domingo, septiembre 02, 2007

Personajes de mi pueblo: Victoria del Valle Manrique (Vda.) de Córcega (Totoya)

Los hijos son las anclas que
atan a la vida a las madres

Sófocles (496-406 a.C.)
Dramaturgo ateniense.
El 23 de diciembre de 1922, vino al mundo Victoria del Valle Manrique. En la pequeña población de Yoko, municipio Valdez, cuya capital es Guiria, donde tenía su residencia el matrimonio conformado por el señor Cresencio Hermogenes Manrique y Olegaria Rosario. Él agricultor y ella costurera del pueblo para el momento. La niña Victoria vivió su niñez al calor del hogar y luego curso estudios hasta 3er grado en la escuelita rural que funcionaba en el lugar. En ese tiempo la situación económica era muy difícil y obligaba a que los niños y niñas se incorporaran desde muy temprana edad al mercado de trabajo. Sucre, a pesar de ser la cuna del Gran Mariscal de Ayacucho y el poeta del pueblo Andrés Eloy Blanco, es un de los estado más pobres del país y en ese tiempo era peor.

Dolores, una tía de la niña Victoria que vivía en Guiria y que la adoraba, se la llevó a vivir con ella por un tiempo, lapso que aprovechó para aprender el oficio de panadería y repostería, actividad que ejercían de manera artesanal. Era la fuente de ingreso en ese hogar para el sustento diario y los gastos mínimos de la morada. Al año regresó a Yoko y en la misma casa de la familia, construyeron un horno de barro, enseño a los padres el oficio y empezaron la elaboración de pan, ricas tortas, besitos con coco y papelón. Una vez que la producción fue creciendo, Victoria y una amiga de color blanco, se dedicaban a la venta ambulante en los pocos centros de trabajo del pueblo. El que quiere puede y el trabajo honesto dignifica.

En esos avatares transcurrió la primera parte de su juventud, hasta que a los 18 años, se acercó con la amiga a ofrecer sus productos a la fábrica de ron del señor Antonio “Toño” Pomente y entre los trabajadores surgieron los galanteadores y en medio de las chanzas y risas, uno de ellos, le insinuó a Germán Córcega “A ti como que te gusta la blanca” a lo que respondió rápida y con gran convicción. “No, hermano se equivoca, a mi me gusta la negra”. Quedaron prendados, comenzó a visitarla, formalizaron el noviazgo y cuando iba a cumplir 19 años en el año 1941, contrajeron nupcias y fijaron residencia en una parte de la casa que les cedió la abuela materna de Victoria. Amor a primera vista y matrimonio para toda la vida.

Durante 5 años vivieron en Yoko. Él laborando en la destilería y ella alternando entre los oficios del hogar y la venta de sus productos de panadería y repostería. En esos primeros años procrearon 3 hijos. Doris, Esover y Edgar. En la medida que la familia fue creciendo las necesidades se fueron acrecentando, lo que obligó al señor Germán Córcega a buscar nuevos horizontes que lo llevaron hasta Tucupita dónde empezó a trabajar en la empresa petrolera Texas. En esa población vivieron por espacio de unos 7 años y la familia siguió creciendo. Dos hijos más. Gimelsón y Yovana. En ese tiempo conocieron a un excelente amigo que hicieron compadre, el señor Luís Luna, quien una vez que concluyó sus labores en Tucupita se marchó hasta Roblecito, estado Guarico. Al poco tiempo, Germán quedó desempleado, hizo contactó con él y le consiguió empleo en esa población, una vez allí, se residenciaron en el campo petrolero que poseía la Texas para sus trabajadores. En ese pequeño poblado vivieron 5 años y allí continúo el crecimiento de la familia. 3 hijos más. Néstor, Flerida y Argimiro. Al final de la década del 50 ya tenían 8 hijos y el hombre, una vez que quedó desempleado en Guarico, se aventuró hasta El Tigre atraído por el febril movimiento de la actividad petrolera.

A la caída del dictador Marcos Evangelista Pérez Jiménez, llegaron a El Tigre y una tía materna de Victoria, le prestó una vivienda en la 5ta carrera norte que poseía en todo el frente de la casa de don Ángel Matute – el mismo distinguido amigo que vende queso en el mercado municipal – y le dijo “No pague alquiler” Germán logró empleo en la Mene Grande Oil Company y a los pocos meses compraron por 3 mil bolívares un rancho en la 5ta calle norte nº 119, poco a poco fueron mejorando la vivienda y hasta el sol de hoy es la residencia oficial de la familia Córcega Manrique, que creció de nuevo una vez en El Tigre. 5 hijos más, para completar la docena de Gómez. Cesar, Margloris, Frank, Douglas y Javier. Había que moverse como pluma para mantener ese ejercito de hijos, que según, los que los conocieron niños y adolescentes, eran capaces de devorar un búfalo en una sentada.

