de brazos

Lucas Alamán (1792-1853)


Político e historiador mexicano.



Uno de los negocios más populares de la ciudad, es sin lugar a dudas, “Tostadas, Restaurant San Antonio” ubicado en el corazón de la ciudad y la cual, tiene sus antecedentes, en un barraca de zinc, que apostaron unos maracuchos a mediados en la década del 50 muy cerca de “El Luchador” la cual identificaron “Noche y día”, trabajaban 24 X 24. Lo colocaron en venta, y lo adquirieron, nuestro personaje Antonio Miguez Tielos y el canario Antonio Díaz, quienes eran cocineros en el Restaurant “Copacabana” que funcionó por muchos años en la avenida Municipal de Puerto La Cruz. Allá un viajero los puso al corriente de que estaban vendiendo el modesto kiosco. Vinieron, les gustó la ubicación, lo negociaron, compraron y empezaron sus actividades como socios a administrar su propio negocio. Fue en los inicios de la década del 1960. Una aventura feliz.

Los nuevos socios y emprendedores, trabajaron durante algunos años el kiosco, pero como el canario era muy amigo de los tragos, vinieron la desavenencias. Don Antonio Miguez Tielos, hombre sobrio, serio, responsable y muy respetuoso, un buen día le dijo “O me vendes o te vendo” y Antonio Díaz entendiendo la situación, le vendió su parte. Una vez propietario absoluto, don Antonio Miguez Tielos, inició la transformación del local, construyó una sencilla edificación – la gráfica acompaña está crónica – que ahora una vez desaparecido físicamente, administran personalmente sus hijos Guillermo, Enrique y Maruja, los cuales mantienen el formato original del negocio, sin descuidar la atención, calidad, exquisitez y precios solidarios, que lo convierten en un punto de referencia culinaria en la ciudad, el estado y más allá, en toda Venezuela, ya que tiene como vecino al hotel Orinoco, dónde pernoctan todos los viajantes que vienen a ofrecer sus productos en la geografía anzoatiguense. Todos comentan “Estás arepas, no tienen nada que envidiarle a las que expenden las grandes areperas de Caracas, Valencia, Maracay y Barcelona” Uno sola cosa, dice con su proverbial humildad, Enrique: “El precio” obviamente aquí son más baratas y quizás de mayor calidad.

El español don Antonio Miguez Tielos, que nació el 8 de marzo de 1922, en la localidad de Leirado, provincia de Salvatierra de los Miños, emigró junto a su hermano Enrique “buscando mejoría de vida” llegaron a la capital venezolana con una muda de ropa c/u, obtuvieron empleo como albañiles en la construcción de la red de cloacas de la avenida Baralt de Caracas, luego con algunos ahorros, viajaron hasta Puerto La Cruz, dónde se dedicaron a su verdadera profesión: el arte culinario, en el Bar Rest Copacabana. El padre había sido Chef y ellos le siguieron los pasos en el ejército dónde se desempeñaron como “rancheros”. En la zona norte, laboraron como cocineros, perfeccionaron sus conocimientos, hasta que vinieron a El Tigre. Enrique, se dedicó por un tiempo, a manejar un vehículo que había adquirido con sus ahorros y prestaciones sociales en la ruta extraurbana y Antonio, una vez establecido en la Tostadas “Noche y Día” a la cual luego cambió la denominación comercial por la actual “San Antonio”, trajo a su esposa Justa González Vidal originaria de la localidad de San Pedro Batallanes Las Nieves de la provincia de Pontevedra, con quien hizo equipo para levantar esta histórica y concurrida arepera, que para los adultos mayores consultados y las nuevas generaciones, fue la primera en la ciudad. Hoy, gracias a la continuidad, permanencia, persistencia, calidad, exquisitez y precios solidarios continúa siendo la mejor. Es vox populi por toda la ciudad.

En la década del 60, las arepas eran de maíz pilado, don Antonio compraba el grano por sacos, lo sancochaban, lo molían en máquinas rústicas – a pulmón limpio –, procesaba la masa para la arepa y una vez salida del horno, las ofrecían, como hasta ahora, con cabeza e’ cochino, ensalada de gallina, reina pepiada, camarón, pollo mechado, carne mechada, quesos nacionales e importados, lengua en salsa y muchas otras exquisitas variedades. En su concurrida sala comedor, los comensales pueden degustar un excelente mondongo, una exquisita sopa de gallina, un rico pabellón criollo, pollo con macarrón, carne a la jardinera, un suculento bistec de solomo con papas fritas y ensalada. Chabelo Arismendi, cliente consecuente, a pesar de que, la mayoría de las veces olvida los biyuyos y se presenta en quiebra, los consume ávidamente. En sus constantes visitas, pide, le sirven, consume y da las gracias. “Perdiendo también se gana”, decía don Antonio y su hijo Enrique aplica la misma filosofía, para no discutir con Chabelo, que a pesar de los “carros” es amigo de la casa. A la hora de pagar, decimos nosotros, nadie es tramposo.

Clientes fijos, en las madrugadas de los domingos, fuimos los que trabajamos en los añejos sellados del 5 y 6. Pedro “Pico” Rondón, Edgar Salazar, Pedro Torres, Miguel “El negro” Salazar, Roberto Salazar. Otros clientes su generis, fueron el prestigioso médico pediatra Argenis Rodríguez quien se hacía acompañar por su tocayo, el electricista Sotillo, pedía, se iba y luego su padre don Felipe, que sabía de sus andanzas, pasaba y preguntaba a Antonio, cuanto era la deuda y cancelaba. Cosas de la adolescencia. “Rudy” Carrillo que tenía una dieta estricta – era diabético – se le escapaba, en algunas ocasiones, a su esposa Valle y degustaba con gran deleite un suculento mondongo, que por cierto, es una de las especialidades más solicitadas del San Antonio. En la campaña electoral de 1968, los visitó el entonces candidato del MAS, José Vicente Rangel Vale, quien pidió una arepa de queso amarillo y se fue maravillado por la calidad de la tostada. Eso lo recuerdan con gran cariño los mesoneros Tello Lozada, Celis Segundo, Amado Rodríguez, Amílcar Maestre, Fernando Álvarez que laboraron por muchos años codo a codo con don Antonio y doña Justa y el que todavía acompaña a los hijos, Mateo Pereira que se mantiene al pie del cañón.

Don Antonio Miguez Tielos, fue uno de los tantos inmigrantes que escogió a la naciente ciudad de El Tigre, como su patria chica y por su tenacidad, honradez, voluntad de trabajo, sus extraordinarias cualidades personales y la maravillosa familia que conformó, le granjearon el cariño, la amistad, el aprecio y el reconocimiento de la comunidad. Unidos los brazos de Don Antonio, doña Justa, sus hijos Manolo, Otilia, Guillermo, Enrique, Maruja y sus, por ahora 9 nietos, han logrado con mucho esfuerzo, vencer las muchas vicisitudes. Esa proeza convierte a don Antonio en uno de los personajes, que indiscutiblemente contribuyó positivamente desde su modesta “Tostadas, Restaurant San Antonio” al engrandecimiento, crecimiento y desarrollo de la ciudad. Un granito de arena que todavía perdura y perdurará en el tiempo.


Esta crónica la escribimos con la sana intención de darle solidez a nuestra memoria histórica, exaltar los muchísimos héroes anónimos que existieron y existen en la ciudad, los cuales contribuyeron con su esfuerzo, dedicación, empeño y alto sentido de la responsabilidad, con el desarrollo, afianzamiento y consolidación del pueblo de El Tigre, que nació al calor de la industria petrolera, el 23 de febrero de 1933 y la cual se convirtió en pocos años de manera aluvional en un gran pueblo y ahora, a pesar de la crisis eléctrica, la falta de agua y la invasión de la basura, en la ciudad capital del la zona sur del estado Anzoátegui.



lunes, octubre 05, 2009

Los límites Simón Rodríguez – Guanipa (Segunda parte)

La peor decisión es la indecisión
Benjamín Franklin (1706-1790)
Político, filósofo, y científico estadounidense.




En el año 1989, cuando ejercí la Presidencia Municipal, se aprobó el primer y único Plan de Desarrollo Urbano Local. En esa oportunidad, quedó claro que el ensanchamiento urbano del municipio Guanipa, ya había avanzado internándose en los predios enmarcados en los límites legales y, vigentes hasta ahora, del municipio Simón Rodríguez. Más grave aún, los bloques de terrenos que se reservaron, de acuerdo a ese PDUL, para la zona industrial de nuestro municipio vecino, quedaban en territorio nuestro, de acuerdo a la línea divisoria legalmente establecida por Cartografía Nacional. En ese momento todo el mundo vio y calló. Allá y aquí.

El municipio Guanipa, continúo su crecimiento hacia el oeste, su área urbana, siguió internándose en los predios del municipio Simón Rodríguez, iniciaron la urbanización de su zona industrial y ejercen de hecho, autonomía sobre esos lotes de terrenos, que legalmente no les corresponde. Esa es una realidad incuestionable. La línea que divide ambos municipios, hasta ahora, tiene su punto de partida en el botalón ubicado en el Paso de El Tigre, pasa por los portones de la Coca Cola y se proyecta hacía el sureste, dejando toda la franja – de ambos lados – que se conoce como la vía a la Guarapera en territorio de Simón Rodríguez. Nadie ha reclamado, no reclaman, ni reclamarán la autonomía que ejerce Guanipa en esa zona. ¡No! la situación que crea inconvenientes está reducido al área conocida como El Palomar y las que colindan con la avenida Intercomunal y la avenida Jesús Subero, que nos comunica hacía el cruce de vea. Los considerados lomitos.

Mucho se ha discutido y se discutirá acerca de los límites de los municipios Simón Rodríguez – Guanipa. La verdad de las cosas, es que de acuerdo a la ley, cuando exista voluntad política y se asuma con seriedad y responsabilidad este importante asunto, que no debe tener mayor connotación que la que aconseja del buen juicio, las Cámaras Municipales de ambos municipios deben aprobar una de las 3 propuestas que recomienda Cartografía Nacional u otra que ellos en sesión conjunta aprueben, lleven el acuerdo de las cámaras, a la Comisión de Límites del Consejo Regional Legislativo, que presentará un informe definitivo a la plenaria y una vez aprobado por esta instancia legislativa, Cartografía Nacional, hará los cambios de las líneas limítrofes y le oficializará en cambio de límites. Así, de sencillo.

