Destellos de la Memoria

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Nombre: José “Cheo” Salazar
Lugar: El Tigre, Anzoátegui, Venezuela

Nació en El Tigre ubicado en el Estado Anzoátegui de la República Bolivariana de Venezuela, el 21 de enero de 1952. Ha ocupado los siguientes cargos públicos: Jefe de Fiscalizaciones del Concejo Municipal del Municipio Simón Rodríguez, Concejal, Auxiliar docente en el Instituto Universitario José Antonio Anzoátegui, Presidente Municipal En ejercicio, Diputado a la Asamblea Legislativa del estado Anzoátegui como Primer Vice-presidente y como Presidente encargado.

lunes, mayo 04, 2009

La despedida de un hermano

Cualquiera puede dominar un sufrimiento,
excepto el que lo siente
William Shakespeare (1564-1616)
Poeta y autor teatral inglés.

De izquierda a derecha: José María (Cheo) Salazar, Edgar José Salazar, el lamentablemente fallecido Roberto Rafael Salazar y nuestra vieja Anastelia Salazar.

No es igual ver morir, que cuando a uno le toca. Repentinamente Roberto enfermó. Joven aún, conservó en alto hasta el último halito sus deseos de vivir. Ejemplar padre de familia. Trabajador incansable. Responsable con sus obligaciones. Radiante, risueño y jubiloso. Amante de la parranda criolla. Siempre sacó tiempo para compartir con la familia, cumplir con su trabajo y participar en la promoción, divulgación y propulsor de nuestra música autóctona. Ese era el popular Roberto Salazar y ahora que nos abandona físicamente, dejó una huella indeleble para ser recordado con alegría y entusiasmo. Robertico dixit.

Un año y meses menor, por decisión de nuestros padres José María Lira y Anastelia Salazar, no fue hasta que Roberto cumpliera los 7 años que nos inscribieron en la escuela Felipe Walker de Pueblo Ajuro dónde cursamos nuestra primaria, luego desarrollamos nuestros estudios de bachillerato en el Liceo Alberto Carnevali y cuando abrió sus puertas el IUTET decidimos inscribirnos y egresamos en la segunda promoción. No salimos en la primera porque ambos trabajábamos en el Concejo Municipal y por más que estiramos el tiempo, los horarios no nos daban para inscribir todas las materias. Siempre nos dimos ánimo con la máxima según la cual “no nos inscribimos para estudiar a la carrera sino para estudiar una carrera” y logramos el objetivo. Nunca es tarde para aprender y cultivar el intelecto.

Una vez graduados, Roberto ingresó al INCE, yo me quedé en el IUTET como auxiliar docente, pero como en gustos y colores, no han mandado los autores, mi hermano dedicó sus horas libres y fines de semana junto a su familia a cultivarse y cultivar nuestra música criolla. En eso era obstinadamente monotemático, hizo amistad con todos los cultores de nuestro folclor y en esa ruta que tomó, convenció al alcalde Miguel Arismendi al lado de un grupo de amigos, para hacer realidad un sueño: el disco de oro de El Tigre. Un CD que logró reunir todos los cantores y cantoras de El Tigre y del cual fue su coordinador general. En Barquisimeto fue la grabación, sortearon algunas dificultades, pero como el llanero es del tamaño del compromiso que se le presenta, las vencieron y regresaron victoriosos. Un CD que enriquece la memoria histórica musical de la ciudad.

Un hermano, un amigo, un compañero, muchos caminos desandamos. Caracas, Valencia, Maracay visitamos, muchos fines de semana para disfrutar los juegos de béisbol profesional con Vicente Lira, su esposa Chepa y Oíto Lira nuestros eternos anfitriones en Guacara donde pernoctábamos como punto equidistante. Luego en el tiempo, siempre coincidimos en los pueblos de la zona sur del estado en las fiestas patronales, él en su rol de parrandero criollo, amigo de sus pobladores y yo como dirigente político. Nunca faltó un día para degustar en casa de nuestra vieja Anastelia un palo a’ pique o un arroz aguaito con pollo o gallina. Un telefonazo: Roberto nos vemos a las 12 en la casa de mamá y con precisión de reloj suizo llegábamos, dos platos c/u y para nuestros hogares. Como dejar de recordar los diarios desayunos en los kioscos ubicados frente la estación de servicio “La Confianza con los amigos y amigas, las semanas santas en Morrito con Edgar, Luisa, sus hijos y amigos, las fiestas de Atapirire en la casa de El Negro Miguel Salazar (+), Miriam, sus hijos y las comidas “En su punto” de nuestra tía Felicita y la negra Barbarita, los contrapunteos con el Chino Lira, las invitaciones a una parranda familiar con la peculiar coletilla – cuando te preguntábamos ¿que llevo? – y nos contestabas con tú característica jovialidad “traiga necesidad” y tantos momentos interesantes, agradables, encantadores y alegres. Huellas indelebles que quedaron grabados en nuestros corazones.

Tantos y tantos recuerdos, anécdotas, amigos comunes que quisiera nombrar, momentos buenos y malos, amargos y dulces vivimos, disfrutamos y vencimos, con los cuales de escribirlos llenaría cuartillas y cuartillas interesantes y divertidas. Por ahora, el espacio no alcanza. Habrá tiempo, pero no puedo dejar de mencionar a quienes acompañaron a su esposa Digna y sus hijos Robertico, Rolando, Ronald, Ronny, Yolimar y Laurita, hasta el último momento. Migdalia Martínez, José Vicente Torrealba, Elvia Zabala, la familia de José “Conoto” Velásquez, Ángel Meza, Ricardo Rondón e hijas, José “Golo” Mogollón y Freddy Arevalo, entre otros allegados. A ellos y a la gran legión de amigos y amigas que nos acompañaron en tan dolorosos momentos, gracias, mil gracias y nuestro eterno agradecimiento.

