lunes, marzo 26, 2012

Personajes de mi pueblo: Ramón Rafael “El indio sute” Barrios

Teme a la vejez, pues nunca viene sola
Platón (428 – 347 a.C.)
Filósofo griego.

La guariqueña, María Josefa Barrios, emigró primero hasta Aragua de Barcelona, luego a “Las piedritas”, municipio Miranda y posteriormente llegó a El Tigre, para convertirse en una de las fundadoras del barrio “La Cruz”. Una expansión del barrio Pueblo Ajuro, bautizado originalmente, porque los vecinos se peleaban constantemente, como “Barrio Loco”. Ese nombre se lo acuñó, Juan Rafael Hernández, el popular “Negro Bolívar”. Empero, como la prolongación de la calle 5 de julio de Pueblo Ajuro, cruza la calle principal del sector y ciertamente, erige una imaginaria cruz, sobre la topografía del barrio, la gente al final impuso y adoptó, el nombre que hoy ostenta. “El Barrio La Cruz” y sanseacabó, decía Lucrecia “Lucas” Salazar. La voz del pueblo es la voz de Dios.

Una de las  viviendas iniciales del “Barrio La Cruz”, la construyeron los 2 hijos con los cuales llegó doña María Josefa, ambos nacidos en “Las Piedritas”.  No eran albañiles, pero con los conocimientos básicos e impulsados por la necesidad, Ramón Rafael y José Luís, le echaron ganas y levantaron la casa para la familia. En ese lugar creció el núcleo familiar. Allí nacieron, criaron, crecieron y formaron los demás hermanos. Juan, Blas, Pedro Canicio, María Felipa y María Tarcisia. La situación económica, no era la mejor y había que echarle ganas a la vida. Es aquí que empieza la leyenda de nuestro personaje y la cual forma parte de nuestras historias urbanas. Todos somos pequeñas historias ambulantes.

Ramón Rafael, “El indio sute” Barrios, que ya promediaba los 20 años, sólo había trabajado en conucos y era analfabeta. No sabía más nada y optó por vender helados. Junto al “Indio” Palacios, fue de los primeros vendedores de los llamados pocicles, en las polvorientas calles del pueblo. Trabajó 4 años con “La Casa del Helado” y cuando se retiró, un amigo lo llevó, hasta la primera sala de matanzas que existió en esta ciudad, ubicada al final de la calle Ribas, pasando la carretera Negra La Flint. En ese degolladero se inició como desollador, trabajó un año y luego pasó al moderno, para ese entonces, matadero, que inauguraron en el sector, ahora conocido como 25 de Mayo. En la calle principal que conectaba la carretera a El Tigrito, no existía la avenida intercomunal, sólo había 2 precarias viviendas. Memoria contra el olvido.

En esa sala de matanzas laboró por espacio de 36 años. Excepto un año que estuvieron en un improvisado matadero en la vía el Caris (sector de Las 3 Vías), cuando la cerraron para una necesaria remodelación. En esa actividad se especializó como matarife. El proceso era el siguiente. Puñalada, desollaban, partían la res en 2 piezas, las pesaban, guindaban en un gancho, para que luego los distribuidores, las pasaran hasta las cavas debidamente preparadas con garfios y, proceder a repartirlas hasta las carnicerías, abastos y mercados públicos. Ese trabajo de matarife, reportaba Bs. 5 por animal beneficiado y colocado en el gancho. El corte de la puñalada, siempre lo apartaban y degustaban salcochada a la llanera – en el matadero había una improvisada hornilla de gas de un gasoducto de la petrolera. Una vieja perola, agua, sal, ajo, ají dulce, casabe y déle que son pasteles. Una delicia, que aderezada con un ron blanco, les daba fuerza, energía y arrestos para echarle ganas a tan ingrata labor. Alguien tiene que hacer ese ingrato trabajo.  
    