¿Cuáles son las propuestas de Cartografía Nacional? dos extremas y una intermedia. La primera evidentemente perjudica al municipio Guanipa. Es dejar los límites como están. La segunda, puede ser discutida y mejorada. Es intermedia y reubicaría la línea divisoria pasando más menos por dónde hoy está ubicada Wendy’s y la tercera incuestionablemente perjudica a municipio Simón Rodríguez, porque los límites serían reubicados por AGUANCA. Nadie puede sentirse atado a alguna de las tres. Cartografía Nacional, como organismo técnico, sólo ha hecho esas 3 propuestas, atendiendo un pedimento de La Comisión de Límites de la otrora Asamblea Legislativa. Ellas pueden ser modificadas, reajustadas y variadas, buscando una alternativa que logre el consenso de ambas Cámaras Municipales y al ser aprobada por el Consejo Regional Legislativo, Cartografía Nacional ajusta los nuevos límites. Hay quienes piensa que una alternativa valida, sería ubicar la línea divisoria en la zona conocida como Maxin’s Vea, o en ese sector, justamente dónde un alcalde de Guanipa, como marcando sus límites, colocó el monumento de San José, santo patrono de su municipio y cuya gráfica acompaña esta crónica. Es cuestión de discutir todas las alternativas y solucionar de una vez por todas, el diferendo fronterizo.

Obviamente, se dice y escribe fácil, pero si no existe voluntad política, deseos sinceros y una acción responsable por parte de las autoridades competentes, continuaremos viendo, cada cierto tiempo, el triste espectáculo al cual ya nos tienen acostumbrado concejales y alcaldes – de ayer y de hoy – peleándose por los terrenos lomitos, los impuestos que se generan en las zonas urbanizadas de las avenidas Intercomunal y Jesús Subero, sin tomar el menor interés en área circundante de la avenida que conduce hasta La Guarapera porque, no se van al fondo del problema y, ya se reconoce de hecho que los lotes de terreno de esa superficie, pertenecen al municipio Guanipa y yo tengo el pálpito que allí, está el verdadero quid del problema y nadie quiere alborotar ese avispero.

Escribo estás líneas, con la única y deliberada intención de ubicar en su justo contexto la realidad que hemos vivido, vivimos y seguiremos viviendo por largo tiempo los vecinos de los 2 municipios, por la inacción de las autoridades municipales. Conste, no me pronuncio por ninguna opción, sólo reseño el fondo del asunto e intento ilustrar a los habitantes de a pie, que a veces, preguntan con curiosidad y no sin cierta sorna, ¿Qué se pelean? ¿Creerán los alcaldes y concejales que estamos ante un diferendo tipo Medio Oriente? ¿Llegarán a sacar los cañones, los tanques, los submarinos, portaviones, los aviones sukhois, los fusiles de asalto AK-47? ¿Utilizarán el ejército regular o la reserva? ¿La guerra será convencional o asimétrica? Uno simple mortal, no sabe.


Lo que pareciera cierto, ante la indecisión con relación a los límites, que no hay dudas lo peor, más de un prócer, que han salido y salen a guerrearse por esos terrenos lomitos, no han aguanta un cañonazo en el bolsillo y han terminado con las alforjas llenas.


sábado, octubre 03, 2009

Personajes de mi pueblo: Toñito Liccioni

La vida de los muertos está
en la memoria de los vivos

Marco Tulio Cicerón (106-43 a.C.)
Escritor, político y orador romano.


En el naciente pueblo de El Tigre, cuando transcurría el año 1945, estando en pleno desarrollo la revolución de octubre, llegó el hombre que se convertiría en el primer Radio Técnico en la historia de la ciudad. Antonio María Liccioni Azanza, venía a probar suerte desde su lar nativo Ciudad Bolívar. Era descendiente de una familia corsa, la misma tierra que vio nacer a Napoleón Bonaparte o sea el pueblo de Ajaccio, capital de la actual Córcega y cuyo apellido italianizado era Buonaparte. Toñito Liccioni, como se le conoció durante su larga y fructífera vida, fijó su residencia, talleres y negocios en la esquina de la calle Brisas del Mar con calle Miranda de Casco Viejo (La foto es del sitio exacto. Todo el pintado color amarillo y azul) Allí llegó, vivió, trabajó, formó su prolija familia, al lado de su esposa, la calabresa Elia Sebastiani y allí murió. 6 hijos Elia, Antonio, Thaís, Magaly, Roberto, Carlos y numerosos nietos y bisnietos, le sobreviven y recuerdan con amor, cariño, respeto y veneración. Un gran hombre que creyó y contribuyó con su trabajo y tesón a la consolidación del pueblo.

Don Antonio Liccioni era a la sazón un especialista violinista, en esa faceta fue fundador en Ciudad Bolívar, al lado de su amigo Víctor Yelamo, de la banda municipal y también ambientaba musicalmente las películas silentes que proyectaban en el cine América de la capital bolivarense. Aquí en El Tigre, se destacó como telegrafista, fue uno de los primeros radioaficionados que estuvo identificado con las siglas (YV6DN) permiso expedido por el Ministerio de Comunicaciones y para variar en uno de sus locales instaló, a pesar de que no existía servicio de electricidad pública, una fabrica y venta de pocicles y helados que puso en funcionamiento y producción con una planta eléctrica de manufactura alemana, la cual adquirió con su propio peculio. Esa fábrica de helados, los cuales vendía todas a locha (Bs. 0,121/2) y que deleito el paladar de grandes y chicos, el señor José Ramón Ron Padilla fue uno de sus más consecuentes clientes, hasta que le tuvo que bajar la Santamaría, porque la planta hacía mucho ruido y molestaba a los vecinos. Producía, lo que ahora se conoce como contaminación sónica. No había Ordenanza de convivencia ciudadana, pero Toñito fue siempre un buen vecino y mejor ciudadano.

Como Radio Técnico, a la cual consagró su vida Toñito Liccioni, cuyo taller prestigiaba con su apellido, atendía a todos los vecinos que tenían problemas de desperfectos con sus radios, necesitaban ampliar su recepción y una que otra reparación; también le metía a los tocadiscos, rockolas y en más de una oportunidad fueron requeridos sus servicios por los señores Roberto Bonaguro y Manuel Otero dueños de las primeras plantas eléctricas que prestaron el servicio de alumbrado público, comercial y doméstico a la incipiente población. Además cultivó una excelente relación de amistad y profesional con don Carlos Poleo que fundó e instaló La Voz de El Tigre, a cuyas instalaciones, eventualmente le prestó servicio técnico. Era el radio eléctrico por excelencia y fue referencia obligada por mucho tiempo en la ciudad.

En una tarde calurosa, en los inicios de la década de 60, Toñito Liccioni, recibió en su taller la visita de un joven que lucía un impecable traje formal, se le presentó y le dijo “Yo soy el nuevo director del Liceo Pedro Briceño Méndez y vengo a presentarme de parte del Prof. Bartolomé Marín” le extendió la mano y después de un fuerte apretón, le preguntó ¿Tú bebes aguardiente? y éste solícito le respondió sin titubeos ¡Claro! entonces no perdamos tiempo, véngase en mi vehículo, se fueron, llegaron al Bar Rest. Las Vías que funcionaba en la avenida España, dónde hoy está edificado el Banco Venezuela, antes Latino y Caracas. Era nada más y nada menos que el Prof. José Antonio Arias Reyes, con el cual entabló una amistad personal, social, familiar y, porque no decirlo, etílica hasta el resto de sus vidas. Ambos con una cultura etílica impecable.

Una vez retirado de la actividad laboral, Toñito Liccioni, todos los días, después del almuerzo, esperaba al Prof. Arias Reyes que también estaba jubilado y se sentaban a tomarse sus respectivos escoceses. En una oportunidad, había un grupo numeroso y una dama, le preguntó con cierto halo de preocupación ¿Por qué usted no se manda a operar esos bocios? A lo que Toñito respondió con su proverbial amabilidad y buen humor “Ay, mija los hijos míos, me tienen loco con esa misma canción, pero como yo no estoy para que me cojan cría y esos bichos no me impiden tomarme mis whiskys, mejor dejo eso así y no me los dejo ni tocar” Todos soltaron las carcajada por la genial salida y la velada continúo sin novedad. Esas y, muchas otras anécdotas, hay de don Toñito Liccioni que por razones de espacio dejaremos para otras oportunidades.

Está crónica la escribimos con la sana intención de contribuir a fortalecer nuestra frágil memoria histórica y rendirle un merecido tributo a los hombres y mujeres que contribuyeron con su fructífero trabajo, mística y laboriosidad al crecimiento, desarrollo y consolidación de la pequeña urbe de la cual hoy disfrutamos, a pesar de la falta de electricidad, agua y la invasión de la basura. Aún muertos, estos personajes, están en la memoria de los que, por ahora, seguimos vivos.

sábado, septiembre 19, 2009

Personajes de mi pueblo: El pan margariteño, Machelo

Dios ha puesto el trabajo
por centinela de la virtud

Homero (s.VIII a.C.)
Poeta griego.


Hijo de margariteño, aunque nazca en Jusepín, sea monaguense e hijo adoptivo de El Tigre come pan artesanal originario de la isla. En el caso de Marcelino Gómez el popular Machelo, perfectamente se da esa premisa y más aún, lo distribuye y vende por toda la zona de Pueblo Nuevo – norte y sur – desde hace 38 años conduciendo su bicicleta de reparto. Clientes viejos, fijos, eventuales, nuevos y hasta turistas le compran el pan margariteño que les llega calientito a las manos, son una delicia para complementar cualquiera de las 3 comidas y hasta resuelven una de ellas con mantequilla, queso, guarapo, jugo, refresco, chocolate, café con leche y hasta a capela. El cayuco mayor José Jiménez lo come hasta con papelón para darle fuerza a la voz cuando canta el galerón.