Estas cortas líneas, las escribo en medio de dolor particular y familiar. Roberto nos abandonó físicamente muy prematuramente, un gran vacío imposible de llenar, pero en su corta vida, tuvo la virtud de trascender y cuando se roce la memoria histórica de la ciudad que nos vio nacer, estoy seguro que su nombre formará parte de sus bellas páginas porque supo repercutir como hombre de bien y gran emprendedor. Hermano, el sufrimiento que sentimos, se atenúa cuando tenemos la fe y la seguridad, que Dios te acogerá en su santa gloria y como todos vamos para allá, no es un adiós, es un hasta luego. Siempre juntos y nos volveremos a encontrar. No hay dudas.

domingo, marzo 29, 2009

Remembranzas tígrenses

No perdamos nada del pasado.
Sólo con el pasado se forma el porvenir

Anatole France (1844-1924)
Novelista y premio Nobel francés.

En la década del 70, durante la Presidencia Municipal del Prof. Augusto Enrique Tenorio Meza, se desempeño como Secretario de la Cámara Municipal el amigo José Danilo Salcedo, Barcelonés por nacimiento y tígrenses por adopción. Eran tiempos de un pueblo bucólico, seguro, apacible, de gente muy cordial y amigable. Nos conocíamos todos. Cualquier esquina, sitio, calle, avenida, plaza, bar o restaurante, era convertido en un lugar para el encuentro afectuoso que servía para la conversación franca, abierta y amistosa. Época idílicas, pues. La bomba Levante de don Pedro Manuel Brito, era un lugar muy concurrido y uno de los lugares preferidos para las tertulias citadinas.

En ese ciclo de nuestra corta, pero sustanciosa historia, iba in crescendo en nuestras costumbres, la influencia de la cultura margariteña. Los sábados, la gente parrandeaba durante el día, sellaba su cuadrito del 5 y 6, y continuaba buena parte de la noche y hasta la madrugada. Los domingos en la mañana, después de recoger La Antorcha, la cita era el Mercado Municipal. Un buen desayuno en los puestos de las queridas y siempre bien recordadas amigas, Dilia Ramírez o un corocoro frito con arepa en el local de la gorda Eulalia. Luego la compra de la verdura, preferiblemente dónde don Antonio Gamboa, que ponía buena ñapa, la costilla, el hueso rojo o el pescado para la sopa y todo el mundo se recluía en su hogar para la reunión familiar. En La Charneca, en casa de don Pablo Waldrop, esos convites, eran de antología.

Pasadas las 12 del día, no había un alma en la calle. En casi todos los patios de las casas, había un sancocho dominguero a la leña, una cervecita fría y una partida de domino o truco. Parecía que el pueblo se congelaba. Hay una salvedad. Cuando había juego en el antiguo estadio Alejandro “Patón” Carrásquel, después del mercado, la rumba seguía en las tribunas para apoyar al equipo local “Los Criollos de El Tigre” y luego en “La Deportiva” de la familia Capella para los comentarios finales y la celebración de rigor. En todo caso era tempranero y ya a las 6PM, todos estaban en casa. Pedro Emilio Rojas Vargas el popular “Pejas”, Gonzalo “El negro dulcero” López, don Bernardo González, Rigo y el gordo Hernández, Edgar Brito, Asdrúbal Rivas, Román Lunar, el Dr. Adalberto Carrasco Mata, Roberto Salazar, Miguel “El negro” Salazar, Pedro y Carlos Bermúdez, Cruz “Machelo” Bermúdez, Pico Pico Brito, Oswaldo, Saúl, Ennio y Asdrúbal Mendoza, Pedro Sergio Salazar, Simón Medina, Luís Harris Rangel, don Luís García, Oito Lira, Joseíto y “Pito” Zabala, Luís La roche Abreu, Orlando Martínez, Saúl y “Cheo” Figueroa, Eugelio “Guañín” Campos, Saúl Alcalá, Alberto Vásquez, Mauro y Alberto Barrios, Tomasito Díaz, Luís “Buzo” Noriega, Luís “Culí” Martínez, Hernán Zabala, José Rodríguez, José Caraballo Jesús Romero, Armando Ortiz, Ángel Rafael Zabala, y otros tantos amigos formaban parte de esa tertulia criollista. Unos jugadores y los más managers de tribuna. Unos pitcher y la mayoría catcher. Identifíquelos usted. A mí que me registren.

Traigo a colación esta vieja costumbre margariteña-tígrense, porque viene a mi memoria una anécdota del amigo José Danilo Salcedo, hombre muy parco en la conversa, pero de unas salidas muy ingeniosas cuando había una tertulia en cierto modo insulsa. Un domingo cualquiera de ese tiempo, vivía también en el pueblo, su hermano Gonzalo Cermeño, que desde Barcelona había llegado para instalarse y trabajar aquí. Ambos se encontraban en la esquina del Luchador. Pasado el medio día y con un dejo de fastidio Gonzalo, le comenta “Oye Danilo este pueblo después de la 12 queda sólo, no hay ni gente ni vehículos en la calle y menos en la avenida Francisco de Miranda, a lo que Danilo respondió “Ay, mijo y cuando cierran la Juanita es que da tristeza, se ve de aquí la Torre del Oro, clarita” Una guará, diría un barquisimetano. Obvio que era un extremismo para ratificar la soledad en las calles y avenidas. Hasta Pablito Rivas había cerrado la polla de caballos y Arturito Brito su leal secretario, ya estaba instalado viendo y escuchando las carreras en la voz de Virgilio Decán, el príncipe “Alí Khan”.

