sábado, junio 10, 2006

Personajes de mi pueblo: Miguel Tabata

“Bienaventurado aquel que encuentra el trabajo que le
gusta; que no se preocupe por otra bendición”
Thomas Carlyle.
En las décadas del 50 y 60, la penetración del cine Mexicano en Venezuela fue decisiva, para que muchísimos conciudadanos, hasta el día de hoy tengan una inclinación especial por la música azteca, especialmente la del género ranchero. Uno de esos personajes amantes de esa maravillosa expresión cultural, es Miguel Tabata, quien nació en la vecina población de Pariaguán el 25 de noviembre de 1925 y luego de pasar su niñez, adolescencia, muy joven llegó al incipiente pueblo de El Tigre, fue uno de los fundadores del sector barrio ajuro donde tiene una larga y dilatada trayectoria como bodeguero, botiquinero y hombre de trabajo a carta cabal. El compaíto Miguel, como se le conoce popularmente actualmente posee una bodeguita en los límites de Pueblo Ajuro, exactamente en la carretera Negra de la Flint cruce con Calle Florida que atiende junto a su hijo Gudelio, que le permite sobrevivirle a estos tiempos difíciles, en la pobreza, pero con mucha dignidad.

Muy joven en su natal Pariaguán, tuvo que trabajar para ganarse la vida. Comenzó sus faenas en las mañanas como jardinero en la casa de un piloto de aviación de la compañía Sinclair, que vivía en el sector “El Bajo”, actividad que compartía con sus estudios de primaria en la escuela Nicanor Bolet Peraza donde alcanzó el tercer grado, tuvo que abandonar para trabajarle en las tardes en la atención de las gallinas, los venados, pollos, pericos, loros y demás animales domésticos a un señor que se desempeñaba como jefe del comedor de una compañía en Anaco. Viajaba en la madrugada, regresaba en la noche trayendo unos sándwich que eran una divinidad, según cuenta Miguel. En esos tiempos de escasez y necesidad que le toco vivir, le metió a la artesanía fabricando capillas para alpargata que le vendía a un señor que las trabajaba, completaba y distribuía al mayor. Mire compaíto, me dice, fabriqué hasta voladores – Papagayo en Venezuela, papalote en México -- que vendía a medio para poder mantenerme. Eran tiempos de hallacas a real y pepsi cola a medio.

En esos menesteres, el campaíto Miguel conoció a Pedro Bermúdez Arreaza que tenía un bar restaurant que le dio empleo desempeñándose como “Toero”. Por su dedicación, responsabilidad y honestidad, se ganó la confianza plena del dueño del negoció, que lo dejaba encargado mientras desarrollaba otras actividades comerciales en El Tigre, debido al crecimiento en la labor comercial decidió alquilarle la esquina La Florida a Ruperto Marcano, instalando una bodega con expendio de licores. Abre sus puertas y Pedro Bermúdez Arreaza, lo invita a encargarse de su nuevo negocio, cuestión que aceptó, viajó a este pueblo en un camioncito que venía cargado de mercancía y como no había espació tuvo que hacerlo arriba del corotero como el mismo lo afirma. Era para colmo la primera vez que se montaba en un vehículo. Fijó residencia en la calle Orinoco en la casa de la señora Madre de Pedro, Doña María Bermúdez. Nunca olvida el compaíto Miguel que unos rones venían en barriles, que ellos expendían por copita a medio y otros en los tradicionales envases de vidrio de a cuartito, media botella y botella marca Altagracia, pero los margariteños de la época llamaban “Chelia” quizá, porque el dueño de la destilería que los producía, se llamaba José Díaz Alfonzo.

En ese tiempo el compaíto Miguel se aficionó al cine, debutó como espectador en el cine mudo, luego fueron llegando las mexicanas que le marcaron su vida para siempre. Le encantan los mariaches y es admirador de los extintos actores y mejores cantantes Pedro Infante y Jorge Negrete de quien conserva como una joya en discos de acetato, la pieza musical “El corrido del Águila Negra” En una oportunidad Edgar José Salazar fue a venderle queso a la bodega y cuando venía con una pieza de unos 15 kilos aproximadamente, el compaíto Miguel se apresuró a agarrar papel de un saco de azúcar vacío, para colocarlo al plato del peso y evitar la corrosión que produce el suero. Cuando alza el saco rueda un disco, lo agarra y dirigiéndose a Edgar que esperaba para colocar el queso en el plato protegido y quitarse la carga de encima, le dice en tono adolorido “Compaíto como no voy a estar quebrado. Vea esto. Mi mejor disco, lo saque de la rockola para que no me lo rayaran de tanto que lo seleccionan los clientes y vea dónde me lo tienen los muchachos. Edgar, cimbrado por el peso, alcanza a preguntarle ¿Y que disco tan bueno es ese compaíto? Y Miguel le contesta, con las manos en la cabeza, conteniendo la rabia y el dolor. El disco del Águila Negra Compaíto, el disco del Águila Negra mi compaíto” Una señal prístina de la admiración por Negrete y sus interpretaciones.