Hijo de los margariteños Eutoquio López y Valentina Gómez, que llegaron a Jusepín estado Monagas, dónde el padre logró empleo en la industria petrolera, luego lo trasladaron a Anaco, hasta llegar y fijar residencia definitiva en El Tigre, dónde Machelo concluyó sus estudios de primaria en la escuela Rafael Antonio Fernández Padilla de la Charneca que dirigía la Prof. Isbelia de Ruiz. No pudo continuar sus estudios ya que contrajo nupcias con Nélida Salazar y tuvo que salir a ganarse la arepa para la familia que establecía y la opción del momento fue vender pescado fresco en la mañana y el pan margariteño en las tardes. En esas 2 actividades trabajo hasta el 2001, cuando abandonó la primera y se quedó con el pan.

Hasta ahora, Machelo, tiene 5 hijos y 12 nietos, se las ha visto duras, pero le ha sobrevivido a la adversidad, durante sus diarios recorridos por las calles de Pueblo Nuevo, es habitual verlo en su bicicleta de reparto, su gorra, su cajón al frente, una pimpinita de agua y escucharlo vocear, con fuerte e inteligible voz que llegó el pan margariteño calientito y listo para degustarlo. En esa tarea se mantiene desde las 11 AM hasta las 6 PM y durante todo ese tiempo conserva su proverbial entusiasmo, jovialidad y buen humor. Ver molesto a Machelo, es más difícil que llueva pa’ arriba, cuenta el Prof. Neuman Cedeño uno de sus clientes más consecuentes.

La elaboración de ese pan artesanal, la inicio en su casa de la 2da. carrera norte, con un horno de barro, en la década del 50 el margariteño don Pedro Silva y el cual al retirase a sus cuarteles de invierno les entregó el testigo a un hijo y un sobrino que lo mantienen vigente y en plena producción. Ese delicioso pan, lo comenzó vendiendo Machelo en 4 presentaciones: a locha, a medio, a real y el más grande un bolívar. Hoy y, por ahora, sale de un sólo tamaño y su valor es de 8 bolívares la unidad. Los clientes, obviamente se quejan, pero entienden que la culpa no es del vendedor, ni del productor es sencillamente consecuencia de la galopante inflación que azota a Venezuela. Edgar Brito chilla y como no tiene opción, con el dolor de su alma, lo adquiere y lo rebana para que le rinda y poder llevarle un poquito a su cuñado Oswaldo Rivilla para que no se acueste con el estomago vacío.

Marcelino Gómez el respetado, admirado y apreciado Machelo es todo un personaje en la ciudad. En sus largos 38 años transitando las calles de Pueblo Nuevo, nunca ha sido víctima del hampa ¡Dios y la Virgen del Valle lo protejan! y cuenta con una legión no de clientes, más bien de amigos que entienden su situación y muy poco le solicitan crédito, todos cancelan de contado para que él y su familia puedan sobrevivir de la poca ganancia que le genera la venta del pan margariteño el cual a la sazón, proviene de una industria artesanal que se mantiene de los ingresos diarios y tampoco puede darse el lujo de salir a flote con una línea de crédito ni siquiera a corto plazo. Hay que adquirir el pan margariteño que es autóctono y pagar de contado.

Escribimos estás líneas para contribuir a que nuestra frágil memoria histórica, no olvide estos personajes que con su trabajo denodado, constancia, virtuosidad y sobre todo su integridad personal, forman parte de nuestro diario panorama visual citadino y que quizás, de tanto verlos, pasan desapercibidos para muchos, pero que están allí haciendo la historia menuda y productiva de la ciudad.
En la gráfica Marcelino Gómez (Machelo) a la derecha procede a venderle su rico pan a Víctor Domínguez quién es vecino del sector sur y fue a su encuentro en el sector de las 6 esquinas dónde concluía la venta respectiva a la señora Amanda de Martínez.



En la Gráfica: don Antonio Oliveira frente a la panadería y pastelería Chantily. Fue la última de las tantas que fundó.

martes, septiembre 08, 2009

Las primeras paradas obligatorias del pueblo

Una memoria ejercitada es guía más
valiosa que el genio y la sensibilidad

Friedrich Von Schiller (1759-1805)
Poeta, dramaturgo y filósofo alemán.


En todas las ciudades existen las calles de transito y paradas obligatorias para los transeúntes. Todo depende hacia dónde los citadinos se dirijan. En el caso de la ciudad de El Tigre, casi todos, los que buscan en dirección a la zona rural del sector sur, el Caris, Paso Bajito, Moquete, Caldereño, Atapirire, Múcura, Boca del Pao, balnearios y fincas aledañas, después de abastecerse en el comercio local, tenían una última parada obligatoria. La Casa del Pueblo de don Rafael García, ubicada en la esquina de la calle Colombia cruce con Calle Ribas e inicio de la calle Brisas del Caris que empata en la 4 vías con la carretera del Caris y en el punto de lo que fue la Casa Nueva York se bifurca hacia el suroeste creando la calle Falcón de Pueblo Ajuro.

La Casa del Pueblo mantuvo la supremacía por bastante tiempo. Era la bodega de la salida por excelencia, en ella se conseguía desde un alfiler hasta el kerosén que vendían al detal. Una fría, aguardiente, whisky, cartuchos, un refresco las compras de último momento para el abastecimiento completo y una vez que estaban como carrito de compañía, feliz viaje. En ese lugar era común encontrar cuadrillas de trabajadores petroleros, dueños de fincas, turistas, vecinos de la zona rural esperando una cola y la permanencia de vecinos, que convertían el lugar, en un sitio de encuentro propicio para la tertulia franca, abierta y desprendida entre amigos, ya que por esos tiempos, todos se conocían. La conversación versaba sobre lo humano, lo divino, el trabajo, las noticias y de dejaba colar hasta el chismecito del momento.

En la medida que fue creciendo el área urbana de la ciudad. Desde el Casco viejo hacía Pueblo Ajuro, en la calle Brisas del Caris, cruce con 5 de julio, el lugar dónde se inició el barrio La Cruz, que se conoció por muchos años, como barrio Loco, el señor José Luís Salazar, el popular Sampa, construyó un kiosco de bahareque – el encofrado fue hecho con caña brava – que le suministró José María Lira Reyes, ese pequeño local que fue víctima de un pavoroso incendio, cuando bajó un torrencial aguacero con tormenta eléctrica, explotaron los tanques negros y la candela arrasó el sector y amenazaba con pasar la calle Brisas del Caris hacía el oeste que era lo que estaba poblado en Pueblo Ajuro.

Pasado el susto y superada las perdidas, Sampa reconstruyó el kiosco los usufructuó por un tiempo, luego lo vendió al portugués Juan Núñez, que después, se lo dejó a Josefina Salazar, con la cual tuvo una hija, la buena moza Fátima y esta a su vez, se lo cambió a su cuñado Ramón Array por una casa lindante, en la cual todavía habita con su familia. Lo cierto del caso es que el Negro Ramón Array, le puso cariño, lo rehizo con bloques, como se observa en la gráfica que acompaña esta crónica, y convirtió el punto en la segunda parada obligatoria de esa salida del pueblo hacia el sector sur, después de la primigenia Casa del Pueblo. Uno de los más consecuentes viajeros que hacía su parada en ese sitio fue don Benito Villasana, dueño de la Gestoría Villalta que funcionaba en los alrededores de la Plaza España, atapirireño de pura cepa, quien siempre poseyó vehículos último modelo, con aire acondicionado y los cuales estacionaba en la acera que daba al patio de la casa de don Benigno Piñero, en cuyo solar habían frondosas matas de mango que brindaban una buena sombra sus lujosos automóviles que siempre lucían impecables. Una novedad para la época.

En una oportunidad Daniel Salazar, el popular “Tabú”, cuñado de Ramón Array, le pidió una cola para Atapirire. Don Benito, le preguntó, ¿me podrá dar la cola en su pick up para Atapirire? éste le responde con la proverbial cordialidad y amabilidad que le caracterizaba “Caramba Daniel con mucho gusto, pero llevo los puestos adelante ocupados, (lo acompañaban como de costumbre dos lindas damas) salvo que te quieras ir en la parte trasera”. Daniel sin pensarlo dos veces se embarcó y murmuró en voz alta. “Caramba, don Benito creerá que va llegar primero que yo” don Benito Villasana, soltó una carcajada por la ocurrencia y arrancó. ¿Quién llegaría primero al pueblo? Los dejo a su libre interpretación.

Esos fueron las dos primeras paradas obligatorias. La casa del Pueblo que continúa vigente, ahora como licorería y la Bodega Array, que también tuvo una de las galleras más populares de la ciudad y ahora, en muy poco tiempo será demolida y será historia, ya que don Ramón Array, que con el paso de los años, sufre de muchas lagunas mentales y aún cuando es oriundo de Atapirire, vive al lado de su familia en Valencia, los cuales vendieron las bienechurías al próspero comerciante Enrique Castellano, propietario de “Agropecuaria Castellanos” quien construye un moderna edificación para instalar su negocio de distribución de productos para las tareas del campo.

Hoy la parada obligatoria por excelencia es las 4 vías. Esa es otra historia, por los momentos y por razones de espacio, la dejamos hasta aquí. Empero, esta remembranza de esas paradas obligatorias, la hacemos para refrescarles la memoria a los adultos mayores que compartieron esas vivencias, ilustrar a las nuevas generaciones acerca de nuestro rico pasado reciente y contribuir a que no se pierda la memoria histórica de la ciudad. No olvidéis que nuestra memoria, como afirmó el poeta escosés Robert Louis Stevenson, es magnifica para olvidar. Importante, ejercitarla para no olvidar de dónde venimos, dónde estamos y hacía dónde vamos.

lunes, agosto 31, 2009

Personajes de mi pueblo: ROGINO

¿Cuál es el sueño de los que
están despiertos? La esperanza

Carlomagno “Carlos I, el grande” (742-814)
Monarca germano.