En todo caso encerraba una gran verdad, los pocos rezagados que quedaban en la calle, eran los que asistían al súper mercado de víveres “La Juanita” que estaba ubicado entre las esquinas de El Luchador y la plaza Martí. Un comercio propiedad del joven y exitoso empresario Wilfredo Malaver, quien por las ofertas y precios solidarios que ofrecía, se convirtió en referencia obligada para los compradores de todo el Oriente del país. El que quería adquirir los productos de primera necesidad a bajos precios tenía, obligatoriamente, que comprar en “La Juanita” De eso no había un ápice de dudas. El cliente más leales y consecuentes ese baratillo, por razones obvias, eran Argimiro Córcega, “Fucho” Barrios, “Moncho” Bejarano, Pedro Angulo y Alexander Compiani. Agarraban mango bajito.
Ese pasado memorable, que todos añoramos, debe ser revivido para que formemos un porvenir lleno de esas virtudes ciudadanas que pareciera nos abandonan y nos han convertido de ese pueblo bucólico, donde se podía dormir hasta con las puertas abiertas, en una pequeña ciudad violenta e insegura. Don Mauro Barrios, con su memoria prodigiosa, puede dar fe de lo que aquí afirmo.

sábado, diciembre 27, 2008

Personajes de mi Pueblo: Anécdotas

A nadie se le dio
veneno en risa

Lope De Vega (1562-1635)
Escritor español.
Corría el año 1989. Todavía las fiestas, agasajos, homenajes, convites y celebraciones, se podían aderezar con buen escoses. Carlos Espinosa quien poseía un fundito en la Nueva Aventazón, cumplía un año más de vida y fue animado por un grupo de familiares y amigos para que celebrará en grande el acontecimiento. El hombre mató un novillito y le recomendó a los amigos “Si van a traerme algún regalo, lo hacen en escoses de 12 en adelante, no importa que tengan raya y los espero el sábado a las 7PM.

Todos los invitados pasaron por la residencia del Prof. Zacarías y adquirieron una botellita de Juancito el caminador y otros del viejito Parr y llegaron a la hora convenida, pero ¡oh! Sorpresa, había un bagre entre las guabinas. Gonzalo López, el popular negro dulcero, que no estaba invitado, había llegado primerito desde las 4PM, en una cola que agarró con un chequeador de pozo petrolero, en el sector Vea donde se había parado estratégicamente. Los amigos cuando lo vieron le dijeron. “Mira Gonzalo, Pablo Aguilera (Paucho) y Luís Noriega (El Buzo) están por llegar y traen su Whisky 18 años para ellos, te alertamos para que no tomes de esas botellas y tomes de las nuestras que vienen de la zona franca de Margarita.

El negro Gonzalo los escuchó atentamente, llegó Paucho y Buzo con su fino escoses y ni corto ni perezoso se sirvió un 18 años. Los amigos sorprendidos, le recriminan ¿Negro que te dijimos? y Gonzalo muy orondo les respondió “Que va hermano: rayao ni con bola de plátano” todos los amigos celebraron la genial salida y Gonzalo, que no era invitado, llegó para quedarse y disfrutar de lo mejor. El otro día, a las 11AM, coincidió con el Prof. Edgar Brito que cargaba tremendo ratón y le espetó en la cara muerto de la risa “Te lo dije: rayao ni con bola de plátano, yo amanecí fino”

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La gente de la ciudad, no pierde su capacidad de asombro. Los rojo rojitos, le dieron la cola al Rey Maula, alcanzó el cargo de Alcalde de la ciudad, se les alzó, agarró el volante y empezó a manejar. Olvidó las calles de los sectores populares de la ciudad a las que estaba obligado a atender y enfiló con destino al Palacio de los Jardines, hoy “José Antonio Anzoátegui” y amenazaba con llegar a Miraflores. El vértigo que le produjo alcanzar la más alta posición local, producto de un error del gobernador y un accidente electoral, lo hizo creer que era un líder como Telcel “Sin límites” lo que lo llevaba a vociferar en voz alta en sus momentos de euforia “Mi destino es Miraflores” Veía la realidad a través de los ojos de los aduladores de oficio – Especialmente Don Bombillo, Sabañón e Iris Chacón – que para chuleárselo, le decían que estaba fuera de lote y que no viera para atrás. “Tienes el mundo en tus manos y cuando Tarek y Chávez, escuchan tu nombre le tiemblan las piernas” le repetían al infeliz para sacarle el jugo al tesoro municipal.

El pueblo que no tiene un pelo de tonto, sabe más que corocoro frito y conoce como la banda mediática le bate las esféricas a sus víctimas cuando les conviene, los esperó en la bajadita y el 23 de noviembre lo hizo pisar tierra. Perdió el chivo, el mecate, la cola, el volante y hasta el boleto que había adquirido en la línea autobusera CAMARGUI para llegar a la terminal de San Martín, para de allí, arrancar a pie hasta Miraflores. Colorín colorao este cuanto se ha acabao y la banda mediática también se ha desintegrao ¡por ahora! Amanecerá y veremos.

El cuento es de la original autoría del Presidente de La Real Epidemia de la Lengua local. Moriche dixit.

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Todo el personal del Instituto Universitario de Tecnología José Antonio Anzoátegui, vivimos en una eterna zozobra con relación a los pagos de sueldos, salarios, bonos y las diferencias que surgen de estos. Llegó dinero para cancelar la diferencia de sueldos del año X. depositaron lo correspondiente a la diferencia de los bonos del año X y así vamos. Estamos acostumbrados a como vaya viniendo vamos viendo. Es un azar que ya asumimos como tragedia.

Iniciándose la gestión del Ing. Maximiliano Carneiro, llegó una remesa para cancelar la diferencia de unos bonos. El instructor Gonzalo López, ilusionado pasó por el cajero, pidió saldo y no le tocó. En la noche, tenía una velada con un grupo de amigos entre ellos el Prof. Trinidad Pino, que hasta hace poco formó parte de la directiva de la institución, razón por la cual Gonzalo le plantea el caso, buscando alguna explicación positiva.

