domingo, septiembre 16, 2007

Personajes de mi pueblo: Dr. José Ramón Urbáez Guzmán

Donde quiera que se ama el arte de la
medicina se ama también a la humanidad
Platón (428-347 a.C.)
Filósofo griego.

Chamaríapero de pura cepa. Nació en Cantaura un 30 de septiembre de 1932, su niñez la vivió en la finca “Campo Bonito” de sus padres – Jesús Ramón Urbáez Silva y Josefa Antonia Guzmán Hernández – Cuando cumplió la edad escolar, lo inscribieron en la escuela Pedro María Freites donde cursó su primaria exitosamente, como en esa localidad, no había liceo para la época, lo instalaron en Barcelona para cursar la secundaria en el liceo Juan Manuel Cajigal donde alcanzó el 2do año y luego en Caracas, en el liceo Andrés Bello, donde alcanzó el grado de bachiller. No había tiempo que perder y como los estudios universitarios en Venezuela, se dificultaban por las convulsiones permanentes contra la dictadura de Marcos Evangelista Pérez Jiménez, lo enviaron a estudiar medicina – como era su deseo – a la Universidad Autónoma de Guadalajara, ubicada en la capital del estado de Jalisco, en el occidente de México.

El 5 de septiembre de 1955, aprovechó un vuelo de Aeropostal, que trasladaba el equipo de béisbol Almendares, el cual había obtenido el campeonato en la Serie del Caribe, pernoctó en la Habana, el 6 abordó un vuelo de Mexicana de Aviación, hasta Ciudad de México, que hizo escala en la ciudad de Mérida, capital del estado de Yucatán. Aterrizó en el aeropuerto de DF el día 7 a la 1 AM, tomó un taxi y ubicó la dirección de su amigo de infancia Edgar Rojas, el cual estudiaba medicina en la Universidad Nacional de México de la capital, durmió unas 2 horas y las 8 AM estaba abordando el vuelo que lo llevaría a su destino: Guadalajara. Las clases se habían iniciado el 7, de tal manera que llegó el 8 directo a las aulas, donde le dieron la bienvenida con la popular “Grajeada” o sea, le pelaron el coco, como a todos los “Lanúos” que se inician en los estudios universitarios en Venezuela. En la tarde formalizó su residencia en una casa de asistencia – Pensión – en la calle San Felipe nº 765, a unas 14 cuadras de su centro de estudios y desde donde le echaba pierna todos los días para no pagar pasajes y los 925,28 pesos le rindieran. El cambio estaba a 12.40 el peso por cada dólar y la familia le giraba $ 74,62 que multiplicados por bolívares 3.35 eran para la época 250 bolívares. Un realero.

Durante 5 años, cursó la carrera de medicina en el país Azteca, en el año 1960, ya estabilizada la situación política, regresó a Venezuela y al año, culminó su carrera en la Universidad de Los Andes dónde obtuvo el título de “Médico Cirujano”. En diciembre de ese mismo año, se incorporó al Centro de Salud Luís Felipe Guevara Rojas en El Tigre, al equipo de médicos residentes que conformaban Atahualpa Cabrera, Oswaldo de Armas, Agustín Crespo, Luís Macías y Efraín Añón, todos bajo la dirección del médico paraguayo, Juan Ramón Casal. Los 6, cada uno en su guardia, se encargan de atender todo tipo de pacientes. Eran “Toeros” aunque en materia de cirugías el más destacado era el Dr. Oswaldo de Armas, pero siempre con la ayuda atenta de cualquiera de ellos porque cuando había emergencias y no contaban con su valiosa presencia, el que estaba de guardia tenía que echar para adelante. ¿El salario? 2.087 bolívares que en ese tiempo era una compensación aceptable.

En el ejercicio privado, se mantuvo por espacio de 37 años. En el año 1962 alquiló un consultorio en la clínica “Santa Rosa” cuyos dueños eran los excelentes médicos y mejores amigos Napoleón y Rosita Ledezma, de allí en el año 1963 instaló su consultorio en la clínica “Vichonachi” en un ambiente que compartió por espacio de 5 años con sus colegas Héctor Farias y Agustín Crespo. Esa clínica funcionó por muchos años muy cerca de donde hoy está ubicada la Cruz Roja y que antes fue el Puesto de Socorro, anteriormente el primer centro dispensador de salud del pueblo de El Tigre que nació al calor de la industria petrolera el 23 de febrero de 1933. Luego en el año 1968, instaló, junto a sus colegas Héctor Farias que se especializó en rayos X y Rubén Quijada, que luego fue nombrado director del hospital de San Tome, en un consultorio que funcionó en la segunda carrera norte, al frente de la escuela “Simón Rodríguez, para luego pasar en el año 1969, al Centro Médico San José, instalado en el edificio “Ingrid” del señor Luigi Simonetto, frente a la plaza Bolívar haciendo equipo con los médicos Jesús Nessi Velásquez, Héctor Farias, y el dermatólogo Amilcar Rojas.

El Dr. Urbáez, como es ampliamente conocido en la ciudad, concluyó su actividad privada en un consultorio que compartió con el Dr. Héctor Farias en el Centro Médico Pimentel. Una vez que el Dr. Farias falleció a mediados de los 90, solo atendió sus responsabilidades en el Hospital General de El Tigre, Dr. Luís Felipe Guevara Rojas, hasta que en el año 2000 fue jubilado y hoy, en el descanso del guerrero, atiende su finca “Morichito” al lado de su prolija familia que lo asiste en las labores del campo. Inquieto, vivaz, trabajador insigne y con su proverbial buen humor que nunca lo abandona, el Dr. Urbáez, cuenta que en diciembre del año 1955, hizo una travesía desde Guadalajara, hasta Ciudad de México para ver una tarde de toros en cuya fiesta brava la figura principal era Cesar Girón.

En ese tiempo estaba todavía afectado por la Lechina, pero con fiebre y todo, se aventuró con otros tres venezolanos en el vehículo de un cubano y el 24, después de 8 horas de viaje pernoctaron en Morelia, estado de Michoacán en la pequeña habitación del estudiante de medicina Cantaurense, Luís Napoleón Gómez, dónde celebraron la noche buena, disfrutando los rones Castillo y Barcardí. Durmieron apiñados y el día 25 continuaron viaje, en la tarde ya estaban disfrutando de la corrida de toros. Era una tarde muy fría y a pesar del fuerte viento que soplaba en la plaza de toros, Cesar Girón cumplió una excelente faena que compensó el esfuerzo de los jóvenes estudiantes venezolanos por asistir a ver a su paisano a la capital azteca. Una aventura inolvidable que el Dr. Urbáez narra emocionado.

La vida profesional del Dr. José Ramón Urbáez Guzmán está íntimamente ligada a la historia de El Tigre desde el mes de diciembre del año1960, cuando inició su carrera como médico y en especial en la atención a los niños hacía donde volcó toda su vocación, sensibilidad y pasión. ¿Quién de la ciudad no acudió a una consulta con el Dr. Urbáez durante sus 40 años de ejercicio profesional? Atendía a precios solidarios a adultos, niños y ancianos. ¿Quién no ha disfrutado de las salidas ingeniosas del Dr. Urbáez que posee un buen humor innato y un carisma envidiable? No hay un ápice de dudas. Desde niño amo el arte de la medicina y volcó su amor hacia la humanidad. Honor a quien honor merece.

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