En Ciudad Bolívar, el 15 de diciembre de 1938, vino al mundo Noel Rosales Rogino, cuando cumplió los 7 años sus padres Sabino Rosales, guayanés y María Lastenia Rogino, oriunda de Uracoa estado Monagas, lo trajeron a El Tigre, fijaron residencia en la calle Ribas nº 37 del naciente pueblo. El Viejo logró empleo en la Mene Grande Oil Company y en su largo matrimonio procrearon 3 hijos. Jesús Rafael que fue gerente del Banco Unión en el tiempo que sus oficinas funcionaban en el Centro Comercial Murhib. Oswaldo Eloy, que se procuraba la arepa vendiendo la crónica policial y otras revistas de aventuras a los citadinos y pobladores de los pueblos aledaños y nuestro personaje, el popular y conocido Rogino, que fundó el primer gimnasio del pueblo.

Noel Rosales, el popular Rogino, quien es muy parco y pausado en el hablar, dice que, a sus 71 años mantiene la esperanza de que, las autoridades competentes, se preocupen por su caso. Está desempleado, perdió un ojo cuando realizaba labores de pintura, una gota le cayó en el izquierdo y él pensando que el jugo de limón le limpiaría y calmaría el ardor, se lo aplicó y lo que hizo fue dañarse la cornea, está prácticamente tuerto, pero con inmensos deseos de obtener su pensión del Seguro Social, mantener la actividad física e incentivar y motivar a los niños y jóvenes del barrio Las Delicias, dónde vive en la calle Libertad 39, al lado de su esposa que es oriunda de Paríaguan de nombre Santa Benigna Gonzáles de Rosales, la cual se desempeña como camarera en la Clínica del Sur, con ella procreo 8 hijos que les han proporcionado hasta hoy, 11 nietos que alegran su humilde hogar y que son la prolongación de su vida.

El popular Rogino, cuenta que todos los equipos para el gimnasio, los fue adquiriendo con recursos propios, la ayuda de su padre que trabajo 27 años en la industria petrolera, a los jóvenes del sector que realizaban sus ejercicios físicos en su local, les exigía, a los que podían, un pequeño diezmo, además de requerirles disciplina para lograr los objetivos que se proponían como era desarrollar la musculatura, en un cuerpo sano y mantener el ritmo del entrenamiento. Recuerda que el famoso Sansón, Antonio Liccioni (h), los hermanos Ojeda, Rubén y Juvenal a la sazón compañeros de Desmond Coll en el conjunto de Stel Band, Estrellas de fuego, desarrollaron buen físico en el gimnasio. Otros que disfrutaron el gimnasio como hobby y que conformaban la generación de relevo del pueblo, como el general Dumas Meza Meza, los hermanos Lira Humberto, Vicente, el Chino, Chaía, el Negro y Oito, todos del árbol genealógico de José María Lira Reyes y doña Margarita Rondón, fundadores del pueblo, los hermanos Piñero Luís Ramón, Timoteo y Choncho, los hermanos Tovar Francisco y Pedro el primoroso barbero y cotizado músico cuyo nombre artístico es “Culebra”, el Cnel. Dámaso Cabrera, los hermanos La Rosa Manuel, Ángel, Cesar, Alfredo, Arnaldo, Eduardo, Dimas, José Vicente, todos de la prolija cosecha matrimonial de Don Dimas, uno de los primeros habitantes del pueblo y fundador de la ciudad, los hermanos Farrera, Miguel y el coco liso Ramón, el cnel. Eduardo Mirabal Castillo, Antonio Sotillo el conocido “Dr. en ciencias refrigeradas” como lo bautizó Vicente Lira, los hermanos Biscochea, Edgar, Rubén y Fidias, estos dos últimos, de tanto alzar pesas crecieron, pero a los lados, los hermanos García, Argenis y Exenio descendientes de don Rafael García, primer propietario de la Casa del Pueblo, Jesús Medina, Boanerge Meza Meza, Alejandro y Guayo Meza, Erasmo Jiménez, los hermanos Hernán y Enrique Hidalgo, los hermanos Rodríguez, Ernesto (Pinocho) Alfredo (Conejo), de ese grupo, casi todos con vida y son todos hombres de bien, trabajadores destacados profesionales en diferentes disciplinas, notables y reconocidos deportistas, poetas y escritores.

En la década del 60, recuerda Rogino, visitó el pueblo una delegación de los Estado Unidos que se hacia llamar “Cuerpo de Paz”, se interesaron en el desarrollo de su musculatura, tipo Charles Atlas, lo invitaron hasta Pueblo Ajuro, posó para sus cámaras, le hicieron un set de fotos, pero más nunca volvió a saber de ellos. También para esa época, estaba en todo su esplendor el cine mexicano y todos coincidían que Rogino, poseía un parecido físico con el actor Wolf Ruvinskis y para las nuevas generaciones, al ver la foto que acompaña esta crónica, muchos dirán que también, en el esplendor de su vida, se parecía al actor Andrés García. Obvio, cada quien en su tiempo y lugar.
Lo cierto del caso es que Rogino, quien es extremadamente católico, fue el fundador del primer gimnasio de la ciudad, el cual funcionó en la calle Ribas 37 del casco histórico y cómo todos aspiramos que no se disipe la memoria histórica, esperamos de igual manera, que aquellos ciudadanos que escribieron esas bellas páginas de nuestra historia local, que todavía están despiertos, gocen de la debida atención de las autoridades competentes para que mejoren su calidad de vida, puedan disfrutar de la obligatoria, legal y constitucional seguridad social, que les maximice la dignidad con las que han vivido hasta hoy. Por ahora, una súplica ¡La pensión para Rogino! Bien merecida y mejor ganada. Es la esperanza.

domingo, agosto 23, 2009

Los límites de Simón Rodríguez – Guanipa (Primera Parte)

El presente es la viviente
suma total del pasado

Thomas Carlyle (1795-1881)
Historiador y pensador escosés.


En el año 1948, cuando la honorable Asamblea Legislativa del estado Anzoátegui, bajo la Presidencia del Dr. Jaime Lusinchi, creó el Distrito Simón Rodríguez, su área geográfica la conformaban los municipios El Tigre y San José de Guanipa, ambos pertenecientes al Distrito Freites. Cómo es obvio, ya estaban perfectamente demarcados. La línea divisoria de esos municipios se inicia en el paso del Tigre, pasa por los portones del antiguo deposito de la Pepsi Cola, hoy Coca Cola FEMSA, gráfica que acompaña esta crónica y se proyectan hacía el sureste. Esa realidad nadie la cuestionó, discutió o reclamó porque los dos municipios estaban bajo la autoridad que despachaba desde El Tigre, que a la sazón, era la capital del Distrito Simón Rodríguez.

En el segundo semestre del año 1973, es elevado el municipio San José de Guanipa a la categoría de Distrito, constituyen una junta administradora provisional, en las elecciones de diciembre eligen los concejales y el 2 de enero de 1974 se instala formalmente la cámara municipal, resultando electa la señora Lala de Mujica como Presidenta. En materia de límites, la situación continuó igual, ya que los lotes de terreno en la franja limítrofe tenían un valor ínfimo, los pueblos estaban estancados, las zonas urbanas retiradas y nadie mostraba mayor interés en el asunto. Los dos pueblos disfrutaban de paz, tranquilidad y no existían mayores sobresaltos.

El Presidente Carlos Andrés Pérez Rodríguez, asumió el poder ese mismo año, cobró vida el primer boom petrolero, la recesión que había azotado está región a finales de la década del años 1960 fue cediendo, la gente que se había marchado empieza a regresar, los inversionistas fijan su vista de nuevo en esta tierra de gracia, la región logra un gran impulso económico, ambas localidades emprenden un crecimiento acelerado, las áreas urbanas empiezan a acercarse, confundirse en una sola y van creando progresiva e imperceptiblemente una gran conurbación que está consolidada en el presente. En aquel momento, incluso hay quienes plantearon la posibilidad de crear un Distrito Metropolitano que asumiera el control político – administrativo los dos pueblo y esa metrópoli se convirtiera en la capital del estado del sur o estado Guanipa, una idea que impulsó el poeta Heli Colombani y que todavía está latente en el corazón de los habitantes de esta vasta región que pareciera fue desheredada de las glorias del Gral. José Antonio Anzoátegui.

En ese tiempo, por efectos del crecimiento de ambas localidades, surge la primera controversia por los límites de ambos Distritos. Los hermanos Hussein adquieren dos lotes de terrenos, (cerca de 700 has. en Simón Rodríguez y cerca de 300 has. en San José de Guanipa cuyo precio por ha., fue de Bs. 1 – un bolívar) exactamente dónde hoy está construida urbanización “La California”, para lo que supuestamente seria, con financiamiento del Banco de los Trabajadores, presidido por el archi conocido Eleazar Pinto. El litigio llegó cuando las autoridades del Distrito Simón Rodríguez cuestionaron la protocolización de los documentos en el registros, argumentando que todo el lote de terreno pertenecía, por en territorio de sus límites. La cuestión no llegó a mayores en ese momento, pero luego los hermanos Hussein revivieron el conflicto cuando constituyeron una compañía cuyo capital estaba representado en esos lotes de terrenos fijándoles un precio de Bs. 3,50 y con esa revalorización triplicaban el valor del terreno para los efectos de obtener ventajas en el crédito que gestionaban ante el BTV, vinieron a obtener la validación de las Cámaras Municipales, hubo un gran escándalo de corrupción con ribetes nacionales. Eso constituyó otra alharaca que murió por la caquexia que sufre nuestra justicia. Esa es otra historia.

Esta crónica intenta restituir parte del polvo histórico que han traído estos lodos conflictivos, los cuales los continuaremos colocando en el tapete de la opinión pública, con la sana intención de contribuir a ubicar en su verdadera dimensión cronológica, un problema que surge cíclicamente cada vez que se presenta un pequeño incidente con relación a la autoridad que alguno de los dos alcaldes debe tener en la zona en litigio para los efectos de la venta de terrenos, permisología, cobro de impuestos, prestación de servicios o cualquier otra situación que vulnere sus supuestas competencias. Es una historia muy rica, encantadora e interesante de nuestro bucólico pasado, que sumando todas las omisiones, nos trae cíclicamente a este conflictivo y vivo presente que existe por los límites entre los municipios Simón Rodríguez y San José de Guanipa.



martes, agosto 18, 2009

La carretera negra la Flint

Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo
de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos

Henri Bordeaux (1780-1963)
Escritor francés.