El Prof. Trinidad Pino, agarró la cuestión de chanza, e inició una descarga de de juegos pesados a lo que Gonzalo sintiendo el fuego cruzado y que lo que estaban agarrando de mamadera de gallo, le replicó en tono muy serio “Pro Trino, Juéguese conmigo, pero no con mis reales, que yo soy un profesional muy “estítico” en mis cosas. No lo entendí, pero el Prof. Trino, parece que sí y, paro en seco el jueguito pesado con el negro Gonzalo.

viernes, noviembre 21, 2008

Personajes de mi pueblo: Juan Medina Lugo

La gloria está en ser
grande y ser útil

Simón Bolívar


Humilde, sencillo, pausado, campechano, honesto, discreto, sincero, franco y espontáneo, el profesor Juan Medina Lugo que nació en Atapirire, municipio Francisco de Miranda del estado Anzoátegui, fue un destacado luchador por la democracia y la libertad. Desde muy joven incursionó en la actividad política siempre en las filas de Acción Democrática, donde destacó como dirigente gremial en el sector de la educación, pero que también le costó cárcel y persecuciones durante la ignominiosa, brutal y sangrienta dictadura del Gral. Marcos Evangelista Pérez Jiménez. Vivió intensamente los tiempos difíciles, peligrosos y disfrutó también el fruto de sus luchas: el sistema democrático y las libertades públicas.

Tuve el inmenso privilegio de gozar de su amistad y compartir una pequeña parte de sus luchas. En ellas conocí de sus preocupaciones, sus angustias y sus deseos de servir, de ser útil sin más recompensa que la satisfacción del deber cumplido. Eso lo hizo grande en el aprecio colectivo y quedó sembrado en el corazón de su segunda patria chica: El Tigre. Fue el primer director del Liceo Briceño Méndez cuando inició sus actividades académicas en la calle Ayacucho del Casco Viejo detrás de la ferretería Farcheg y desde allí, inició su larga y dilatada carrera política y de servicio público, pasando por importantes cargos gremiales como Presidente del Colegio de Profesores de Venezuela, de representación popular fue senador por el estado Monagas, designado gobernador del estado Anzoátegui y Presidente del IPASME para solo mencionar los más relevantes.

Todos en la ciudad le reconocen la paternidad, entre otras obras importantes, del Liceo Agropecuario, el Instituto Universitario de Tecnología José Antonio Anzoátegui y la edificación de la sede del IPASME. También fue quien gestionó y logró la instalación de la Escuela Agropecuaria de Atapirire y quien le llevó la carretera asfaltada desde El Caris a su lar nativo. En su gestión como gobernador del estado se empeñó en la construcción de la avenida Fernando Peñalver, la hizo e inauguró, con él logramos la construcción del estadio de béisbol menor. Una lucha titánica emprendida por el fraterno amigo Pedro Emilio Rojas Vargas (Pejas) que nosotros canalizamos ante el Prof. Medina Lugo y fue construida bajo su mandato e inaugura posteriormente por el Dr. Otto Padrón Guevara que le sustituyó en el cargo por disposición del presidente Jaime Lusinchi. Esa maravillosa obra fue bautizada merecidamente con el nombre de PEJAS y los frutos están a vista.

La grandeza del profesor Juan Medina Lugo viene dada exactamente por el hecho de que fue útil a la zona sur que lo vio nacer, formarse y realizarse y por la cual siempre tuvo una querencia muy especial. No había programa, obras, presupuesto de cualquier índole por la cual no luchara, se fajara y peleara para traerla a nuestra zona. La única vez que he pisado el palacio de gobierno y el despacho presidencial, para ser más especifico, fue cuando ejercí la presidencia del Concejo Municipal, desde dónde, con él como líder del proyecto y el Ing. Jesús González López, a la sazón director de nuestra máxima casa de estudios, impulsamos a todas las instancias de gobierno la elevación del IUTJAA al nivel de politécnico y fuimos recibido en audiencia especial por el Presidente Carlos Andrés Pérez Rodríguez quien ofreció hacerlo realidad en su periodo de gobierno, cuestión que no cumplió por la turbulencia política que se presentó y que lo eyectó del poder. Esa es otra historia.
La elevación del IUTJAA fue un sueño que no vio cristalizado y que nosotros desde cualquier trinchera de lucha tengamos tenemos que seguir promoviendo, trabajando y luchando para hacerla realidad más temprano que tarde como el mejor homenaje póstumo al amigo, al orientador, al hombre de realizaciones de gran utilidad como fue el Prof. Juan Medina Lugo y quien hoy, podemos decir sin temor a equívocos. Ejemplo de juventudes. Adiós a un eximio hombre público y mejor amigo. Desaparecido físicamente, perdurará en el corazón colectivo para siempre por su trayectoria, conducta realizaciones. Por sus ejecutorías os conoceréis. ¡Paz a sus restos!

lunes, octubre 13, 2008

Personajes de mi pueblo: Felipe


Enfrentarse, siempre enfrentarse, es el modo
de resolver el problema. ¡Enfrentarse a él!"

Joseph Conrad (1857-1924)
Novelista británico de origen polaco.

Hay sitios emblemáticos en El Tigre, que son lugares de referencia obligada de los citadinos. La bodega de Felipe es uno de esos lugares. Ubicada en la 2da. calle c/c 3ra. carrera de Pueblo Nuevo Sur, tiene puntos equidistantes con la sede del edificio municipal y las plazas Bolívar y Martí. Cuando alguien solicita la dirección de alguna familia, un negocio o ubicación de algo en ese populoso sector, todos los conocedores de la ciudad, respondemos a coro: más allá o más acá, adelante o en la parte de atrás muy cerca de la bodega de Felipe. El sitio es como un calvo en un estadio. Todos lo toman como punto de referencia para ubicar a alguna persona o sitio que busque precisar a otro.