“El indio sute”, que nació el 10 de agosto de 1929, hoy padece una enfermedad en la piel. No tiene ingresos, se inscribió en la Misión “Amor Mayor”, en la Casa de la Cultura y hasta ahora nada de nada y, en razón de sus precarias condiciones económicas,  deambula de CDI en CDI, buscando sanación a sus males y, ahora recuerda con nostalgia,  que en  sus largos 36 años en el matadero municipal, conoció a muchos arrimadores de ganado. Alexis Coa, Francisco Suárez, Arturo Rodríguez, Urso Marcano, José María “Chaía” Lira, “Pepino negro” y “Pepino blanco”, Salvador Lanza, Domingo Micale, Pedro María “El Chino” Lira, Francisco Micale, Edgar José Salazar, “El negro” Martínez, “El manco” Arriojas” Gaspar Aguilar, con el cual se inició, Miguel Antonio “El negro” Salazar, como transportista de ganado, Cesar Medina, el hijo de don “Cervito” Medina, fundador del sector las Magnolias, Carmelo Polino, llamado cariñosamente “Pollino” A los arrimadores de cerdos, Ulises Colosanto, Domingo Carpio, Jesús Echeverría, Francisco “Perico” Torrealba, Adrián Marín, al señor que abría y cerraba el matadero (era el hombre de las llaves), Luís “Bachiller” González, posteriormente nombrado regidor. También, recuerda  a los funcionarios, que pegaban el sello de la sanidad a las reses beneficiadas, el Dr. Birriel, William Guevara, al “Flaco” Marcano y al Dr. Exenio Ojeda, entre otros. Todos personajes de la comunidad.

Entre los llamados regidores, conoció a don “Juancho” Rodríguez, el padre del sindicalista Francisco Rodríguez, Martín Bravo, Jesús “Chuito” Merchán y entre los compañeros de trabajo (matarifes y desolladores) a nadie por su nombre y apellido, casi todos por apodos (era una practica común colocarle mote a la gente), “Pedro Mosquito”, “Manaé”, “Manguera”, “Pichato”, el popular “Cuchi cuchi” “,Trino” “Los hermanos Grillo” “Maneto” Alfonso, Arturo Ramírez, Amado Alfonso, el dueño de la gallera “La espuela de oro” en la entrada del barrio Hernández Parés, estos últimos especialistas en el sacrificio de cerdos. La principal herramienta de trabajo en la sala de matanzas era y es un buen cuchillo, si es curvo mejor, bien afilado y una lima para mantenerlo de tal forma que corte un pelo en el aire.  Los cueros del ganado vacuno, los compraban, para ofrecerlos a las tenerías Domingo Micale, “El negro” Martínez,  Pedro María “El Chino” Lira Rondón, Cesar Medina, Adrián Marín, Alberto “Guacharaco” Lira. Una cadena de comercialización derivada del sacrificio de ganado. En ese tiempo, sólo se limpiaban mondongos y chinchurrias para los restaurantes. La mayoría de los trastes quedaban para los zamuros. Eran tiempo de bonanza económica.

Ramón Rafael Barrios, “El indio sute”,  salió del matadero por un problema que tuvo con un matarife llamado “Nene” Chacare, se dedicó al trabajo del campo un tiempo (cuidador de fincas). Tuvo que abandonar, lo atropello la vejez, la cual no le llegó sola, le sobrevino una enfermedad en la piel, que no le permite trabajar. En estos tiempos de revolución aspira y espera que alguna autoridad competente, le meta la mano ante su lamentable situación. No tiene para cubrir los gastos de alimentación y medicinas. También anhela que le aligeren la pensión de vejez. No olvidemos que la medicina se le administra al enfermo, en los muertos, no surte efecto. En todo caso, es un personajes que junto a las demás personas, sitios y funcionarios que nombramos en estos destellos, forman parte de nuestras historias urbanas y aspiramos que cuando nuestros ilustres cronistas, historiadores e investigadores del prolijo y bello pasado de esta pequeña urbe, que nació al calor de la industria petrolera, el 23 de febrero de 1933, decidan escribir la verdadera y autentica historia, los incluyan en el disco duro de nuestra memoria histórica. ¡Vale la pena!



 

1 comentario:

Ayruvi Graff-Moos dijo...

Hola Sr. Salazar mi nombre es Ayruvi, leí su artículo sobre William Guzman y usted menciona un caballero por el nombre de Ángel "Pelón" Aponte. Yo vivo en los Estados Unidos y creo que podría estar relacionado a mí, es posible que tienes información de contacto para el Sr. Aponte?