Don Pedro Bermúdez Arreaza, luego se asoció con su hermano Cruz e incorporaron al negocio la distribución de leche, asignándole la tarea al compaíto Miguel de ir todas las madrugadas a expenderla en el mercado a real el litro. Cansado y no viéndole proporción al negocio, renunció y volvió a Pariaguán, donde pasó apenas un mes y regresó a El Tigre con el firme propósito de independizarse. Adquirió por mil bolívares un kiosco para expender víveres y mercancía seca al detal, en el mercado que funcionaba en la calle Héctor Villegas frente a la bodega de Barón. Al mes demolieron el mercado, quedó en el aire de nuevo, pero no se rindió e inmediatamente alquiló uno para trabajar en las afueras del mercado de la avenida 5. Recuerda que colocó su kiosko frente el negoció de Alejandro Agostini quién molesto por la competencia lo trataba mal y cuando tenía unos palitos encima lo insultaba de lo lindo. El compaíto Miguel que tiene la paciencia del carbonero y un carácter afable le aplicó la filosofía popular “Palabras necias oídos sordos” El hombre pasó como un año en esa pelea hasta que se cansó y al final terminaron siendo muy buenos amigos.

Consolidado el kiosko, a los 3 años, apareció de nuevo, Pedro Bermúdez Arreaza quien le ofreció empleo de nuevo y en mejores condiciones porque le iba mal en el negoció, necesitaba de su experiencia y experticia. Miguel aceptó, se asoció en el kiosko con un margariteñito y se puso al frente del negoció en la esquina la Florida. Recuperado el negocio Pedro le vende a su hermano Cruz, el compaíto Miguel se retira y compra una casa en la calle Falcón, que tenía 13 habitaciones, vivía de los alquileres y lo que producía el kiosko. En esa oportunidad, recuerda con cariño, que Santiago Rojas, el papá de Silvestre Antonio Rojas el popular “Metoquina” vivía en una de las habitaciones y como estaba sin trabajo, tenía los muchachos pequeños, no le cobraba la mensualidad. Luego vendió a Ramón Arraíz quién luego, al poco tiempo hizo lo propio a Eduardo Castillo que remodeló el local e instaló la refresquería “El Castellón” ese local, después del fallecimiento de Eduardo fue comprado a un heredero de nombre Tomás Castillo, por Zuleima Golindano quién luego lo vende a su hijo Alfredo “El cabezón” Golindano que en la actualidad lo tiene en remodelación y una parte que ya concluyó, la tiene alquilada a la petrolera.

Con el dinero de la venta, unos ahorritos que tenía compro una casa y montó su bodega mas adelante, exactamente, frente a la residencia de Antonio Lara, donde hoy, por cierto, habita la familia Quijada. Vendía víveres, los fines de semana sacrificaba sus cochinitos y en el tiempo incorporó un billar, un pool de fabricación rudimentaria que no tuvieron el éxito deseado. Luego vendió para fabricar en la esquina de calle Falcón con 5 de julio, estableció por muchos años la bodega en la esquina y en la parte posterior un barcito con lindas anfitrionas, una buena rockola, un billar y un pool de última generación. El compaíto Miguel había logrado su sueño. Consolidar un negocio propio que le garantizará su subsistencia y la familia, a la cual le construyó una casa al lado. Creo que en ese punto, con altos y bajos, como es normal en la vida vivió sus años dorados. Hoy la esquina, que fue comprada por Francia Fermín, a pesar que demolió la estructura del antiguo local, cercó y construyó una casa para la familia, sigue siendo muy conocida. Es la esquina de Miguel Tabata que todos tomamos como punto de referencia.