Felipe Neri Castillo Rodríguez ¿Castillo? Nació en La Asunción, estado Nueva Esparta, el 26 de mayo de 1918, del matrimonio conformado por Adón Rodríguez y Francisca Guillen. El Castillo lo heredó por la terquedad del párroco de esa época en su pueblo natal. El padre Agustín se negó a reconocerlo como hijo legítimo porque sus abuelos no habían contraído nupcias por la iglesia y el padre entonces no era Rodríguez sino Castillo, que era el apellido de la abuela. Un rollo que luego se corrigió en el tiempo y adoptó el apellido paterno. Ese cura, recuerda Felipe, solicitó que cuando muriera lo enterraran en la iglesia, le cumplieron su deseo, pero una vez que llegaron otros padres, lo sacaron y llevaron sus restos al camposanto de la ciudad.

Fueron 27 años los que vivió Felipe en La Asunción, los cuales dedicó a trabajar el campo. En esos tiempos no había escuela en el pueblo, no estudió pero se las ingenio para aprender a leer y escribir por su cuenta. Tampoco había opciones de trabajo y la actividad económica se reducía a la agricultura, por lo que los nativos “salían escabillao” a buscar auxilio económico y muchos llegaron a El Tigre, que había nacido al calor de la industria petrolera el 23 de febrero de 1933, cuya actividad era muy febril, abriendo posibilidades de empleos bien remunerados y estables. Muchos familiares de Felipe emigraron a este paraíso soñado, lo entusiasmaron y en el año 1945, llegó a la calle Brisas de Mar donde fijó residencia por un mes en la casa de Francisco Quijada.

Durante ese mes se dedicó a viajar a la zona de Periquito a cortar, seleccionar y transportar madera hasta El Tigre, para la construcción de las casas de bahareque y en uno de esos viajes, el vehículo volcó y cuando despertó estaba en el hospital de San Tomé. Estuvo 4 días hospitalizado, le dieron de alta y trascurrido medio mes, Silverio González, paisano y con gran influencia en Mene Grande, lo reportó y lo enviaron al Periquito. En ese mismo tiempo había llegado al pueblo a la misma calle Brisas del Mar, desde Puerto Santo, estado Sucre, pero a la casa de Viviano Carneiro, la joven Edita Rivas y al padre, la compañía, también mandó trabajar para Periquito, donde conoció a Felipe, se enamoraron, contrajeron nupcias, formaron su familia en la cual procrearon 5 hijos, Argenis, Noris, Gladis, Carmen y Felipe, todos profesionales y honorable padres de familia. “Con esta bodeguita y en esta esquina educamos a nuestros hijos” dicen orgullosos al unísono.

No todo le resultó color de rosa a Felipe. Cuando comenzó a trabajar en Mene Grande, vio con asombró que le hacían un descuento en el sobre, por concepto de hospitalización. Resulta que había quedado registrado en los archivos del hospital de San Tomé cuando estuvo hospitalizado los 4 días y la deuda era de Bs. 350,oo que le fueron cobrando fraccionadamente. Luego cuando tenía ya 3 años y medio en la empresa, sufrió un accidente laboral, un compañero de trabajo golpeó con un martillo una cupilla que le dio en un ojo el cual perdió en el acto. Volvió por 3 días y medio al hospital de San Tomé y cuando le dieron de alta lo trasladaron desde Periquito al campo de San Tomé como ayudante de soldadura. Con ese accidente, no podía aceptar ese riguroso y exigente trabajo, renunció, pidió su tiempo y lo liquidaron. Volvió a su tierra natal y por espacio de 2 años se dedicó de nuevo a la agricultura, hasta que decidió, de nuevo, volver a El Tigre para dedicarse al comercio, actividad a la cual y a pesar de la edad, todavía se dedica.

Iniciándose la década de 1950, instaló una bodega en la avenida 5, muy cerca del Hotel Panamerican, la cual a los 3 años mudó para la 2da. calle sur, hoy conocida como Miguel Otero Silva y muchos vecinos dicen, que no le quitan mérito a ese eximio escritor, pero en justicia, debería llamarse Felipe Rodríguez ya que, en el año 1953 fue su fundador y habitante hasta la fecha y la hora que Dios decida su ida al otro mundo. La bodega “La Auxiliadora” de Felipe, es un rincón histórico de la ciudad y como dijimos antes, un punto referencial para ubicar una dirección en ese bullicioso sector de Pueblo Nuevo Sur, cuyos primeros vecinos fueron Clara Calzadilla, Remigio Marcano, Andrés Pérez, y Polo Noriega, margariteños, Elpidio Durán, padre uno de los mejores técnico en partes eléctricas de vehículos Aníbal Durán y Ana María Santana quienes también apostaron por el futuro de está pequeña urbe y dejaron prolijas y honorables familias que hoy forman parte y engrandecen el gentilicio Tígrense.

En el año 1958, a la caída de la dictadura del General Marcos Evangelista Pérez Jiménez, Felipe tenía su bodega abierta normalmente y había un ruidoso acto en la plaza Bolívar. La gente corría a presenciar el regreso de los presos de Guasina, que serían oradores en el lugar. La señora Edita Rivas y una hija mayor de Polo, Norberta se “encambimbaron” y se fueron a la plaza y de repente se presentó la guardia nacional echando plomo. La carrera de ambas fue tan desenfrenada que Norberta “largó” los zapatos y pasaron frente a la bodega marcando la milla y Felipe al verlas pasar, les gritó “Epa, ¿adonde van? esta es la casa” echaron un frenazo, regresaron, la cuestión no pasó de un susto y la vida siguió su curso normal. La curiosidad mató el gato.