Hace pocos días, en una reunión política en el sector oeste de la ciudad, uno de los participantes preguntó ¿porqué esta vía posee el nombre de Carretera Negra “la Flint”? muchos se vieron las caras, lo miraron con asombro ya que la interrogante provino de un joven que promediaba los 30 años. Caramba, exclamaron, casi al unísono los más avanzados en edad. ¿No sabes tú que en la esquina dónde acaban de inaugurar el Centro Comercial “Babilonia” funcionó por muchos años y desde su llegada a la ciudad la empresa trasnacional petrolera “Flint Constructión Company? ¿Desconoces que la gente por asociación se acostumbró a llamar esa carretera negra o pica petrolera, que existía desde la entrada a Pariaguan, cruzando hacia el cruce de Vea, dónde funcionó el Night Club el 73 que luego se llamó Alí Baba, hasta el cruce de VEA? Vea usted, “Lo desconocía totalmente respondió el joven que agradeció la aclaratoria”. El que pregunta llega lejos y difícilmente se equivoca.

El anterior relato, revela una vez más, lo frágil de nuestra memoria histórica. La ciudad va creciendo a un ritmo acelerado, muchas empresas desaparecen, se instalan otras, con el desarrollo urbano en permanente evolución, de forma casi imperceptible va modificándose la estructura inmobiliaria y la panorámica de la ciudad. Empero, el paso del tiempo, va dejando su huella indeleble como en el caso de la trasnacional de servicio Petrolero Flint Constructión Company, la cual fue mudada para la entrada norte y allí, también dejó un legado histórico, ya que la cabria que instalaron en los altos de lo que fue su sede, está declarada patrimonio histórico de la ciudad reconociéndolo como símbolo de nuestros orígenes petroleros y salvo que llegue un atorrante, desalmado e ignorante al gobierno local, perdurará para toda vida y continuará siendo punto de referencia para identificar nuestro inicio como pueblo y hasta para alguna dirección, cómo lo era la bomba Primavera que fue víctima de la acción de un troglodita que llegó a la alcaldía por un accidente electoral.

Volviendo a la Carretera Negra La Flint, debemos decir que antes fue una de las llamadas picas de la industria petrolera, y por muchos años fue el border line de los límites de la ciudad. Antes, ese borde fue la calle Nueva Esparta que tiene su punto de partida exactamente en el campo de fútbol “David Mota”, en Pueblo Ajuro y llega hasta la vía en cuestión. Por esa particularidad en su vértice era conocida como Punta de Cuchillo ya que el otro límite lo creaba la avenida cinco, ya que la Charneca no existía. En el sector suroeste de la Carretera Negra de la Flint estaba instalada la zona de tolerancia, conocida como el Mosquero y cuyos negocios más conocidos fueron los night club Mi Balconcito, el 73, que luego se llamó Alí Baba y un poco más hacía la Chicagua el Todo Paris. Mas tarde fueron apareciendo las populares taguaras, dónde destacaban La Calandria, el Paraparo, la Guayanesa, El bar El Tigre, La Cueva del Humo y al final, ya en el cruce con la carretera de Pariaguan el Bar El Faro. También surgió lo que hoy se conoce como las 4 vías, cuyos negocios principales fueron construidos y regentados por don Rodríguez Cuevas y la bomba de gasolina de don Dimas La Rosa. En esa carretera también tenían sus pequeños negocios, el insigne trabajador Manuel Veracierta “El cochinero” que desde muy cerca de dónde funcionó el taller mecánico H.R, de Hugo Rangel, ofrecía sus exquisitas morcillas, frituras y los infaltables chicharrones y también, frente al campo deportivo Los cachorros, el polifacético Juan Ramírez quien al lado de su inseparable esposa Rosita, ofrecía sus suculentas parrillas con ensalada, yuca sancochada, casabe y buen picante criollo. Eran Tiempos de hallaca a realito y Pepsicola a mediecito, de los de antes, que tenían un poderoso poder adquisitivo.

Es de destacar que en las adyacencias de la carretera Negra La Flint, funcionó el primer matadero del pueblo, en lo que hoy conocemos como la entrada del barrio los Sabanales cuyo acceso era por el final de la calle Rivas. Como cosa curiosa, cuando fundaron la escuela Hernández Parés, siempre fue llamada la escuela del matadero, hasta que fue olvidándose que muy cerca funcionó la sala de matanzas y la escuela, gracias a la perseverancia de maestros, alumnos y la comunidad, recobró su propia identidad y hoy todos orgullosamente la llamamos con el nombre que fue bautizada desde el día de su inauguración. En esa prestigiosa casa de estudios, recibieron clases mis hermanos Edgar José y Miguel Antonio Salazar en las aulas que estaban bajo la responsabilidad de la estricta y excelente maestra Luisa Páez quien fue toda una institución del magisterio de la época. Una disquisición: a pesar de la mano de hierro y los castigos severos, ninguno de ellos ni sus compañeros, se traumatizaron.

Esta pequeña crónica de la Carretera Negra La Flint, que acompañamos con una foto desde el sitio dónde funcionó la trasnacional Flint Constructión Company y en el cual ahora, está recién inaugurado el Centro Comercia Babilonia, la hacemos con la sana intención de contribuir con la preservación de nuestra frágil memoria histórica, recrear la de muchos citadinos que conocen perfectamente esta historia reciente de la ciudad y nunca olvidar que somos ese quimérico museo de formas inconstantes.



lunes, agosto 03, 2009

Personajes de mi pueblo: Santos Carett

El arte de la vida es el
arte de evitar el dolor

Thomas Jefferson (1743-1826)
Político y filósofo estadounidense.




Durante 30 años, vimos en las calles del pueblo al amigo Santos Rafael Carett Álvarez a bordo de una bicicleta, boleta en mano, llevando y entregando en las manos las citaciones que el Cuerpo Técnico de Policía Judicial (CTPJ) le hacía a los requeridos para alguna investigación. Los vecinos cuando lo veían acercarse a una casa exclamaban “llegó la paloma mensajera de la PTJ, en algún rollo está metido alguno de los que allí viven” Era la verdad, le correspondió por espacio de 30 años, llevar las malas nuevas. Responsable, serio y puntual con su trabajo, se convirtió, en todo un personaje del paisaje citadino.

Con su proverbial humildad y espontaneidad, cuenta que, llegó a ese trabajo porque cuando promediaba los 20 años, había nacido el 01 de noviembre de 1941, hizo amistad con el cabo GN Ramón “Boves” Trías que era alto funcionario de la Digepol, la cual funcionaba en la primera carrera al lado de La Comercial Moya Meneses. En la relación que existía entra el CTPJ y la Digepol, conoció al comisario Francisco Medrano que era el jefe de la policía científica, quien lo invitó a su cuerpo para que se desempeñara como mensajero, cargo que ostentó por espacio de 30 años y se vio obligado a abandonar cuando sufrió junto a un primo, un accidente automovilístico cuando se dirigían a Anaco y en cual perdió el brazo derecho, se partió una pierna y después de una larga convalecencia, apenas pudo recobrar su capacidad para caminar, cuestión que hace con mucha dificultad apoyándose en un pequeño bastón. Poseía problemas motores congénitos y esa tragedia casi lo desgracia totalmente.

Recuerda que en esa larga estadía en el CTPJ hoy CICPC, su sueldo dependió siempre de los gastos de funcionamiento que le eran asignados mensualmente a la oficina El Tigre, la bicicleta era del cuerpo y nunca obtuvo cargo fijo. En esos 30 años, conoció a muchos comisarios que pasaron por la jefatura de esta importante delegación. Francisco Medrano con el cual se inició y luego recuerda entre otros a Simoza, Líbano Hernández, Carpio Osuna, Bermúdez Galantón, Edgar Evans Guatache, famoso por el caso William Frank Niehous, hoy convaleciente en Caracas afectado por un cáncer el cual todos aspiramos pueda vencer, Cuoto Rondón, José María García, Ramírez Gutiérrez y Tononi que fue su último jefe. Con todos, dice con satisfacción, mantiene una excelente relación de amistad, con los que todavía están activos y son altos funcionarios en la capital, las pocas veces que los visita, lo reciben con gran aprecio, cariño y respeto. A falta de seguridad social, le queda ese premio de consolación. La amistad de quienes fueron sus jefes inmediatos.

Oriundo de El Tigre e hijo del guireño Julio Carett y la guayanesa Luisa Álvarez, a pesar de las tragedias, la dificultad motora con la cual nació y que agravó el accidente automovilístico, no se rinde ante las desdichas y aún cuando del CTPJ no le quedó ni la bicicleta, ahora armado de su bastón y un celular, prácticamente arrastrando las piernas y a pesar de sus 68 años, todavía busca la arepa para vivir con dignidad. Vendió terminales y como a nadie la falta Dios su tío Manuel Álvarez quien era preparador de caballos lo dateaba por teléfono y con esa ventaja se acerca al remate y por cada dato obtiene entre Bs. 10 y 20, que le resuelven la semana. Una vez que murió su tío, ya había hecho contacto con otros entrenadores y algunos jinetes, los llama y lo siguen dateando para continuar su actividad. Entre sus clientes favoritos está el amigo ex prefecto Emersón Camero que no mete una locha a un caballo, si primero no lo consulta y según relata, con picardía Santos Carett, en las apuestas le va muy bien

Hoy, Santos Carett, el conocido popularmente como la paloma mensajera de la PTJ, quiere volar de nuevo. Necesita una autoridad benefactora que lo dote de un carrito de 3 ruedas, con el cual, pueda movilizarse por la ciudad. Cuenta que lo puede mover con las piernas y maniobrar con el brazo izquierdo. Fuerza de voluntad y ganas de buscar y mantenerse con vida le sobran. Dios quiera que el alcalde, el gobernador o un ejecutivo de la Gerencia de Servicios Sociales de Petróleos de Venezuela lean esta humilde crónica, se interesen en su caso, puedan satisfacer esa pequeña necesidad de este sufrido y valiente personaje y podamos ver, de nuevo en el horizonte local, a la paloma mensajera volar de nuevo.