En el tiempo que Victoria del Valle Manrique de Córcega, la popular “Totoya” llegó a Pueblo Nuevo Norte, las calles de ese sector llegaban por el este hasta la actual Plaza Miranda y por el norte hasta la 7ma carrera. El sector norte era muy pequeño, todos se conocían e interactuaban y los vecinos más cercanos eran como familias. “Totoya” recuerda con mucho cariño a sus vecinas María Brito, María Ulpicio, Mercedes Hernández, Susana Soto, Fania de Quijada y la consultora de la suerte, Dominga Manrique con las cuales compartía los fines de semana saraos aderezados con la cervecita y el infaltable sancocho.

En los tiempos que el esposo se desempeño como trabajador petrolero, “Totoya” dedicaba su tiempo a la atención de los oficios del hogar, la educación, formación y lo más difícil, la alimentación de sus 13 hijos, por eso, también trabajaba duro para buscar la arepa. Vendió kerosén, pan, dulces, limpiaba mondongo, elaboraba morcilla, vendía comidas por encargo, escocés pata quebrá y hasta prestamista fue. El Dr. David Carbonell fue un asiduo cliente en estás dos últimas actividades que desarrollo “Totoya”. David, junto a Miguel Galantón y el Dr. Carlos Ramírez, no veían hora, fecha, mes, ni día para solicitar los productos etílicos y la facilidad de dinero en efectivo. Tenían una mantequilla con “Totoya”

Hoy, con 12 hijos vivos, 33 nietos y 17 bisnietos, Victoria del Valle Manrique de Córcega que en el año 1974 perdió a su esposo, continúa atada a la vida porque goza de su mejor herencia: Sus hijos. Ellos que la adoran, desde hace bastante tiempo, le evitan cualquier tipo de actividad, la mantienen y le cumplen todos sus caprichos. Pronto, en medio del calor, el cariño y el amor de su honorable familia, celebrará sus primeros 85 años y como decía mi abuelita “No para la pata” su vida transcurre entre El Tigre y Caracas hasta donde se ha extendido su prolija familia. ¿Dónde será la fiesta? Eso, tengo entendido, todavía está en discusión. Veremos quienes se imponen o los de la capital o los de El Tigre.

No hay dudas de ningún tipo, la popular “Totoya” que gracias a Dios, la Virgen y su alimentación a base de bola de plátano, lapa guisada, pescado salado, domplinas con mantequillita y queso rayado, goza de excelente salud y mejor memoria, es una de esas heroínas anónimas, que ha contribuido decididamente con el crecimiento, desarrollo y fortalecimiento de la ciudad que nació al calor de la industria petrolera el 23 de febrero de 1933. Honor a quien honor merece.
El popular seudónimo de “Totoya” Viene dado en dos vertientes. El primero es que los orientales lo usan como diminutivo de Victoria y el segundo, quizá, por su gran capacidad de trabajo, rendimiento, fortaleza, vitalidad y durabilidad que la asemeja a un vehículo marca Toyota, pero ojo, a la burbuja, que además es majestuosa, elegante, bella, vistosa y buenísima. Es la opinión de su hija Margloris.

3 comentarios:

Liliana Fasciani M. dijo...

Apreciado Cheo:
He seleccionado tu blog "Destellos de la memoria" para concederle el "Thinking Blogger Award".
Te invito a visitar "La pluma liberal" para que conozcas más acerca de este reconocimiento y sigas las instrucciones concernientes a los blogueros elegidos.
¡Enhorabuena! Espero continúes posteando las historias de nuestra ciudad con el mismo orgullo y la chispa que caracterizan tus narraciones.
Saludos.
Liliana Fasciani M.

w. c. dijo...

Felicitaciones por apostarle a contar historias de su pueblo, por contar algo de los personajes que hacen los pueblos de todos nuestros países.

Anónimo dijo...

Hola Cheo Salazar! deberias incluir en tus destellos a los fundadores del hospital general de el tigre, gente que se siente muy orgullosa de haber prestado sus servicios en este centro, sobre todo el personal de enfermería, el personal obrero y administrativo, no solo a los médicos y gente que tu conoces. Gracias!!