Cuenta Felipe que por muchos años mantenía la bodega abierta hasta muy tarde de la noche y la única vez que lo mandaron a cerrar fue porque se quedó con unos amigos hasta las 2 AM, pasó una comisión de la Guardia Nacional y le llamó la atención. En la última década y sobre todo en estos últimos 2 años tiene que cerrar tempranito ya que el hampa anda con el moño suelto y ha sido víctima de muchos robos. El último sablazo fue con el paquete chileno. Le aplicaron el viejo truco y perdió Bs. 800 mil en tarjetas telefónicas. La delincuencia no tiene paz con la miseria, no respeta edad, religión, condición social o preferencias políticas. Es corte parejo y hoy, hay que vivir preso en la casa, mientras los ladrones y facinerosos son dueños de la calle y los espacios públicos.
Don Felipe Rodríguez ha demostrado con creces, a lo largo de su vida que el modo de resolver los problemas es enfrentándolos. Hoy enfrenta algunos quebrantos de salud, pero no se rinde y los enfrenta con mucho estoicismo, seguro que los vencerá para continuar por otros años su fructífero paso por esta vida y continuar escribiendo las más bellas páginas del desarrollo y progreso de El Tigre.

lunes, mayo 19, 2008

Héroes arrinconados de mi pueblo

El ídolo de hoy arrincona al héroe de ayer,
y a la vez lo reemplaza el héroe del mañana

Washington Irving (1783-1859)
Escritor estadounidense.

En la antigua Grecia les concedían el titulo de héroes a los grandes hombres que por sus acciones eran divinizados. Eran muy rigurosos en la selección de esa élite, difícilmente se equivocaban y mucho menos dejaban cabos sueltos para debates públicos que colocaran en entredicho algún exaltado a esa excelsa categoría. Es tradición también en Venezuela que muchos nombres de personajes destacados en la actividad pública o privada sean escogidos para bautizar obras de infraestructura con la noble intención de ser recordados de por vida. Con ese egregio gesto le reconocen sus meritos y son encumbrados en la historia del país, el estado o la ciudad. Muchos pueden y con muchísimas razones distinguirse como héroes y otros que no califican como tales, les otorgan una mención especial por su trayectoria a favor de la paz, la vida, la creación, la fundación y consolidación de los pueblos, las naciones y el desarrollo integral de la humanidad. Honor a quien honor merece.

Hacemos referencia a estos aspectos ya que los vecinos del Casco Viejo de la ciudad están indignados por lo que consideran un irrespeto por parte del alcalde, al colocar el nombre de un foráneo, cuya trayectoria de apenas un año en la ciudad dejó una estela de dudas con relación a su naturaleza violenta, cultura de la muerte y rectitud como hombre público. Ellos no critican que la máxima autoridad local lo considere “su” héroe, entienden que era su hombre de confianza y eso no tiene problemas. Es su verdad y la respetan. Lo que censuran es la aberración de pretender imponerlo a los vecinos, a muchas de sus víctimas y al municipio como un héroe, irrespetando la memoria de quienes con trabajo, sacrificio, dignidad y conductas ejemplares fueron los fundadores y que bien merecen – sin aristas políticas – llevar el nombre de las obras que se inauguran en el municipio y en especial en el casco histórico de la ciudad. ¿No los conoció? evidente ¿Nunca los oyó nombrar? comprensible. Entonces con humildad, tiene que asesorarse porque el desconocimiento, no justifica semejantes e imperdonables errores y omisiones.

Cómo puede olvidar una autoridad municipal, que dice estar orgulloso de ser tígrense, que ese sector primigenio de la ciudad fueron precursores personajes de la talla moral, ética, creativa, intelectual, humanista y laboral de José Eusebio Colmenares y el comerciante José Rodríguez “Barón” instauradores de la banda municipal, primer saxofonista y bajista de esa agrupación musical local. Ramón Matute el dueño de la bodega “La Cueva” Fucho Gutiérrez destacado minorista, los hermanos justo y Máximo Bolívar pioneros en el ramo de la barbería y Juan Chorizo que no utilizaba la bombita y cuando procedía a mojarle el pelo al cliente para que no notaran la falla le decía “cierre lo ojos que esto pica” y le descargaba un buche de agua en la cabellera – Doña Petra Manzanares propietaria del primer hotel que le sobrevive y lleva su apellido, el trabajador petrolero Félix Lozada, Priscila Toussent que deleitaba a los citadino con sus deliciosos besitos, turrones y paté de coco, el chino Ham Lee, que fue el primer cocinero del sismógrafo, único poseedor en esa época de la formula para la elaboración del pan chino y que heredó su hijo Leopoldo Lee que en la calle Caracas, donde siempre vivió junto a su padre, todavía lo produce artesanalmente y con su venta y fortalece su economía familiar.

Nunca olvidan los actuales habitantes hombres y mujeres de la talla y el nombre de Manuel Gamboa el primer sastre del sector, Salvador La Paz y David Barrancas de las bodegas “La Aragueña y La Chaparreña, Dimas La Rosa que dejo una estela de admirables realizaciones, José María Lira Reyes padre de una prolija familia y quien transportaba la madera y las pencas de moriche para los primeros bahareques incluyendo La Casa del Pueblo, Diógenes Pulgar el popular dentista, María Lugo de Medina, madre del distinguido profesor Juan Medina Lugo y dueña de la Colchonería Lugo en la calle Piar, José Manuel Ceballos el primer registrador, el comerciante Alcibíades Cone, José Quiñones dueño de la primera bicicletería, don Samih Murhib, que vivió cuando llegó al embrionario pueblo en la calle Caracas nº 35, Celenia de Quiñones que instaló la famosa academia comercial Pitman, los comerciantes Cecilio Padrón Sánchez y Enrique Pérez, Jesús Díaz de la famosa Estrella Roja, ubicada en la esquina de la calle Lara c/c Girardot, Pedro Morales de la Bodega “La Mina” que funcionó entre las calles Girardot y Urdaneta, Lucio Martínez pionero en la fabrica de refrescos artesanales, Martín “El Chichero”, el contratista Rafael Jiménez que gracias a Dios todavía vive y tiene su residencia paralela al Registro Civil, David Mota el mejor futbolista que ha salido del pueblo, los hermanos Alí, David y Rafael Atías, Jorge Ramón Betancourt el chatarrero y el primero que prestó el servicio de Aseo Urbano Domiciliario con su carretón en la ciudad, entre otros que por razones de espacio y memoria, quedaran pendientes para otra crónica del recuerdo.