Van 20 años desde que sufrió el accidente y Santos Carett continúa vigente en la memoria de los vecinos de la ciudad. Todos recuerdan a la paloma mensajera de la PTJ, por eso lo escogimos como personaje para este destello de la memoria y además conocemos de las grandes dificultades y sinsabores que ha tenido que soportar y vencer para hoy, todavía tener voluntad de aspirar una pequeña ayuda del municipio o el estado, para continuar subsistiendo y manteniendo su humilde hogar que comparte con su adorada y viuda viejecita. A pesar del dolor, Santos Carett, ha cultivado, quizá sin saberlo, el arte de vivir con una destreza digna de la mejor causa. Las autoridades tienen la palabra.




…Y regresaron los cines a El Tigre

Tal vez algún día será un
placer recordar todo esto

Publius Vergilius Maro (70 a. C – 19 a. C)
Poeta romano.



Cuando cerró sus puertas el cine Plaza, culminó un ciclo de la industria del celuloide en nuestra querida ciudad de El Tigre. En anterior crónica, hicimos un recorrido por la evolución histórica de estás salas en la ciudad. Nos acordamos de los Cines IRMA y Cinelandia, que fueron los primeros, luego recordamos El Canaima, Principal, que luego se llamó Teatro Maroní, Ayacucho, Bolívar, Girardot (del cual anexo foto), Aragua, Sucre, Libertador, Miranda, Cristal, España y el Auto Cine Guanipa. Salvo algún error involuntario, creo que estás fueron las salas de cine que existieron hasta el año 1999, cuando la familia Bonaguro cerraron el emblemático cine Plaza. Fue una época de oro.

En las primeras del cambio se impuso el cine mexicano, las cuales sembraron profundas raíces culturales en la generación de esos años. Jorge Negrete, Pedro Infante, Antonio Aguilar, Flor Silvestres, Sara García, Lucha Villa, Sarita Montiel, Raúl de Anda, Pedro Almendáriz, María Félix, Emilio “El indio” Fernández, Mario Moreno “Cantinflas”, María Antonieta Pons, Luís Aguilar “El galo giro”, Gastón Santos, Javier Solís, Dolores del Río, Andrés Soler, Wolf Ruvinskis, Katy Jurado, Famie Kaufman “La Vitola”, Fernando Soto “Mantequilla”, Germán Valdés “Tin Tan”, Lola Beltrán, Yolanda Montes “Tongolele”, Elvia Muñoz “Chachita”, Ana Luisa Peluffo, Santo el Enmascarado de Plata, Emilio Tuero, Viruta y Capulina y otros tantos que escapan a mi memoria, eran las estrellas de las películas que disfrutamos en nuestra etapa adolescentes y recordamos con gran placer.

Esas salas de cines, carecían de aires acondicionados, butacas acolchadas, la pantalla estaba ubicada bastante alta, ya que la inclinación del piso, no era lo suficientemente pronunciada. Los cines Plaza, España, Cristal eran los más cómodos en ese sentido y luego el Maroní que le hicieron un trabajo en la sala, que incluyó un moderno sonido, aire acondicionado, mejoró ostensiblemente y fue reestrenada con los éxitos taquilleros “Terremoto” y “El exorcista” Toda una novedad en el momento.

Las salas de cine, estaban divididas en galería, preferencia y balcón. Los precios eran Bs. 0.50, Bs. 1 y Bs. 1.50, el ambiente era refrescado con potentes ventiladores, que en algunos casos, producían un ruido tan ensordecedor que se confundía con el sonido de la película. En ese tiempo había que llegar temprano, aferrarse bien de la puerta y cuando abrieran llegar primero a la taquilla, adquirir el tickets y no perderse la función ya que las entradas volaban. Era la ley del más fuerte y los más débiles, pagábamos una locha extra a los más arrojados para que compraran las entradas. David Castillo “El mocosito” Alexis Morales “Cara e’ Caballo”, Mauro Millán “Vaca Brava” Alexis Arretureta “Cunaguaro” Gilberto Lara “Gorila” Jesús Ortiz “Riquichá” Daniel Adams “el mono” entre otros, eran personas confiables y seguras para adquirir los tickets. Los apodos lo colocaba el “Negro” Bolívar.

Eran dos funciones de lunes a viernes y cuatro los sábados y domingos. Vermouth a las 9 AM, Matinée a las 3 y las dos funciones normales de 7 y 9 PM. Las funciones diurnas para los menores y la vespertina y noche para los adultos. En los alrededores de las salas de cine, se podían adquirir los “cuentos” (libritos de tiras cómicas) usados que constaban nuevos en la librería en Bs. 0,50 por apenas Bs. 0.25 y hasta una locha (0.12, 1/2) los más maltratados, los “pocicles” de la Casa del Helado que vendía el viejo Palacios, los raspaos o bola de nieve, la chicha de Martín y las infaltables cagaleras con cuya venta se defendía Gonzalo López, el popular “negro dulcero”, quien algunas veces tropezaba adrede con alguien para que se les cayera la caja dónde las cargaba, las recogía llorando, solicitaba el pago por que estaban sucias, lo lograba y luego volaba a la puerta de otro cine y las vendía tranquilamente. Ojos que no ven, no le dan náuseas. La viveza criolla, pues.

El 9 de julio, en San Remo Mall, abrió sus puertas en una función privada Multicines “Tú sueño hecho realidad” y el otro día al público en general. Una experiencia galáctica en sus 6 novedosas y espectaculares salas con capacidad para 880 espectadores, 37 amables anfitrionas (es) e inmersas en nuestro sistema solar dónde podemos disfrutar de las mejores películas nacionales e internacionales en confortables butacas tipo love seft. sonido Dolby digital, proyección de última generación y una gran variedad de comidas y golosinas. Una experiencia, que a pesar de los precios, no deben perderse los amantes del cine. Cuando se publique esta crónica, ya la gerencia a cargo del señor Yorman Somoza, habrá cambiado la cartelera que se inició con los betseller: ICE AGE 3, TRANSFORMERS, UP, TERMINATOR 4, WAR y NIGHT AT THE MUSEUM que quedarán como grato recuerdo del regreso de los cines a El Tigre.



Muchas anécdotas e historias dejaron los primeros cines en este pueblo que devino en esta ciudad, que ahora tiene de salas de cine al mismo nivel de las grandes urbes del planeta. Esta nueva y maravillosa realidad, no nos debe nublar la memoria histórica y olvidar la primera época de las primeras cintas cinematográficas que disfrutaron los citadinos y que, incluso, fueron proyectadas en varios sectores, utilizando como pantalla la pared de algunas viviendas y como asiento las sillas que cada quien llevaba de sus casas y los que no, tenían que disfrutarlas de pie o sentados en el suelo. Eran tiempos de hallaca a real y Pepsicola a medio que al recordarlos, no causan un gran placer.




Cine Girardot






Cine Plaza

sábado, julio 18, 2009

Las concesionarias de vehículos en El Tigre (4)

Lo que nunca volverá otra vez,
es lo que hace la vida tan dulce

Emily Dickinson (1830-1886)
Poetisa estadounidense.

A finales de la década del 60, inauguraron en los alrededores de la plaza España, dónde hoy funciona Repuestos Humberto, C.A que fundó el siempre recordado amigo Humberto Quami (La foto es del lugar) otra venta de vehículos que distribuía la marca Chrysler. Fue la desaparecida Tigre Motors, C.A cuyos propietarios fueron durante los años de su existencia en la ciudad, los hermanos árabes Riad y Nohad Abusaid. Estos empresarios árabes, después emigraron a Ciudad Bolívar, dónde continuaron en las mismas actividades comerciales en el ramo de la venta y servicio de vehículos hasta finales del siglo pasado, cuando por razones de salud vendieron la concesionaria a un consorcio bolivarense, se retiraron y lamentablemente fallecieron. Eran entrañables amigos de don Abdallah Yordi, otro próspero comerciante de esa época en el ramo de electrodomésticos y padre del Dr. Rabih Yordi, uno de los más prestigiosos odontólogos de la ciudad. Esa es otra historia.

En Tigre Motors, C.A a finales de la década del 60, tuve la oportunidad de laborar. Fue mi segundo empleo. Los sábados, después del mediodía, trabajaba en el sellado del 5 y 6 que funcionaba en el bar Bohemia ubicado en la calle Bolívar, paralelo a la iglesia Virgen del Valle y de lunes a sábado en la mañana me desempeñaba como office boy en esa prestigiosa venta de vehículos, dónde devengaba un salario de Bs. 42 semanales. Un realero para un estudiante de secundaria de ese tiempo, dónde nuestro signo monetario de verdad era fuerte y poseía un gran poder adquisitivo.

En esa etapa de la ciudad, estaba de moda el hotel, bar y restaurante “El Recreo” ayer El Trianon y hoy España. En aquel tiempo, no estaban masificadas las modernas cafeteras que hoy forman parte indispensable del equipo de cualquier oficina, era obligatorio ir a comprar los negritos, con lechitos o marroncitos en el expendio más cercano. Me correspondía, entonces, dentro de mis tareas diarias, cada vez que llegaba un cliente y los señores Riad o Nohad lo atendían diligentemente y amablemente lo invitaban a un café, hacer ese mandado a la barra de “El Recreo” con el mayor cuidado y prontitud para que el posible comprador se sintiera a gusto y bien atendido. Era una rutina rígida. Esmero, cordialidad y amabilidad para todos los clientes y relacionados eran características que adornaban la personalidad de estos dos exitosos empresarios.

