lunes, mayo 04, 2009

La despedida de un hermano

Cualquiera puede dominar un sufrimiento, excepto el que lo siente
William Shakespeare (1564-1616)
Poeta y autor teatral inglés.


De izquierda a derecha: José María (Cheo) Salazar, Edgar José Salazar, el lamentablemente fallecido Roberto Rafael Salazar y nuestra vieja Anastelia Salazar.

No es igual ver morir, que cuando a uno le toca. Repentinamente Roberto enfermó. Joven aún, conservó en alto hasta el último halito sus deseos de vivir. Ejemplar padre de familia. Trabajador incansable. Responsable con sus obligaciones. Radiante, risueño y jubiloso. Amante de la parranda criolla. Siempre sacó tiempo para compartir con la familia, cumplir con su trabajo y participar en la promoción, divulgación y propulsor de nuestra música autóctona. Ese era el popular Roberto Salazar y ahora que nos abandona físicamente, dejó una huella indeleble para ser recordado con alegría y entusiasmo. Robertico dixit.

Un año y meses menor, por decisión de nuestros padres José María Lira y Anastelia Salazar, no fue hasta que Roberto cumpliera los 7 años que nos inscribieron en la escuela Felipe Walker de Pueblo Ajuro dónde cursamos nuestra primaria, luego desarrollamos nuestros estudios de bachillerato en el Liceo Alberto Carnevali y cuando abrió sus puertas el IUTET decidimos inscribirnos y egresamos en la segunda promoción. No salimos en la primera porque ambos trabajábamos en el Concejo Municipal y por más que estiramos el tiempo, los horarios no nos daban para inscribir todas las materias. Siempre nos dimos ánimo con la máxima según la cual “no nos inscribimos para estudiar a la carrera sino para estudiar una carrera” y logramos el objetivo. Nunca es tarde para aprender y cultivar el intelecto.

Una vez graduados, Roberto ingresó al INCE, yo me quedé en el IUTET como auxiliar docente, pero como en gustos y colores, no han mandado los autores, mi hermano dedicó sus horas libres y fines de semana junto a su familia a cultivarse y cultivar nuestra música criolla. En eso era obstinadamente monotemático, hizo amistad con todos los cultores de nuestro folclor y en esa ruta que tomó, convenció al alcalde Miguel Arismendi al lado de un grupo de amigos, para hacer realidad un sueño: el disco de oro de El Tigre. Un CD que logró reunir todos los cantores y cantoras de El Tigre y del cual fue su coordinador general. En Barquisimeto fue la grabación, sortearon algunas dificultades, pero como el llanero es del tamaño del compromiso que se le presenta, las vencieron y regresaron victoriosos. Un CD que enriquece la memoria histórica musical de la ciudad.

Un hermano, un amigo, un compañero, muchos caminos desandamos. Caracas, Valencia, Maracay visitamos, muchos fines de semana para disfrutar los juegos de béisbol profesional con Vicente Lira, su esposa Chepa y Oíto Lira nuestros eternos anfitriones en Guacara donde pernoctábamos como punto equidistante. Luego en el tiempo, siempre coincidimos en los pueblos de la zona sur del estado en las fiestas patronales, él en su rol de parrandero criollo, amigo de sus pobladores y yo como dirigente político. Nunca faltó un día para degustar en casa de nuestra vieja Anastelia un palo a’ pique o un arroz aguaito con pollo o gallina. Un telefonazo: Roberto nos vemos a las 12 en la casa de mamá y con precisión de reloj suizo llegábamos, dos platos c/u y para nuestros hogares. Como dejar de recordar los diarios desayunos en los kioscos ubicados frente la estación de servicio “La Confianza con los amigos y amigas, las semanas santas en Morrito con Edgar, Luisa, sus hijos y amigos, las fiestas de Atapirire en la casa de El Negro Miguel Salazar (+), Miriam, sus hijos y las comidas “En su punto” de nuestra tía Felicita y la negra Barbarita, los contrapunteos con el Chino Lira, las invitaciones a una parranda familiar con la peculiar coletilla – cuando te preguntábamos ¿que llevo? – y nos contestabas con tú característica jovialidad “traiga necesidad” y tantos momentos interesantes, agradables, encantadores y alegres. Huellas indelebles que quedaron grabados en nuestros corazones.

Tantos y tantos recuerdos, anécdotas, amigos comunes que quisiera nombrar, momentos buenos y malos, amargos y dulces vivimos, disfrutamos y vencimos, con los cuales de escribirlos llenaría cuartillas y cuartillas interesantes y divertidas. Por ahora, el espacio no alcanza. Habrá tiempo, pero no puedo dejar de mencionar a quienes acompañaron a su esposa Digna y sus hijos Robertico, Rolando, Ronald, Ronny, Yolimar y Laurita, hasta el último momento. Migdalia Martínez, José Vicente Torrealba, Elvia Zabala, la familia de José “Conoto” Velásquez, Ángel Meza, Ricardo Rondón e hijas, José “Golo” Mogollón y Freddy Arevalo, entre otros allegados. A ellos y a la gran legión de amigos y amigas que nos acompañaron en tan dolorosos momentos, gracias, mil gracias y nuestro eterno agradecimiento.

Estas cortas líneas, las escribo en medio de dolor particular y familiar. Roberto nos abandonó físicamente muy prematuramente, un gran vacío imposible de llenar, pero en su corta vida, tuvo la virtud de trascender y cuando se roce la memoria histórica de la ciudad que nos vio nacer, estoy seguro que su nombre formará parte de sus bellas páginas porque supo repercutir como hombre de bien y gran emprendedor. Hermano, el sufrimiento que sentimos, se atenúa cuando tenemos la fe y la seguridad, que Dios te acogerá en su santa gloria y como todos vamos para allá, no es un adiós, es un hasta luego. Siempre juntos y nos volveremos a encontrar. No hay dudas.

2 comentarios:

Wilfredo dijo...

En verdad Roberto fue un buen amigo y cultor de nuestra musica autoctona. Te extrañaremos amigo con jovialidad y amistad. Te recoradre para siempre en la fiestas de Atapirire junto a Freddy Arevalo y a tus hijos en aquellas partidas de truco. Pido que estes junto a Dios y desde alla nos bendigas. Tus Amigos de Santa Anita: Wilfredo Ortega

Wilfredo dijo...

Sr: "Cheo" Salazar,
Lo acompaño en su nostalgia y dolor por la prematura desaparecion fisica de su hermano Roberto. Tuve ocasion de compartir con El y Freddy Arevalo momentos muy agradables en Atapirire y en mi finca Santa Anita. Fue un gran amigo y lamento de corazon su partida. Quedaran sus gratos recuerdos y la amistad eterna de Wilfredo Ortega.