El eximio periodista y destacado cronista Evaristo Marín me comentó en unas de las frecuentes tertulias que entablamos, que lo más recomendable es que si el jefe municipal le tenía tanta admiración al jefe policial asesinado en circunstancia aún no develadas, le hubiesen puesto su nombre al cuartel donde tiene su sede la Policía Municipal y reservar para las obras de utilidad pública, de uso común y dominio colectivo los nombres de los fundadores de la ciudad que fueron los verdaderos héroes y no arrinconarlos por ídolos que pueden resultar con pie de barro. Hay que respetar los héroes de ayer, los que surgirán en el presente y que serán reconocidos mañana cuando estén naciendo los del próximo siglo. Cada uno es su tiempo y lugar.
Obviamente que también era valido que se tomara el nombre del Gran Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre “El Abel de las Américas” como lo llamaba el Libertador, que fue muerto el 4 de junio de 1830, precisamente en la tupida selva de Berruecos ubicada en el camino que va de la ciudad de Popayán a Pasto en la hermana República de Colombia, sitio que llevaba el nombre donde se inauguró la cancha y todo hubiese quedado en santa paz. El alcalde no debe olvidar la muy trillada sentencia de que “Errar es de humano y rectificar es de sabio”. Está a tiempo.

lunes, marzo 03, 2008

Sitios para recordar: El Castelo Branco

El pasado nunca se muere,
ni siquiera es pasado

William Faulkner (1897-1962)
Novelista estadounidense.


Hay sitios que marcan la historia de lo pueblos. El del bar restaurant “Castelo Branco” que fue fundado en el año 1955 por don José Braz Goncalvez, su distinguida esposa Amelía Díaz y sus hijos Manuel y Antonio, muy jóvenes para la época, es uno de esos lugares emblemáticos de la ciudad. Los exquisitos platillos eran y son a precios populares, goza de una nutrida clientela cautiva y leal hasta el santo día de hoy. En sus inicios, el famoso pollo frito con espagueti y la carne guisada con igual contorno u otro a gusto del cliente, tenían un precio Bs. 1,50 y para poder acceder a una mesa en las horas pico había que hacer cola. Estaba el pueblo en plena ebullición, acelerado crecimiento y donde eran muy pocos los establecimientos de esa categoría dedicados al ramo. Calidad, cantidad y precios solidarios.

Don José Braz, un insigne trabajador portugués, que llegó a Venezuela a mediados de la década del 40, visitó al bucólico pueblo de El Tigre en 1950, le gustó, se quedó y arrendó La Pensión Bolívar que funcionaba en el sitio dónde actualmente está la Relojería y Joyería La Francia. Ese pequeño establecimiento comercial que ofrecía hospedaje y comida a muy bajos precios, era uno de los preferidos por los viajantes que llegaban por estos lares a vender mercancía de manera ambulante por las polvorientas calles de la época, especialmente los de origen español, que traían telas y ropa confeccionada. Una vez que don José adquirió su local propio en la avenida España, frente a la Terminal de pasajeros, instaló un bar restaurat que bautizo con el nombre de “Castelo Branco” en honor a la bella región de Portugal que lo vio nacer, continuó ofreciendo hospedaje y comida, en principio en un local modesto, pero mucho más cómodo y accesible para la clientela, que en su mayoría eran los transeúntes que, repito, venían a ofrecer sus mercaderías a los citadinos.

A mitad de la década de los 60, Manuel y Antonio que ya estaban al frente del negocio, junto a sus distinguidas esposas María Do Ceu y María Neves Díaz, remodelaron y construyeron el actual edificio, concentraron la actividad comercial en los servicios de bar, cafetería y restaurant. Consolidado el negocio y ante la avalancha de la clientela, los hermanos Braz empezaron a contratar personal para la atención de los comensales. Entran en escena algunos de los primeros mesoneros de la ciudad. El tocayo José “Cheo” Braz, hijo de Antonio, que hoy es un exitoso contratista en el estado Monagas, Carlos Barreto que había adquirido experiencia en una corta pasantía que había hecho en el bar restaurant Capri, al cual fue llevado por José “Chichí” Valor Marcano, que por su condición de políglota, era en el pueblo una de las estrellas en la profesión y se entendía con el cliente más exigente, que visitaba ese otro popular negocio, sin importar su procedencia, idioma o dialecto. Actualmente, prepara unos ricos consomé en MOROGAS y se dedica a la venta de prendas preciosas, joyas y relojes. Un todo terreno, pues.