Mientras trabaje en Tigre Motors, C.A, el gerente de servicios de esa prestigiosa concesionaria de automóviles, fue mi paisano de Pueblo Ajuro, Ismael Mejías por lo que valiéndome de la amistad y familiaridad que nos unía, en mis momentos libres, me acercaba al taller a curiosear, ayudar y tratar de aprender el oficio, cuestión que nunca logre ya que mi pasantía por esa empresa fue por el poco tiempo que duraron mis vacaciones después de aprobar mi primer año y cuando llegaba un cliente tenía que salir apuradito a lavarme las manos llenas de grasa con gasolina e ir a comprar los cafés. Eso molestaba mucho a los dueños. Había que aceptar todos los reclamos, la necesidad tiene cara de hereje y como la troja estaba alta en la casa, no había alternativa. Mi padre José María Lira Reyes había muerto, mi mamá Anastelia Salazar, sólo contaba con la pequeña, pero valiosísima ayuda que con mucho esfuerzo podía proporcionarle mi hermano mayor Edgar Salazar que ya había conformado su hogar y quedamos 4 menores con la vieja. Eran tiempos duros y difíciles que tuvimos que sortear. Dupleta de animalitos, de caballo, el sellado del 5 y 6, los sábados y trabajos eventuales como vender pan y dulces en la zona de Monagas como ayudante del amigo Pedro Torres que trabajaba para la panadería Oasis de El Tigrito, me correspondió hacer en las vacaciones, para buscar aligerar las cargas de nuestro humilde hogar. A buen entendedor pocas palabras.

Don Ismael Mejías, una vez que la empresa Tigre Motors, C.A emigró a Ciudad Bolívar, instaló su propio taller de servicio mecánico en el populoso sector de La Charneca, era especialista en la reparación de cajas hidromáticas a lo que se dedicó y goza de una nutrida clientela que se ha ganado a punta de responsabilidad, seriedad y garantía en los servicios que presta. Hasta el día de hoy y, según me dice, mientras Dios le dé salud, estará al frente de su taller para ganarse la vida horrada y dignamente, como lo ha hecho hasta el momento Su palabra es un documento.

No perdamos la memoria histórica. Esta pequeña urbe, que nació al calor de la industria petrolera el 23 de febrero de 1933, a pesar de ser muy joven, tiene un maravilloso y abundante acervo histórico. Además contó con hombres cómo los mencionados en estos “Destellos de la memoria”, que en los momentos más críticos de su economía tuvieron fe y confianza en su potencial y futuro. Ellos en el pasado reciente contribuyeron a construir esta ciudad que, a pesar de la mala calidad de los servicios que ofrece, está en pleno proceso evolutivo y más temprano que tarde será una gran ciudad.
No fue fácil el proceso de desarrollo, afianzamiento y consolidación de esta nueva metrópoli que se proyecta como capital de lo que será, el estado Guanipa, y que en el presente nos da cobijo y nos brinda la dulzura de sobrevivir en su peligroso e inseguro corazón. Vendrán tiempos mejores. La esperanza es la última que se pierde.

martes, julio 14, 2009

La concesionarias de vehículos en El Tigre (3)

Hay dos clase de hombres: quienes
hacen historia y quienes la padecen

Camilo José Cela (1919-2002)
Escritor español, premio Nobel de literatura.

En el año 1954, el inmigrante árabe don Samih Murhib, ubicó en la avenida España c/c primera calle sur, paralelo a la Plaza Bolívar, la tercera concesionaria de vehículos. Ofrecía los automóviles Pontiac y Opel, el jefe de taller en esa época fue su paisano Adel Salomón, luego obtuvo la franquicia de la Chrysler y durante ese tiempo su gerente de servicios fue Pedro Alveláez y del departamento de repuestos don Aníbal Manrique. En su constante evolución Samih Murhib, C.A, también fue representante y distribuidor de los vehículos General Motors, desempeñándose cómo jefe en el área de servicios Cruz Ramírez. Esta prestigiosa empresa logró un gran espacio en la venta de automóviles y su fundador, propietario y gerente conquistó una gran autoridad como hombre de negocios.

Don Samih Murhib estuvo al frente de su empresa hasta el año 1980, cuando se retiró y pasó al descanso del guerrero, le entregó las riendas de la empresa a sus hijos Adel y Samih, quienes la regentaron hasta el 1989 año en el cual cerraron la actividad en el ramo de vehículos, convirtiendo el edificio en un Centro Comercial que conserva, para prestigiarlo el nombre del fundador y, el cual alberga una diversa gama de firmas comerciales dedicadas a diferentes ramas y en especial a las telecomunicaciones, donde destacan Movilnet, Movistar y Digitel que son regentadas por la distinguida señora Dalel (hija de don Samih) y su emprendedor esposo Timmy Adel, la primera y Adel Murhib la segunda, ambas totalmente independientes.

El último gerente de servicios de Samih Murhib, C.A, fue Héctor Hernández y en el área de repuestos don Aníbal Manrique, siempre acompañado por su eterno y diligente asistente el trigueño José Mata. Ambos hacen el papel de dúo dinámico, hoy independizados, una vez que la empresa matriz cesó sus actividades, continúan juntos al frente de Repuestos Manrique, C.A, en la avenida Rotaria, venta de repuestos que también posee una sucursal en la avenida España, en el Edif. “Chicar” del amigo Francisco “Chico” Tovar, la cual es atendida diligentemente por el “junior” Aníbal Manrique quien comparte esas actividades comerciales con su pasión por el fútbol, su programa de Televisión en TV Sur “La Vinotinto” que saca al aire con otro especialista del balompié Harrison López y sus columnas que publica semanalmente en el diario La Antorcha, “El que tenga ojos que lea” y la Vinotinto en Letras. Un joven polifacético en toda la extensión de la palabra.

En su momento estelar, la concesionaria de vehículos Samih Murhib, también prestaba servicio de alineación y balanceo, dónde destacaba la figura laboriosa, acuciosa, atenta y llena de sabiduría de don Pedro Pérez, uno de los más destacados especialista en tren delantero en todo tipo de automóviles y más específicamente en los Dodge Dart que tenían un problema de fábrica en esa parte tan importante para la estabilidad del vehículo y la conservación de los neumáticos. Don Pedro Pérez, un tenaz, perseverante e insigne trabajador, está ahora residenciado en Ciudad Bolívar al lado de su prolija y honorable familia dónde disfruta de un digno y honorable retiro.

Es un lugar común decir que recordar es vivir, por eso estoy seguro que los amigos lectores de estas crónicas volverán a vivir estos memorables tiempos y nosotros sentiremos la satisfacción de haber colocado nuestro granito de arena para que nuestra memoria histórica no se pierda. Es importante saber de dónde venimos, dónde estamos, hacía dónde vamos y también saber quienes fueron los hombres que contribuyeron con su audacia, espíritu de lucha, honestidad y capacidad de trabajo al engrandecimiento, crecimiento y consolidación de nuestra querida ciudad.
Hombres que sin percatarse, hicieron lo mejor de nuestra historia y los cuales serán imposibles olvidar. Es indiscutible que, a pesar de la fragilidad de la memoria de los habitantes de esta joven ciudad, en pleno proceso evolutivo que la proyecta hacía el futuro como una gran metrópoli, la historia buena perdurará en el tiempo. Son huellas imborrables.

sábado, julio 11, 2009

Personajes de mi pueblo

Indudablemente hay más y peores
cosas que las que sabemos y descubrimos

Martín Lutero (1483-1546)
Teólogo alemán que inició la Reforma protestante.

DON BOMBILLO: Creyó que nadie conocía de sus andanzas delincuenciales. Cuando lo denuncie por haberse robado los dineros del radio maratón que realizó con la argucia de que iba a alumbrar los sectores populares de El Tigre en una navidad, algunos cándidos pegaron el grito al cielo. “No puede ser Cheo, es un señor honorable y ejemplar padre de familia” La mayoría me dijo “Al fin alguien denuncio a ese inmoral choro mediático” El tiempo, ese que no perdona, ni espera y todo pone en evidencia, nos dio la razón. Cheques de la corrupción a nombre de su honorable esposa, escándalos de faldas en su misma orbita familiar y, ahora don Bombillo, con la justicia has topado. Fuiste por lana y saliste trasquilado. El paso de los días te ha colocado en el sitio de dónde nunca debiste salir cual rata de albañal: la laguna de oxidación. A la hora de pagar nadie es tramposo.

SABAÑÓN: Miembro de la pandilla de don Bombillo, se especializó en el chantaje, la extorsión y el sablazo mediático. En la cuarta República se desenvolvió como cucaracha en cañería. El que se resistía a sus obscenas exigencias crematísticas, era víctima de su ferocidad y de la baba venenosa de su reptil, vulgar y maléfico ataque verbal. Llegó la quinta república, continúo su mercenario oficio, el cual tuvo su clímax en el gobierno municipal pasado. Era el asesor y áulico preferido. El poder detrás del trono y las tronas. Cayó el infeliz asesorado y el ratón se hundió en la olla putrefacta de su mismo y asqueroso prontuario. En estos días, que anda jalando bolas a los rojo rojitos, pretendió lucirse a costa del dirigente político Alfredo Urbina y este ni corto ni perezoso, en la misma cañería dónde coexiste, le recordó parte de su prontuario y en la noche, hora dónde lo tienen confinado, intentaba aclarar y lo que logró fue embadurnarse más en su propio excremento. ¡Pobre infeliz! pasó a clavo y está llevando más palo que gata ladrona.

EL DULCERO: Gonzalo López, un domingo muy temprano, me aborda en el mercado municipal, nos saludamos y me dice. “Mire hermano Cheo, yo sé que todos esos chascarrillos que me endosas en tu Destellos de la memoria son producto de la invectiva y talante divertido de mi colega profesor Edgar Brito y eso tiene su razón de ser” ¿Cuál me hermano querido? y carcajada de por medio suelta la perla siguiente. “La envidia” ¿Y cómo es eso? y responde en alta e inteligible voz “Lo que pasa es que cuando el fallezca en las notas de condolencia rezarán: ha fallecido cristianamente el entrenador deportivo del liceo Guanipa” y cuando a mi me agarre la pelona, las notas de condolencia rezarán: ha fallecido cristianamente el Profesor del Politécnico Universitario José Antonio Anzoátegui adscrito al Departamento de Formación Complementaria, Gonzalo López, ¡No le llevo nada! y siguió sus compras muy sonreído. A mí que me registren. A buen entendedor pocas palabras.