En sus recuerdos todavía vibran algunos nombres de compadres y amigos con los cuales compartió buenos y malos momentos. Destaca el compaíto Miguel a su compadre José María Lira Reyes que fue tan amigo y de confianza que cuando decidía echarse las tequilas, lo dejaba al frente del negocio, también recuerda con mucho afecto y cariño a don Julio Rodríguez el hombre de la inyectadora, a sus vecinos Germán Barreto, Jesús Piñero, Félix José Ramos el popular “Margarito” y su esposa Graciela Soto, Pablo “Catire” Freites, que tenía una bodega al frente, donde hoy es la residencia de Edgar José Salazar y Luisa Centeno, “Patica” Zubillaga, Ramonita Montes, que tenía la competencia en la esquina de la calle Venezuela, Jacinto Tabata y su mujer “Goya” Montero, la viejecita Narcisa Rodríguez, “Goya” Arretureta, Jesús Campos, Modesto Maestre, Rafael Carrillo Tocoragua, su comadre Anastelia Salazar y así, compaíto, tanta gente me dice. Hasta los que me echaban el carro recuerdo ¿Cuáles? Pregunto. Bueno compaíto, Manuel de Jesús Duerto, el popular gallo enano, David Castillo conocido popularmente como “El Mocosito” y no crea compaíto, me dice, con picardía que Arturito Salazar “El quebraíto” era muy santo, había que estar mosca con él también. Toda gente buena y sana, a pesar de los pesares.

Imagínese, compaíto, había tanta seguridad en esa época, que yo iba todos los días al filo de la medianoche a pie, con mi bicicleta agarrada por el manubrio, acompañando a las chicas que trabajaban conmigo que vivían en la Charneca, no las podía dejar solas y además en ese trayecto, aprovechábamos, para hablar de muchas cosas y no pocas veces, de allá, me venía bien entrada la madrugada, tranquilo en mi bicicleta y nadie me molestaba, hoy aquí en la bodeguita, a pesar que la tengo forrada de cabillas, vivo en permanente vigilia, asustado y encomendado a Díos. Que le queda al pobre en estos tiempos de violencia irracional. Todos vivimos con miedo.
El compaíto Miguel es un eterno enamorado, galanteador congénito, picaflor empedernido, no se amilana a la hora de soltarle la jauría a una bella dama, de eso hay historias en el barrio. Tuvo dos hijos Moraime y Crisanto en su primer matrimonio y luego contrajo nupcias con el amor de su vida, Coromoto Arriojas, unió su vida a ella para siempre, procrearon cuatro hijos, Marcela, Miguelito, Gudelio y Eber. Miguel Tabata, un trabajador insigne, fundador de la calle Falcón y 5 de julio en Barrio Ajuro, sigue haciendo historia en El Tigre. Desde muy joven le gustó el comercio, de ese camino no lo sacó nada, ni nadie y hoy todavía en la Carretera Negra de La Flint, continúa al frente de una bodeguita de su propiedad. Bienaventurado cuando se ganó esa bendición de Dios y hoy puede alzar la copa con orgullo y decir al unísono con la ranchera mexicana…Por ellas, aunque mal paguen.

3 comentarios:

Katiuska Echenique dijo...

Hola, me ha sido muy grato leer parte de su blog, entre a google por unos minutos a buscar la información acerca del nombre del actual director del hospital Luis Ortega de Porlamar y me encontré con su página; me atrapo de tal forma que no solo no seguí buscando la información que me interesaba sino que se pasó mi hora de almuerzo.
Bien escrita, muy amena e interesante, en realidad la he disfrutado, solo quisiera acotar, en cuanto a su referencia del ron Altagracia, mejor conocido como "Chelia", que el dueño de la Destilería era José Elías Alfonzo y no José Díaz Alfonzo. Aunque no soy oriunda de la población de Altagracia, nací en el hospital Luis Razzeti, mi familia materna si es "hatera" de pura sepa y con propiedad le puedo decir que el conocido Chelia ostentaba el nombre de José Elias.
Reciba mis felicitaciones por tan agradable página.
Atentamente.
Katiuska Echenique.
Katyechenique@hotmail.com

Anónimo dijo...

Que coño, nada de republica Bolivariana, sino Venezuela, en todo el mundo se le conoce como Venezuela y no eso porqueria de Republica Bolivariana, si se levantara Simon Bolivar de su tumba.

Anónimo dijo...

Siempre con la misma vaina, Huevones del carajo, es Venezuela y no esa mierda de Republica Bolivariana.