Con Carlos Barreto y José “Cheo” Braz, también iniciaron sus actividades como mesoneros en el bar restaurat “Castelo Branco” Mario Macuare, que en el presente, está dedicado a transportar pasajeros en un vehículo de su propiedad, en la ruta extraurbana El Tigre-Barcelona-Puerto La Cruz, el margariteño Stalyn González, que hoy día se defiende como vendedor ambulante de todo tipo de loterías y el pariaguanero José Cabezas. Era un cuarteto de anfitriones de primera línea, que al lado de Antonio “Tony” Díaz Rodríguez, prematuramente desaparecido físicamente, estaban atentos a atender diligente y eficientemente, a pesar de la gran afluencia de comensales que se daban cita al popular y barato comedero en esos tiempos. ¡Sale una sopa para la mesa 3! ¡Salen los pollos con espagueti para la mesa 1! ¡Sale una carne guisada con arroz para la mesa 4! ¡Sale un carite frito para la mesa 6! Era el estribillo que se escuchaba desde la cocina para llamar la atención de los mesoneros indicándole el pedido de cada cliente y su ubicación. Luego de un tiempo fueron relevados por Yomar José Freites y Félix Parra que también abandonaron y fueron sustituidos por los amigos Santos Rivas y Luís Mata que junto a Abel, hijo de Antonio, hacen el equipo que hoy da la cara a la clientela con la misma diligencia y amabilidad de siempre.

En pleno esplendor del Castelo Branco, éramos asiduos clientes el fraterno Pedro Emilio Rojas “Pejas”, su hija Elimar, el licenciado, educador, poeta y periodista Aquiles Lambert Marcano, el entonces capitán (GN) José Luís Arriojas, José Prado y su distinguida esposa Olga Golindano, el dirigente sindical Luís “Culí” Martínez, Luís Harris Rangel, Braulio Rafael Martínez Salgado, el periodista Luís La Roche Abreu, Asdrúbal, Ennio, Saúl y Oswaldo Mendoza, Miguel Antonio “El negro” Salazar, Juancito Vásquez, Gonzalo Cermeño, Rubén “Babita” Matute, Nelson “Negot” González, Pedro Marrero Hernández, Carmen Reyes, Román lunar, El caricaturista estrella de Antorcha Saúl Alcalá, Alberto Guzmán Lárez, Hilario Franco, Vicente y Oito Lira, Eugenio “El viejo” Salazar, los hermanos Jaramillo, Pedro Sergio Salazar, Roberto Gómez, Giovanni Prado, los hermanos Oliveira, los licenciados Héctor Cordero Rodríguez y Neuman Cedeño, Luís Fermín, las hermanas Golindano, Roberto Salazar, Hernán Zabala, Alirio Barreto, Ángel Antonio Merlín, José Rodríguez, José Caraballo, Ángel Rafael Zabala, Roberto “Rudy” Carrillo y familia, Manuel Alfonzo y familia, Honorio “Cadenita” Cabrera, Douglas García, presidente de la Unión Mercury, José Fortique, Pedro “Pico Rondón, Pedro “Culebra” Tovar, Juancho Rondón, Luís Carlos “Clent” Martínez y su amada esposa Amanda Golindano, Héctor y José Félix Golindano, Edgar Prado, Tomasito Díaz, Juan Martínez que degustaba un bistec a caballo por sólo Bs. 2,50 y pedía otro para llevarlo a su distinguida esposa Maritza y en fin, un sin número de amigas y amigos que compartíamos largos ratos, hasta después de cerrado el negocio en compañía de Manuel, que siempre nos sorprendía con una exquisitez y donde destacaba las cabeza de róbalo, pargo, mero y carite sudadas. Eran veladas de antología.

En la actualidad el bar restaurant “Castelo Branco” continúa brindando sus platos de comida nacional e internacional con exquisita e inmejorable calidad a los mejores precios del mercado, ahora bajo la dirección de Abel Díaz Rodríguez y la atenta mirada de su hermano Simón que a pesar de estar pegado al televisor, no pierde detalles del movimiento del negocio y está en todas las jugadas. Así que los que se quieran pasar de vivos, están avisados. Posee un gran peso corporal, pero goza de una agilidad mental envidiable. Es de esos cazadores a los cuales muy pocas veces se le va la liebre. Mosca, pues.

El Castelo Branco ha sido, es y será por mucho tiempo, el sitio de encuentro por excelencia. Varias generaciones de Tïgrenses han saboreado sus ricos platos y han vivido gratos e inolvidables momentos en su acogedor ambiente familiar, al extremo que, mis hijos, los ingenieros Cheito Salazar que trabaja y vive en México y Maikel José residenciado en Puerto Ordaz, les quedo el gustito de cuando chicos los llevaba a almorzar o a cenar, que cuando vienen de vacaciones, no pierden la oportunidad de invitarme a degustar el rico pollo frito con espagueti, el cual, para los que no lo sabían o tienen alguna duda al respecto, continúa igualito: Excelente, apetitoso, suculento y barato. Una delicia a muy bajo precio. Visítelo y verá que estamos en lo cierto. El Castelo Branco, es pasado, presente y futuro. Su pasado está vigente, no muere, porque fue ese período vital que le dio reputación, popularidad y la fortaleza para superar el medio siglo en plena faena, podemos decir con orgullo que como la calidad y la excelencia es la misma, ni siquiera es pasado.
El Castelo Branco, que desde enero del 2007, ahora funciona con la denominación comercial de Tasca Restaurat “El Castelo, C.A”, es uno de los tantos sitios, al igual que Las Palmas, que regentaron Juan Núñez y Eduardo Fernández, El Capri, que fundó don Félix Cicolini, La Arepera San Antonio, de don Antonio Miguez, El Luchador que todavía funciona bajo esa denominación comercial, el desaparecido Atlántico que funcionó en la esquina donde está la panadería Los Luchadores y el Obelisco que existía donde hoy está el semáforo y que convertía ese popular cruce en una pequeña redoma, que junto a otros, forman parte de los primeros sitios de encuentro de la ciudad y que nosotros humildes cronistas vocacionales iremos rememorando en estas modestas crónicas, con la sana intención de recordarlos y contribuir con ello a preservar la memoria histórica del pueblo que nació al calor de la industria petrolera el 23 de febrero de 1933, haciendo buena la sabia enseñanza del historiador griego Tucídides: “La historia es un incesante volver a empezar”. No lo olvidéis.