MOROGAS: Es un sitio de encuentro dónde convergen gran cantidad de amigos a conversar e intercambiar opiniones con relación a todos los temas de actualidad. Aparte del vender las bombonas de gas, su propietario “El morocho” ofrece las populares gélidas, lo que brinda condiciones óptimas al popular “Nenerina” para hacer acto de presencia todos los días y realizar el calentamiento de rigor, mientras le hacen una llamada y poder asistir a un juego estelar en forma. En algunas oportunidades, porque los pitcher están agotados o están en la lista de incapacitados, permanece allí con algún lanzador eventual. Esas oportunidades las aprovecha “El Morocho” para atender con diligencia, mucha cortesía y en la velocidad que imprime para destapar, llevar, anotar las gélidas y ofrecer un permanente pasapalo de morcilla acompañadas con unas hallaquitas que le regalan en la venta de pollo asado que tiene ubicada al lado, las cuentas llegan a sumas escandalosas e insólitas.
Cuenta un amigo que estuvo hace poco y por muy corto tiempo que cuando le sacó la cuenta le dijo muy solemnemente son: Bs. 150F y cómo la desdichada víctima que le había captado su cómplice “Nenerina”, por desgracia degustó un trocito de morcilla, exclamó “Increíble esa morcilla vale oro, mejor cancelo porque si le pregunto, seguro “El morocho” me dice que la morcilla la aderezaron con alguna moleculita de sangre extraída del cadáver de Michel Jackson” Pagó y se marchó. Es verídico, aunque usted no lo crea. Mosca, pues que hay cosas peores de las que sabemos y hemos descubierto. En jugada cantada, no muere pitcher en el Ripley.

viernes, julio 03, 2009

Las concesionarias de vehículos en El Tigre (2)

Haced lo que podáis. Dios hará
lo que no podáis hacer vosotros

San Juan Bosco (1815-1888)
Santo italiano, fundador de la orden de los salesianos.

El italiano don Stefano Massobrio fue el segundo inmigrante que apostó por el futuro de nuestra naciente ciudad e instaló otra concesionaria de vehículos. En el año1952 introdujo la no menos universalmente reputada marca Chevrolet. Esta venta de automóviles inició sus actividades en un edificio de su propiedad ubicado entre las calles Guayana, Brasil y Sucre. (Luego y por muchos años ese edificio fue sede del Banco Venezuela y hoy, unos asiáticos, regentan la Quincallería Abinky II). Esa recién creada firma comercial dedicada a la venta de vehículos, también ofrecía para la época, la afamada marca de pintura mexicana ubicada en Tlalnepantla, Sherwin Williams y las novedosas neveras Frigidaire, made in USA. Era un negocio tres en uno con marcas de calidad.

La empresa concesionaria de vehículos Stefano Massobrio, mantuvo desde su fundación y hasta que fue mudada en el año 1958 para su actual local en la avenida España, la firma personal y gerencia de su dueño fundador. Una vez instalada en sus definitivas instalaciones, su denominación comercial cambió a Stefano Massobrio, C.A, siempre bajo su responsabilidad. Una vez que don Stefano se retiró a sus cuarteles de invierno, lo relevó su hijo del mismo nombre y para no perder la tradición, este próspero empresario que ostentó la presidencia de la Asociación de Ganaderos a nivel nacional y la vice-presidencia de Fedecamaras, aún cuando se mantiene en la actividad ganadera, pasó al retiro en la actividad automotriz, estaciones de servicios, el ramo hotelero y entregó el testigo a Stefano Massobrio III, su hijo, quien ahora, en otros ramos de automotores y maquinarias pesadas, mantiene abiertas las puertas de la empresa primigenia como símbolo de una gran fortaleza empresarial y eficiencia gerencial, que ha logrado soportar todos los ventiscas que han castigado la economía de nuestra ciudad, el país y el mundo. Es una empresa como el buen vino, mientras más pasan los años mejor.

Desde sus inicios y por muchos años Stefano Massobrio, que mantuvo como gerente de su departamento de servicios al señor Ángelo Salerno, funcionó en la parte trasera del edificio, en el local dónde hoy funciona la Cervecería y Restaurante “La Rejita” y que antes fue, la sede del diario Antorcha, que provenía de los altos de la casa Clemenceau donde se había mudado desde los talleres de la Impresora El Tigre dónde inició sus actividades editoriales. Allí funcionó La Antorcha, hasta que un voraz incendio consumió sus instalaciones y por esa lamentable tragedia, emigró a su actual sede de la avenida Francisco de Miranda. Es historia reciente.

El edificio sede de la tradicional empresa Stefano Massobrio, C.A, tiene como símbolo imperecedero, una fuente que tiene en el centro una inmensa esférica de concreto, que sirve como punto de referencia para alguna dirección en el sector noroeste de la ciudad, es conocida popularmente como la “Bola de Massobrio” y ya forma parte del patrimonio histórico de la ciudad. Está a la vista, vayan pa’ que la vean.

Vivimos tiempo dónde los acontecimientos se desarrollan a una velocidad que desborda la capacidad de asombro del común de la gente, lo que atenta contra nuestra memoria histórica. Nosotros conscientes de esa realidad, hacemos este pequeño esfuerzo intelectual-investigativo, para que no olvidemos, que hubo hombres emprendedores que contribuyeron con el desarrollo, crecimiento y consolidación de nuestra ciudad. Honor a quien honor merece.
Esos empresarios que apostaron y tuvieron confianza en el potencial y desarrollo del incipiente pueblo, hicieron lo que pudieron por el fortalecimiento de lo que, es hoy esta pujante ciudad. En lo demás Dios y la Virgen del Valle, sin duda, han iluminado el camino y lo ha hecho por vosotros.

jueves, junio 11, 2009

El Dispensario Infantil del Club de Leones

Luchar para vivir la vida, para sufrirla
y para gozarla… La vida es maravillosa
si no se le tiene miedo

Charles Chaplin (1889-1977)
Actor, productor y director inglés.

El diario Antorcha que nació en los talleres de la Impresora El Tigre, luego pasó a los altos de la Casa Clemenceau y al tiempo mudarse para la calle Guayana, donde hoy funciona la Cervecería y Restaurante “La Rejita” sitio que abandonó por efectos de la tragedia que le ocasionó un pavoroso incendio, que la devolvió por un tiempo a los talleres de la Impresora, hasta que se instaló definitivamente en su actual edificio en la avenida Francisco de Miranda, en sus inicios circulaba dos días a la semana y su costo era de 0,25. “Antorcha a medio, a medio la Antorcha” era el grito de los pregoneros, Vicente Lira entre ellos, en las calles polvorientas de aquel incipiente pueblo de El Tigre, que nació al calor de la industria petrolera el 23 de febrero de 1933.

Miércoles y sábado. Un cafecito y el diario Antorcha era la costumbre que quedó arraigada para toda la vida en los citadinos. Empero, siempre consecuente con las luchas sociales que se presentaban en la pequeña comunidad, el lunes 30 de abril de 1956, presentó una edición especial, para acompañar una iniciativa que impulsaban don Mauro Barrios, uno de los fundadores del diario, que a la sazón presidía el “Club de Leones” y su distinguida esposa Mercedes de Barrios, desde el Comité de Damas que lideraba en compañía de las dignas señoras Mimina de Ceballos como vice-presidenta, Flor de Zerpa en la secretaría, Gladys de León en la tesorería y en las vocalías Delia de Crespo, María A. de Mayora y Fina de Pulgar, para la conclusión, compra de equipos y puesta en servicio del Dispensario Infantil del Club de Leones que venían construyendo con recursos propios.

Esa edición especial del diario Antorcha fue ofrecida a los lectores por unas pregoneras de antología. El Comité Juvenil conformado por lindas chicas leonas salió a la calle a vocear y vender el periódico. “Antorcha a medio, a medio la Antorcha”, pero como era una edición especial, para una causa noble y llevada de la mano al lector por bellas leoncitas, era obvio, que los compradores proporcionaban una cantidad superior como colaboración con gran disposición y voluntad, una mayoría y otros para no pasar por pichirres ante estas especialísimas vendedoras dónde destacaba la recién electa reina del Club de Leones la señorita Argelia Vásquez y sus no menos preciosas y agraciadas compañeras del comité juvenil Alida Rojas, Trina Herrera, Esperanza Sifontes, Lilia Figuera, Carmen M. Colmenares, Emma Bogarín, Lerys M. Marcano e Irma Guevara, un equipo de postín que en pocas horas cumplió su cometido y le ablandó el bolsillo a los más duros de la época.

Los días 5 y 6 de mayo, hubo jolgorio popular en la pequeña comunidad. El Club de Leones de El Tigre, inauguraba, ponía en funcionamiento y al servicio de los más pequeños El dispensario Infantil del Club de Leones. Valió la pena el esfuerzo, prestó un servicio invalorable por muchos años y más tarde evolucionó, funcionado como ambulatorio un buen tiempo y hoy en sus instalaciones está el preescolar asistencial Francisca Duarte, dependiente de la Fundación del niño.

El pueblo de El Tigre, que nació, evolucionó, creció y se consolidó aluvionalmente, tiene muchos héroes y heroínas que lucharon para vivir la vida y ayudar a dar y preservar vidas. Hay que reconocer el tiempo y destacar el mejor de sus esfuerzos que de manera abnegada y altruista, pusieron para la construcción de la pequeña urbe que hoy disfrutamos y que sigue creciendo a ritmo acelerado y anárquico por ausencia de un Plan de Desarrollo Urbano Local que sirva de ordenador, regulador y organizador de la ciudad que todos aspiramos, soñamos y merecemos.
Esta crónica tiene el objetivo primordial de contribuir con la tonificación de la memoria histórica de la ciudad, poder compartir con mis lectores un pequeño pasaje del hermoso, interesante y rico pasado de nuestro pueblo. No olvidemos lo que inteligentemente dijo el poeta latino Marco Valerio Marcial “Poder disfrutar de los recuerdos de la vida es vivir dos veces” y cómo muchos (as) de los que hicieron posible ese hecho, vivieron esa realidad, están vivitos (as) y coleando que al leer estás líneas estoy seguro, vivirán y vibrarán rememorando esa linda experiencia.